Reunión de los responsables de la migración de las Conferencias episcopales europeas

Estocolmo ha acogido del 13 al 15 de julio la Reunión anual de los obispos y delegados responsables de la pastoral de los migrantes, por invitación del cardenal Anders Arborelius OCD, Jefe de la Sección de Migración para la Pastoral Social, de la Comisión del Consejo de Conferencias Episcopales de Europa (CCEE).

La migración no es solo un problema económico, social, demográfico, cultural y político. Precisamente porque se ha convertido en un tema cada vez más politizado, comprendiendo los motivos que fuerzan las translaciones de personas a nivel global, la presencia de migrantes en las sociedades europeas y su necesaria  integración requiere de un adecuado tratamiento desde el ámbito de la comunicación.

Por tanto, ¿cómo podemos comunicar a la gente, informarles e inculcar a la vez una percepción correcta del fenómeno migratorio, sobre todo a los fieles católicos? ¿Qué herramientas se debe usar? ¿Cómo podemos hacer ver cuánto bien se está haciendo también en Europa a través de la Iglesia Católica? ¿Cómo luchar contra las numerosas «noticias falsas» que pueblan las redes sociales y alteran la realidad? Estas son las preguntas que han intentado responder los responsables de la pastoral de los migrantes de las Conferencias Episcopales en Europa, que se reunieron en la capital de Suecia ahora en julio.

El fenómeno de la migración dentro del continente europeo ha sido y es saludable para la fe, porque muchos cristianos que han venido de Europa del Este, Medio Oriente o África han mantenido y viven su fe en los países de acogida, a menudo caracterizados por una fuerte proceso de secularización. Por otro lado, la gestión incorrecta o la manipulación consciente del fenómeno migratorio a través de las redes sociales a menudo ha generado malentendidos, incluso actitudes hostiles en las comunidades de acogida. Esto es lo que el profesor José María La Porte, Decano, de la Facultad de Comunicación Social Institucional de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (Roma), ha abordado al tratar el tema “Inmigraciones y opinión pública: la dinámica de la información”.

De hecho, es fácilmente perceptible para todo el mundo como, en tiempos de crisis económica, la opinión pública aumenta ante los gobiernos nacionales su exigencia de que atiendan primero a sus propios ciudadanos en lugar de a los migrantes. Si en los debates de los medios, el fenómeno migratorio solo se aborda desde la perspectiva económica o política, el resultado es evidente: se olvida el derecho inalienable a la dignidad de cada persona humana. Además, los medios no siempre tratan el complejo fenómeno de la movilidad humana con la debida competencia. Por eso también la Iglesia apela a la responsabilidad de los medios de comunicación en su papel de contar la movilidad humana en sus tragedias pero también en su belleza y riqueza. En este sentido, para los responsables en Europa de la pastoral de las migraciones, estos días de trabajo han puesto de relieve la urgencia de vincular la comunicación en los medios de esta pastoral migratoria con una inversión en la formación de los periodistas y del uso de las redes sociales.

Con demasiada frecuencia, se da la tentación de usar, sin criterio, los conceptos prestados de otras instituciones, en otros ámbitos, como la política, la sociología o la economía, generando así más confusión y temor. Por el contrario, el contar de manera adecuada la movilidad humana parece un desafío urgente que requiere un compromiso permanente por parte de la Iglesia. Esto no siempre conlleva el aumento de intervenciones públicas o incrementar sus medios de comunicación, sino expresar de una manera simple pero clara los principios que subyacen a la actividad de la Iglesia, como la dignidad de cada persona. En este sentido, el testimonio de la Iglesia parecerá mucho más convincente si las diversas áreas pastorales a cargo del cuidado humano dan testimonio del mismo deseo de proteger a la persona. Uno no puede defender la vida, desde su concepción hasta su fin natural, y no defender la vida y la dignidad de los migrantes.

El sábado 14 de julio, los participantes se encontraron con representantes de Caritas Suecia, la Comisión Internacional de Migración Católica (ICMC) y la Sección de Migrantes y Refugiados del Dicasterio Vaticano para el Servicio Integral de Desarrollo Humano para tratar cómo la Iglesia debe usar los medios de comunicación para hablar sobre migraciones y también cómo la Iglesia debe formar e informar a sus fieles sobre el fenómeno de la migración.

En Europa, las Caritas nacionales han llevado a cabo las mismas campañas mediáticas en diversas redes sociales adaptadas a la especificidad de los contextos nacionales individuales. Esto es particularmente evidente en la campaña #whatishome cuyo objetivo es sensibilizar sobre el tema «hogar» y crear un compromiso entre ellos. Trabajar juntos, en colaboración con otros ámbitosde la sociedad civil, pero sin ambigüedad, puede ser importante para promover una cultura de encuentro y corregir la imagen errónea que difunden numerosas «noticias falsas» que circulan en la red. Junto con los representantes del Vaticano, se profundizó el rol educativo y evangelizador de las actividades del nuevo Dicasterio. La formación, la información a los fieles y la promoción de la colaboración entre las diversas realidades eclesiales que operan en el campo de la pastoral de los inmigrantes ocupan el centro de su misión. A través de diversas experiencias de colaboración, el dicasterio evidencia como es posible construir un relato positivo. Por su parte, la ICMC se compromete a promover, con diversos proyectos en todo el mundo, las pautas indicadas por el papa Francisco y resumidas en estas palabras «Para recibir, proteger, promover e integrar».

Todas las sesiones de trabajo han dedicado  tiempo al diálogo, lo que ha permitido el intercambio de experiencias que ayudan a mostrar al mundo lo que la Iglesia hace y piensa sobre las migraciones, y ha servido para identificar algunos retos de comunicación de la Iglesia en el campo de la migración tanto dentro como fuera de la comunidad cristiana.

En sus conclusiones, el obispo Duarte da Cunha, secretario general de CCEE, y el padre Luis Okulik, secretario de la Comisión Pastoral Social de CCEE, subrayaron la importancia de comunicar la belleza que encierra la Iglesia; la necesidad de un uso apropiado del lenguaje cuando se habla de movilidad humana; el tratar adecuadamente sucesos individuales, a menudo sacados fuera de contexto; y contrarrestar el relato fácil, potenciando antes que nada el encuentro con el otro, amándolo no en abstracto, sino en lo concreto de la vida cotidiana. En el campo de la migración, las obras tienen más poder que muchas palabras, a menudo inadecuadas para dar cuenta del drama y la soledad experimentados por tanta gente lejos de su tierra natal.

Los momentos de reflexión, la celebración diaria de la Eucaristía y la oración permitieron ahondar desde el corazón en los problemas y los sufrimientos, no solo de los numerosos inmigrantes que vienen de más allá de las fronteras del continente, especialmente de los cristianos perseguidos en Medio Oriente y África, sino también, y especialmente, de los numerosos ucranianos desplazados u obligados a emigrar de su país por el drama de la guerra. A pesar de sus muchas dificultades, la Iglesia les agradece su testimonio al vivir el Evangelio de Cristo y anunciarlo en su tierra de acogida.

Durante la reunión, los participantes pudieron conocer y apreciar la hospitalidad de varias comunidades de migrantes, provenientes de Medio Oriente y América Latina, presentes en la diócesis.

El encuentro terminó en la mañana del domingo 15 de julio con la celebración de la Misa en presencia de las comunidades de inmigrantes en la Iglesia de Santa Eugenia en Estocolmo y una visita a la Abadía de Santa Brígida en Vadstena.

 

 

 

 

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