“Tú eres el Mesías de Dios»: confesión de fe

Card. Antonio Cañizares              La semana pasada me he visto inmerso en varios acontecimientos de fe: la peregrinación diocesana mariana al Santuario de Nuestra Señora de Fátima y otros lugares marianos, culminada con la consagración de nuestra Diócesis y España a la Virgen María. Posteriormente he asistido al Consistorio de la creación de diez nuevos cardenales, dos de ellos españoles, y la imposición del Palio Arzobispal a 26 nuevos Arzobispos de todo el mundo. Todo ello manifestación y expresión de la comunión en la misma fe en la que nos confirma y une el sucesor de Pedro, el Papa Francisco. El domingo pasado era una invitación a la fe en Jesús que salva. Leemos en la Carta de San Pablo a los Gálatas: Todos sois hijos de Dios, por la fe en Cristo Jesús.
¿Quién es Cristo? Esa es la gran cuestión. ¿Quién dice la gente que es Jesús? Hoy como entonces en tiempos de Jesús, se dan infinidad de respuestas: un maestro de moral, el fundador de una nueva religión, un líder de valores, de grandes valores que enseñó, un gran hombre, un personaje del pasado que nos enseñó a amarnos. Pero eso no basta ni esto nos salva, ni nos devuelve a nuestra gran dignidad y grandeza: la de ser hijos de Dios en Él y con Él.
Por eso, Jesús se dirige a nosotros, sus discípulos cristianos, y nos pregunta: ¿quién decís vosotros que soy Yo? ¿Quién decimos que es Jesús? Sólo hay una respuesta: la que da Pedro el que nos confirma en la fe que viene de lo alto, por revelación de Dios: “Tú eres el Mesías de Dios”, el Enviado de Dios, el Ungido de Dios, el Hijo de Dios vivo.

Es el Mesías, salvador al que el pueblo de Israel esperaba. Un día llegan a Jesús los discípulos de Juan el Bautista, que esperaba, y recogiendo las esperanzas del pueblo elegido por Dios, preguntan: “¿Eres Tú el que ha de venir o hemos de esperar a otro?”. Jesús responde: “Id y contad lo que estáis viendo y oyendo… Dichoso el que no se escandaliza de mí”. Lo que dijo Jesús de sí mismo ante los escépticos paisanos de Nazaret: “El Espíritu del Señor está sobre mí, porque Él me ha ungido y enviado a sanar los corazones desgarrados…”. Y en otra ocasión dirá “Tuve hambre y me diste de comer…”, y en otro momento aparecerá comiendo con los pecadores y publicanos, perdonando, y eso sí que escandaliza.

Como escandaliza lo que se lee en el Evangelio: “El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, los bien pensantes, los hombres de la oficialidad del pueblo elegido, como cuando sentado a la mesa amarga de los pecadores le criticaban, o como en el evangelio de la mujer pecadora, el fariseo Simón decía, “si supiera éste quién es esta mujer”. No tenían idea del Mesías de Dios, del rostro humano de Dios, de Dios mismo que es bondad suprema, amor sin límite, misericordia y compasión. Ese es Cristo, el de la cruz, el que se despoja de su rango y se rebaja hasta lo último, el que trae la buena noticia a los pobres, y liberta a los esclavos, el que nos hace hijos de Dios, hermanos unos de otros. Ése es el Cristo, el Hijo de Dios. No hay otra respuesta.
Pero creer esto, ser, por la fe y el bautismo, hijo de Dios conlleva negarse a sí mismo, cargar con la cruz de cada día, seguir a Jesús, irse con Él y tras de Él.

Hoy el mundo pide que digamos la verdad de nuestra fe: no creemos en un personaje del pasado, en un fantasma, en una idea, en un conjunto de valores e ideales, esa es la trampa. Creemos en el Hijo de Dios hecho hombre, que se rebajó hasta la muerte y una muerte tan ignominiosa e infamante, como la muerte en Cruz como un condenado, condenado por el error porque no le conocen o el odio que ignora al otro y lo aplasta y lo mata o trata de matarlo. Pero no saben que ha vencido y que vive vencedor, porque el Amor y la Vida, que es Dios, no perecen.

La fe en Jesús, el Hijo de Dios vivo, el Mesías de Dios, que ha venido a evangelizar a los pobres y amenazados, es lo que da sentido y esperanza a lo que estamos viviendo aquí los creyentes en Él, pero también en otras partes del mundo donde existe la persecución y la negación de Dios o caminar de espaldas, en dirección contraria a Dios.

Cristo es nuestra esperanza: ¿A dónde podemos ir? No tenemos otro Nombre en el que haya salvación. “Lo que tengo te doy” dice Pedro al paralítico que pedía a la puerta del templo: “En nombre de Jesús Nazareno, levántate y anda”. El paralítico tomó la camilla y se puso a andar. Eso es lo que la Iglesia, presidida por el sucesor de Pedro, ofrece.

