Jornada de responsabilidad en el tráfico

Mons. Francesc Pardo i Artigas           Este domingo celebramos la Jornada de responsabilidad en el tráfico, dicha jornada requiere alguna reflexión.

Cabe recordar que, en nuestro Obispado de Girona, la Delegación de Pastoral del Tráfico lleva a cabo su gran labor a lo largo de todo el año intentando educarnos en la responsabilidad que a todos nos afecta. El trabajo que se solicita a las escuelas, la organización de cursos de seguridad vial, encuentros con familiares de las víctimas de accidentes, planificación de jornadas con ellas y la jornada que hoy nos ocupa son muestra de dicha labor.

 

¿Cuáles son las finalidades de esta Jornada?

– Afirmar que nuestro Dios es un Dios de vida y que no ama la muerte. Cuando se produce un accidente me he encontrado con frecuencia, que se atribuye  “la culpa” a Dios: ¿por qué lo permite? Precisamente su oferta de salvación es la vida para siempre y en plenitud. No desea el accidente, no quiere la muerte… Es el Dios de vida, y precisamente, a causa de nuestra fragilidad nos hace amar la vida, y cuando la muerte es irreversible nos promete la vida eterna.

–  Ayudarnos a escuchar aquella pregunta de Dios: “¿Qué has hecho de tu hermano?” Es decir, ¿qué estás haciendo de tu hermano que conduce, que encuentras en la carretera o que circula por la calle?

–  Nos urge pedir a Dios el don de la prudencia para no poner en peligro la propia vida y la de los demás. Al mismo tiempo, también es importante el don de la obediencia a unas leyes, a unas normas, para garantizar la seguridad en la circulación, y la abstinencia en el consumo de productos que debilitan las capacidades de reacción.

–  Redescubrir que el mandamiento del amor a los demás se ha tener siempre presente, también cuando conducimos un vehículo, sea el que sea, o cuando circulamos por la calle. No puedo pensar únicamente en mi propio “yo”. Debemos pensar en los demás. Debemos descubrir que significar “amar” cuando circulamos con o sin vehículo.

– No olvidemos tampoco que amar, aplicado a nuestra conducta de conducción, exige sobre todo respeto a las personas y a su derecho a la vida, evitar competiciones de todo tipo y, también, perdonar cuando alguien no actúa correctamente, superando el deseo a responder de la misma forma.

– Redescubrir que el amor a los demás, cuando conducimos una máquina, sea la que sea, exige las virtudes de la obediencia a unas normas de circulación, prudencia, autocontrol y abstinencia en el consumo de productos que impiden una buena conducción. Virtudes a vivir también cuando somos  peatones.

– La plegaria y la gratitud a todos los responsables de asegurar la organización del tráfico, su seguridad y la asistencia, si es necesaria. Es de justicia reconocer y agradecer el servicio de los agentes de tráfico, policía autonómica y policías locales; y también el de los agentes asistenciales: bomberos y profesionales sanitarios.

–  Acompañar a las familias que viven el sufrimiento de algún muerto o herido en accidentes de tráfico.

–  La Jornada nos invita a orar por los accidentados y por cuantos han muerto, ya que es el mejor de los recuerdos que podemos ofrecer.

– Y velar para que nuestras calles, carreteras y autopistas no sean caminos de muerte, sino de tráfico seguro hacia encuentros familiares, puestos de trabajo, o momentos de diversión, visitas, vacaciones…

¡Seamos responsables siempre cuando conducimos, seamos acompañantes o peatones!

 

Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.