La verdadera juventud os la entrega Jesucristo en la Iglesia

Card. Carlos Osoro             Siempre me ha impresionado el discurso del beato Pablo VI en la apertura de la segunda sesión del Concilio Vaticano II, el día 29 de septiembre de 1963, cuando decía: «¿Acaso no dijo Jesús a sus discípulos: “Yo soy la vid verdadera y mi Padre el labrador. Todo sarmiento que no dé fruto lo cortará y todo el que dé fruto lo podará para que produzca más”? (Jn 15, 1-2). Estas palabras muestran bien a las claras los capítulos principales de la perfección que desea y busca hoy día la Iglesia. El primero se refiere a la vitalidad interior y exterior: en efecto, a un Cristo vivo le corresponde una Iglesia viva […]. Debemos desear siempre una Iglesia del amor si queremos que tenga capacidad de renovarse profundamente y de renovar el mundo […], una característica de este Concilio es el amor: un amor tan grande y tan apasionado que piensa más en el bien de los demás que en el suyo propio. ¡Es el amor universal de Cristo!».

Recuerdo estas palabras ahora que la Secretaría General del Sínodo de los obispos nos ha dado a conocer el Instrumentum Laboris para preparar la asamblea sobre los jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional. El documento enlaza con la llamada que hacían los padres conciliares a los jóvenes ya al final de sus trabajos: «La Iglesia os mira con confianza y con amor, […] ella es la verdadera juventud del mundo […]. Posee lo que constituye la fuerza y el encanto de los jóvenes […]. Miradla y encontraréis en ella el rostro de Cristo, el verdadero héroe, humilde y sabio; el profeta de la verdad y del amor, el compañero y el amigo de los jóvenes».

En el documento preparatorio se hace un recorrido que empieza por decir a los jóvenes que «la Iglesia está en escucha de la realidad»: se preocupa por ellos en la situación en la que estén, por sus modos de comunicarse y sus experiencias más fundamentales, por cómo les afecta la cultura del descarte, por los desafíos antropológicos y culturales en todos los aspectos de su vida (afectividad, sexualidad, opciones vitales, búsqueda de la verdad…). Y ahí desea aportar una interpretación de la realidad de los jóvenes desde la fe y el discernimiento vocacional, presentando a un «Cristo joven entre los jóvenes» y que nos llama a la alegría del amor, que nos fortalece y engendra coraje para arriesgar y tener esperanza en tiempos de incertidumbres y miedos.

Hay una Iglesia siempre disponible, como Cristo, para escuchar a los jóvenes y acompañarlos. Con fuerza y con verdad desea y quiere proponerles «caminos de conversión pastoral y misionera». Quiere ayudarlos a que, desde el discernimiento y el acompañamiento, descubran qué quiere Jesús de ellos; al tiempo que les da a conocer la idea clara y evangélica de la comunidad cristiana, les ayuda a descubrir lo que es la escucha y diálogo con el Señor, la escucha de la Palabra, y les da el protagonismo que deben tener en su misión.

Algo parecido hemos hecho en Madrid con el Parlamento de la Juventud. Los jóvenes han manifestado, de manera profunda, valiente y generosa, sus inquietudes y anhelos. He podido comprobar su capacidad para hablar y compartir en las diferencias y he descubierto una dinámica en línea con el proceso de discernimiento que el Papa nos propone en la Evangelii gaudium:

1. Reconocer: ¡qué buena ha sido la convivencia que habéis tenido en los parlamentos! Como me decían algunos de vuestros representantes el otro día, «unos íbamos con el Catecismo debajo del brazo para juzgar a los que nos parecía que estaban fuera de la doctrina, otros con prejuicios diversos, pero al final hubo humildad, proximidad y empatía para ver juntos cuáles son nuestras alegrías, tristezas y angustias». Os animo siempre, ya lo sabéis a través de mis catequesis mensuales, a descubrir en la Cruz la medida infinita del amor de Cristo. Reconoceos para renovar y fortalecer la experiencia del encuentro con Cristo muerto y resucitado por nosotros. Dejaos invadir de la fuerza del amor y sabiduría de Cristo, os hará ver vuestra realidad sin miedos y os dará fuerza para afrontarla.

2. Interpretar: aquí encontraréis lo que significa ser joven; descubrid la llamada que el Señor nos hace a cada uno. Qué fuerza tiene volver a lo que se ha reconocido utilizando unos criterios de interpretación y evaluación a partir de esa mirada que da la fe. Id y mirad toda vuestra vida siguiendo las huellas de Cristo. Él es meta, camino y nos da una versión de todo lo que acontece en nuestra vida nueva. No es un camino incierto que no tiene destino fijo, es un camino que nos hace ver el significado profundo de la vida humana y de toda la historia. Os lo aseguro, los jóvenes de hoy necesitan descubrir la vida nueva que viene de Dios, saciarse de esa verdad que buscan incansablemente, que tiene su fuente en Cristo y que la Iglesia ha recibido como un tesoro para todos los hombres.

3. Elegir: cuando hayamos acogido la vocación, veremos con claridad los pasos que el Espíritu nos llama a realizar, qué dirección hemos de tomar para responder a la llamada que nos hace el Señor. Qué hondura alcanza la vida cuando nos convertimos en servidores de la misión de Jesucristo de la manera que el Señor nos pide. Lo importante es ponernos en camino con la fascinación que Cristo nos da, impulsados por el deseo de ser testigos valientes, sabiendo que es empresa arriesgada y que por eso necesitamos de su gracia y de su amor.

En este Año Jubilar Mariano que acabamos de abrir de nuestra archidiócesis de Madrid, os invito a los jóvenes a mirar como María al Señor, tomadlo como criterio de medida. Quien se entrega, se encuentra a sí mismo. Lo resume bien san Ignacio: «Tomad, Señor, y recibid toda mi libertad, mi memoria, mi entendimiento y toda mi voluntad, todo mi haber y poseer. Vos me lo disteis, a Vos, Señor, lo torno; todo es vuestro, disponed a toda vuestra voluntad; dadme vuestro amor y gracia, que esta me basta».

Con gran afecto, os bendice:

+Carlos Card. Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.