Es urgentísimo que los cristianos ofrezcamos y avivemos hoy nuestra fe y respondamos con nuestras palabras y con nuestra vida diciendo la verdad de lo que decimos que es Él: El Hijo de Dios venido en carne, el Mesías de Dios a quien esperan y buscan, por ejemplo en el Santuario de Fátima y a otros lugares marianos los pobres y afligidos, los que esperan un mundo de hombres y mujeres libres, sin diferencias ni oposiciones, hermanos de verdad, que anticipen en una nueva civilización del amor y en una nueva cultura de la vida que vislumbre, haga ya realidad el triunfo del mesías de Dios sobre la mentira, el odio y la muerte, para que el mundo deje su parálisis, se ponga en pie y camine en esperanza hacia el futuro.

Que la Santísima Virgen, a quien tanto queremos como demostramos una vez más el jueves pasado, nos acompañe y que nos dejemos ayudar por Ella, Madre del Mesías de Dios, Jesucristo, Hijo de Dios vivo venido en carne para nuestra redención y salvación.

+ Card. Antonio Cañizares

Arzobispo de Valencia

Card. Antonio Canizares
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Emmo. y Rvmo. Sr. Antonio CAÑIZARES LLOVERA El Cardenal Antonio Cañizares, nombrado el 28 de agosto de 2014 por el papa Francisco arzobispo de Valencia, nació en la localidad valenciana de Utiel el 15 de octubre de 1945. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano de Valencia y en la Universidad Pontificia de Salamanca, en la que obtuvo el doctorado en Teología, con especialidad en Catequética. Fue ordenado sacerdote el 21 de junio de 1970. Los primeros años de su ministerio sacerdotal los desarrolló en Valencia. Después se trasladó a Madrid donde se dedicó especialmente a la docencia. Fue profesor de Teología de la Palabra en la Universidad Pontificia de Salamanca, entre 1972 y 1992; profesor de Teología Fundamental en el Seminario Conciliar de Madrid, entre 1974 y 1992; y profesor, desde 1975, del Instituto Superior de Ciencias Religiosas y Catequesis, del que también fue director, entre 1978 y 1986. Ese año, el Instituto pasó a denominarse «San Dámaso» y el Cardenal Cañizares continuó siendo su máximo responsable, hasta 1992. Además, fue coadjutor de la parroquia de "San Gerardo", de Madrid, entre 1973 y 1992. Entre 1985 y 1992 fue director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe de la Conferencia Episcopal Española. Creado Cardenal en marzo de 2006 El papa Juan Pablo II le nombró Obispo de Ávila el 6 de marzo de 1992. Recibió la ordenación episcopal el 25 de abril de ese mismo año. El 1 de febrero de 1997 tomó posesión de la diócesis de Granada. Entre enero y octubre de 1998 fue Administrador Apostólico de la diócesis de Cartagena. El 24 de octubre de 2002 fue nombrado Arzobispo de Toledo, sede de la que tomó posesión el 15 de diciembre de ese mismo año. Fue creado Cardenal por el Papa Benedicto XVI en el Consistorio Ordinario Público, el primero de su Pontificado, el 24 de marzo de 2006. Cargos desempeñados en la CEE y en la Santa Sede En la Conferencia Episcopal Española ha sido vicepresidente (2005-2008), miembro del Comité Ejecutivo (2005-2008), miembro de la Comisión Permanente (1999-2008), presidente de la Subcomisión Episcopal de Universidades (1996-1999) y de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis (1999-2005). El Papa Juan Pablo II lo nombró miembro de la Congregación para la Doctrina de la Fe el 10 de noviembre de 1995. El 6 de mayo de 2006, el Papa Benedicto XVI le asignó esta misma Congregación, ya como Cardenal. También como Cardenal, el Papa le nombró, el 8 de abril de 2006, miembro de la Comisión Pontificia “Ecclesia Dei”. El Cardenal Cañizares ha sido fundador y primer Presidente de la Asociación Española de Catequetas, miembro del Equipo Europeo de Catequesis y director de la revista Teología y Catequesis. Es miembro de la Real Academia de la Historia desde el 24 de febrero de 2008. Igualmente, el Papa nombró al Cardenal Cañizares Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos en diciembre de 2008. De otro lado, el cardenal fue nombrado en 2010 “Doctor Honoris Causa” por la Universidad Católica de Valencia “San Vicente Mártir” (UCV) Nombrado Arzobispo de Valencia el 28 de agosto de 2014. Tomó posesión de la Archidiócesis el 4 de octubre de 2014