De vacaciones como Él

Mons. Agustí Cortés             Desde aquí invitamos a vivir unas vacaciones con una presencia más consciente y viva de Jesús en la vida cotidiana. Para muchos esta invitación puede resultar fuera de lugar, como algo extemporáneo. ¿Qué tendrá que ver la relación de Jesús con lo que uno espera de las vacaciones? La imagen atractiva, propia de las vacaciones, puede ser la de uno mismo tomándose un refresco al borde de una piscina, o bailando, o sentado con los amigos delante de una mesa bien nutrida de sabrosas viandas, o participando en una fiesta, o disfrutando de un tiempo totalmente vacío sin sujeción alguna al reloj, o contemplando un bello paisaje…

Muchos tienen bien merecida esta vida cotidiana vacacional. No faltaba más. No pretendemos eliminar esta experiencia, antes al contrario, lo que proponemos es enriquecerla. ¿Cómo? ¿Añadiendo más elementos estimulantes? No exactamente.

Lo que proponemos es que toda esa vida, esa experiencia peculiar vacacional, esté impregnada de la presencia viva de Jesús. ¿Por qué no? ¿Acaso la presencia de Jesús resta alegría a lo que humanamente la provoca? ¿Todavía seguimos creyendo que la vida de fe, la vivencia religiosa cristiana incluye siempre seriedad, tristeza, dolor, temor…? No. Seguramente a estas alturas, después de tantos testimonios y de una enseñanza más fiel al Evangelio, poca gente pensará así. Pero sí es más frecuente encontrar la separación, el distanciamiento, entre lo que podemos llamar “la alegría humana”, los momentos humanamente satisfactorios, y la alegría de la fe. En definitiva, pensar y actuar como si, en el fondo, para disfrutar como persona humana (como es el caso de las vacaciones) uno tenga que dejar de lado la vida religiosa cristiana (por ejemplo, la oración).

Pensar así es casi una ofensa a Jesucristo. Al menos sería desconocer gran parte de su vida. No nos consta que en tiempo de Jesús hubiera vacaciones… Pero, ¿alguien puede negar la participación de Jesús en las fiestas judías, especialmente en las comidas, incluidas las no rituales, cuyo significado era tan señalado para sus contemporáneos? Es verdad que en la vida cotidiana judía de entonces difícilmente se podía separar lo sagrado y lo profano. Pero la alegría, el canto, la risa, de aquellas fiestas eran realmente humanas y nadie pretendía reprimir sus manifestaciones más espontáneas y genuinas.

Más aún. Jesús utilizó con mucha frecuencia aquella alegría de las fiestas y banquetes para explicar aquel “mucho más” de la alegría que habrá en la fiesta eterna del Reino de los Cielos.

Hemos de añadir un hecho sorprendente, que la costumbre nos hace pasar por alto. El Evangelio de san Lucas deja constancia de que Jesús no sólo suponía que sus discípulos iban a fiestas sino que, tanto si eran invitados como si ellos mismos las organizaban, debían seguir una determinada conducta moral: ocupar el último puesto, invitar a los pobres que no pueden pagar… (cf. Lc 14,8.13). El banquete, además, tenía todo el significado de expresión del gozo por el reencuentro, por ejemplo con el hijo perdido… (Lc 15,23)

Siempre la fe ha purificado, transformado y elevado lo humano. También las vacaciones, el descanso, la alegría y la fiesta. Jesucristo es la plenitud de todo lo humano.

 

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.