Una nueva cultura de la vida humana

Mons. Àngel Saiz Meneses              Decíamos la semana pasada que acoger y servir la vida es una obligación de todos y se ha de practicar sobre todo con la vida que se encuentra en condiciones de mayor vulnerabilidad, en particular la vida del no nato y en la enfermedad y la vejez. Dicha acogida y servicio comportan también el compromiso de consolidar una nueva cultura de la vida que defienda y promueva la vida de todos, que afronte y de respuesta a las dificultades que vayan surgiendo, que sea asumida con una convicción firme por todos los cristianos, y finalmente, que suscite un encuentro cultural serio con las distintas instancias de la sociedad. Este cambio cultural es urgente en el contexto social y político actual aunque su motivación última se encuentra en la misión evangelizadora de la Iglesia.

La cultura de la vida se construye con unos pilares sólidos. En primer lugar, la familia, verdadero santuario de la vida, el ámbito donde mejor puede ser acogida y donde puede ser protegida de la manera más adecuada ante los diferentes ataques a que está expuesta; la familia es el entorno en el que puede desarrollarse la vida según las exigencias de un crecimiento humano integral. En segundo lugar, hay que formar la conciencia moral de las personas de manera que adquieran un sentido crítico, capaz de discernir los verdaderos valores y exigencias. Para ello es preciso comenzar por la renovación de la cultura de la vida dentro de las mismas comunidades cristianas de modo que se evite caer en el subjetivismo moral que separa la fe cristiana de sus exigencias éticas con respecto a la vida.

Esta formación de la conciencia moral es el primer paso para llevar a cabo esa renovación cultural. Para ello es muy importante redescubrir el nexo entre la vida y la libertad; no hay libertad verdadera donde no se acoge y ama la vida, y no hay vida plena sino desde la libertad. También es decisivo en la formación de la conciencia el descubrimiento del vínculo entre la libertad y la verdad. San Juan Pablo II recordó en diferentes ocasiones que separar la libertad de la verdad objetiva hace imposible fundamentar los derechos de la persona sobre una sólida base racional y a la vez facilita el camino de los totalitarismos. Es también esencial que el ser humano reconozca su condición de criatura, que recibe de Dios la vida como don y tarea. Sólo admitiendo esta dependencia innata en su ser, puede desarrollar plenamente su libertad y su vida y, al mismo tiempo, respetar la vida y libertad de las demás personas. Cuando se niega a Dios y se vive como si no existiera, cuando no se tienen en cuenta sus mandamientos, se acaba por negar también la dignidad de la persona humana.

La renovación cultural nos exige revisar la escala de valores y asumir un nuevo estilo de vida en todos los niveles. Hay que recuperar y vivir la primacía del ser sobre el tener, de la persona sobre las cosas. Este nuevo estilo de vida implica también pasar de la indiferencia por el otro al interés solidario, y del descarte a su acogida. Las demás personas no son adversarios o enemigos de quienes hay que defenderse, sino hermanos y hermanas con quienes hemos de ser solidarios. Que el Señor nos conceda a todos acoger el Evangelio de la vida, celebrarlo con alegría, testimoniarlo con valor, y poder construir entre todos la civilización de la verdad y del amor.

 

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.