Pasión por la Misión

Mons. Carlos Escribano             Queridos hermanos sacerdotes:           Tengo que agradecer la acogida y los esfuerzos que, a lo largo del curso que termina, se han dado a la iniciativa de llevar a cabo en nuestra diócesis una Misión diocesana. Son muchos los encuentros de los distintos grupos eclesiales en los que se ha ido reflexionando sobre la necesidad de afrontar este momento que nos toca vivir desde un nuevo impulso evangelizador. Así se ha hecho en los consejos diocesanos presbiteral y de pastoral y en muchos grupos y consejos parroquiales, arciprestazgos, delegaciones, secretariados, congregaciones religiosas, movimientos, asociaciones y cofradías. Os doy las gracias por tanto esfuerzo, que nos ha permitido situarnos ante el reto que tenemos delante y asumir el hecho de que la Misión diocesana puede ser un camino posible para dar respuestas.

Es cierto también que desde el principio se vio la dificultad de poner en marcha esta iniciativa. Por ello, se van dando pasos despacio. Este camino que estamos iniciando exige oración, reflexión y trabajo, para poder dar con seguridad los pasos necesarios que nos lleven a madurar los contenidos de la Misión en nuestra Iglesia diocesana.

En este primer curso, en el fondo, lo que solicitábamos es que del fruto de nuestra reflexión obtuviésemos un “sí a la Misión” para sentirnos corresponsables de esta tarea que tenemos por delante. Creo que hay una gran unanimidad, percibiéndose una respuesta positiva, expectante e ilusionada. Es verdad que aún queda mucho por hacer.

Es bueno recordarlo. La Misión diocesana es un medio, no un fin en sí misma. Lo que pretendemos, en estos cinco años de trabajo, es trasformar nuestra Iglesia diocesana para que sea más eficaz a la hora de llevar adelante la tarea que el Señor nos ha encomendado: “Id al mundo entero y predicad el Evangelio…” (Mc 16, 15).

En este contexto se circunscribe el segundo momento que vamos a desarrollar en el próximo curso y que vendría marcado por dar dos pasos necesarios: ir definiendo el cómo de la Misión e ir ayudando a tomar conciencia a quienes deben ser los auténticos protagonistas de la misma, los discípulos misioneros. Creo que es necesario no quemar etapas, ir poco a poco, para que los pasos que podamos dar sean firmes y vayan, por un lado, calando en nuestra gente y, por otro, afianzando estrategias de futuro para que sean muchos los frutos que realmente se obtengan de nuestra Misión diocesana.

Es por ello por lo que, en un primer momento, tenemos que hacer un llamamiento a nuestra gente, para que tome conciencia de que la necesitamos para esta ingente tarea. Con ellos, y solo con ellos, podremos llevar adelante de manera efectiva la Misión diocesana. En este primer momento motivaríamos a nuestra gente para que descubra que estamos en Misión y que su papel es fundamental para que podamos ser realmente efectivos en los próximos años. Nuestra esperanza: que el Señor nos antecede, que Él ama a su pueblo y va por delante en esta nuestra conversión pastoral.

Para intentar crear conciencia de esta cuestión, se propone lanzar la Misión en el comienzo de curso. Para ello se ha diseñado una misma acción en dos momentos distintos.  El primero sería el acto de presentación a la sociedad riojana de nuestra Misión, el día 9 de noviembre.

El segundo sería una celebración multitudinaria en Logroño, el sábado 17 de noviembre. Para este segundo momento os pido vuestro apoyo e implicación. Se trataría de poder realizar una celebración eucarística en un espacio público de Logroño, acompañados de las imágenes devocionales más significativas de nuestra diócesis. Al terminar la misma se realizaría el envío misionero de nuestras gentes que, precedidas por nuestros patronos, volverían a sus lugares de origen, expresando el sentir de ser enviados a evangelizar este momento de la historia allí donde nos encontramos. Recibimos la fe de nuestros mayores y, sabiendo que el Señor va por delante, nos decidimos a proponer acciones misioneras en los próximos años dentro de nuestra querida tierra de La Rioja.

Este momento celebrativo se enmarcaría deliberadamente en el primer escenario al que hacía referencia en mi Carta Pastoral. Es un acto pensado para la gente de nuestras parroquias y comunidades: ¡Qué importante sería que todos nos sintiésemos protagonistas de esta Misión que estamos comenzando!

Una vez lanzada la Misión y, con la ayuda de los discípulos misioneros que quieran colaborar, seguiremos diseñando juntos acciones misioneras que sigan haciendo crecer a los creyentes, acompañando a los alejados y acogiendo a los ausentes.

Pido a la Virgen de Valvanera, nuestra Patrona, que nos ayude a vivir con alegría, responsabilidad y compromiso esta Misión diocesana.

Con mi afecto y bendición:

+Carlos Escribano Subías

Obispo de Calahorra y La Calzada-Logroño

Mons. Carlos Escribano Subías
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Monseñor Carlos Manuel Escribano Subías nació el 15 de agosto de 1964 en Carballo (La Coruña), donde residían sus padres por motivos de trabajo. Su infancia y juventud transcurrieron en Monzón (Huesca). Diplomado en Ciencias Empresariales, trabajó varios años en empresas de Monzón. Más tarde fue seminarista de la diócesis de Lérida -a la que perteneció Monzón hasta 1995-, y fue enviado por su obispo al Seminario Internacional Bidasoa (Pamplona). Posteriormente, obtuvo la Licenciatura en Teología Moral en la Universidad Gregoriana de Roma (1996). Ordenado sacerdote en Zaragoza el 14 de julio de 1996 por monseñor Elías Yanes, ha desempeñado su ministerio en las parroquias de Santa Engracia (como vicario parroquial, 1996-2000, y como párroco, 2008-2010) y del Sagrado Corazón de Jesús (2000-2008), en dicha ciudad. En la diócesis de Zaragoza ha ejercido de arcipreste del arciprestazgo de Santa Engracia (1998-2005) y Vicario Episcopal de la Vicaría I (2005-2010). Como tal ha sido miembro de los Consejos Pastoral y Presbiteral Diocesanos. Además, ha sido Consiliario del Movimiento Familiar Cristiano (2003-2010), de la Delegación Episcopal de Familia y Vida (2006-2010) y de la Asociación Católica de Propagandistas (2007-2010). Ha impartido clases de Teología Moral en el Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón desde el año 2005 y conferencias sobre Pastoral Familiar en diferentes lugares de España. Finalmente, ha formado parte del Patronato de la Universidad San Jorge (2006-2008) y de la Fundación San Valero (2008-2010). Benedicto XVI le nombró obispo de Teruel y de Albarracín el 20 de julio de 2010, sucediendo a monseñor José Manuel Lorca Planes, nombrado Obispo de Cartagena en julio de 2009. Ordenado como Obispo de Teruel y de Albarracín el 26 de septiembre de 2010 en la S. I. Catedral de Teruel.