Al ritmo del Sagrado Corazón de Jesús

Card. Carlos Osoro           Este mes hemos celebrado la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús, que nos alienta a que nos acerquemos a Jesucristo y descubramos lo que Él quiere de nosotros. Es en su Corazón, lleno de misericordia, donde encontramos esa fuente inagotable de la que podemos sacar el agua que necesitemos para abrevar nuestra sed. Su Corazón es un manantial que contiene el agua de la vida, con capacidad para eliminar cualquier situación de desierto en nuestra existencia, y hacer que siempre esté presente en nosotros la esperanza.

San Juan Pablo II escribió así: «Junto al Corazón de Cristo, el corazón del hombre aprende a conocer el sentido verdadero y único de su vida y de su destino, a comprender el valor de una vida auténticamente cristiana, a evitar ciertas perversiones del corazón humano, a unir el amor filial hacia Dios con el amor al prójimo. Así –y esta es la verdadera reparación pedida por el Corazón del Salvador– sobre las ruinas acumuladas por el odio y la violencia, se podrá construir la civilización del Corazón de Cristo» (Carta al prepósito general de la Compañía de Jesús, 5-10-1986).

Si queremos dar hondura y sabiduría a la vida de todos los hombres, dar respuesta a sus interrogantes más profundos, hemos de acercarnos al Corazón de Jesucristo; si deseamos transformar las relaciones entre los hombres para que pasen del egoísmo a la generosidad, del vivir para uno mismo a vivir para los demás, hemos de acercarnos a Jesucristo; si queremos eliminar todas las perversiones que amenazan la vida humana, si queremos que los hombres descubran los fundamentos profundos de sus vidas, acerquémonos al Corazón de Jesucristo.

Al dirigir la mirada a la Cruz de nuestro Redentor, vemos la manifestación del amor más grande: Él cargó con todos los pecados por nosotros, por mí. Sí, Él hizo eso por nosotros y nos entregó la salvación, nos sacó de la esclavitud y nos llevó a vivir en la libertad de los hijos de Dios, ¿cómo no voy, por lo menos, a abrir mi vida a su amor?

De este amor está necesitado nuestro mundo. Nosotros sabemos, por experiencia personal, las transformaciones que ese amor hace en nuestras vidas y en la de los demás, y lo que hace ese amor manifestado a través de nosotros en los que nos rodean. Cuando dejamos que el amor de Dios modele nuestra vida, nos hace vivir una relación intensa con Él, nos hace mantener una comunión viva con Jesucristo, nos hace salir de nosotros mismos para estar siempre en el Señor; al tiempo que nos hace vivir una relación intensa con los demás. Porque, en la medida que nos hacemos más capaces de abandonarnos al amor salvífico y misericordioso de Dios, nos comprometemos más y más en su obra de salvación convirtiéndonos en sus instrumentos.

Cuando nos dejamos contagiar por el ritmo del Corazón de Jesús, cuando conseguimos que el nuestro palpite al unísono, los males del materialismo, el consumismo y el secularismo quedan rotos, malparados y aniquilados. Los hombres y mujeres con el dinamismo del corazón de Cristo transforman este mundo. Y de esta forma debiéramos ser todos los cristianos. Tener el corazón de Cristo es el diseño que hemos de pedirle para nuestra vida: «Haz, Señor Dios mío, que me acuerde de ti, que te comprenda y que te ame. Acrecienta en mí estos dones hasta que me reformes por completo» (De Trinitate, san Agustín).

Tenemos la tarea de anunciar que «el Reino de Dios está cerca» (Lc 10, 9), pero sabemos que será imposible anunciarlo con un corazón cuyos latidos son fruto de nuestras fuerzas personales. Para entrar en todas las situaciones de nuestra convivencia diaria anunciando a Jesucristo hace falta una comunión viva con Él. Solo así podremos entrar, también, en todos los ambientes del mundo para transformarlos: la cultura, la economía, la política, las ciencias, el arte, la familia, la educación, el trabajo… Sí, urge entrar en ellos.

Vivir palpitando con el corazón de Cristo nos hace descubrir que toda la realidad está llena de la presencia de Dios y que donde se juega, aunque sea un ápice, el destino humano, allí hay una necesidad del Corazón de Cristo para expresar su amor. Dios, que se hizo hombre, estuvo en esa historia al lado de los hombres, codo a codo con ellos, y participó de sus problemas y de sus creencias. Mostró un Corazón en el que todos tenían un hueco para acogerse a su amor. Él es quien nos contagia también a tener un corazón con sus medidas, que vive atento y diciendo como Él a los demás: ¿qué quieres que haga por ti?

Con gran afecto, os bendice,

+Carlos Card. Osoro,

Arzobispo de Madrid

Card. Carlos Osoro
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Carlos Osoro Sierra fue nombrado arzobispo de Madrid por el Papa Francisco el 28 de agosto de 2014, y tomó posesión el 25 de octubre de ese año. Desde junio de 2016 es ordinario para los fieles católicos orientales residentes en España. El 19 de noviembre de 2016 fue creado cardenal por el Papa Francisco. El prelado nació en Castañeda (Cantabria) el 16 de mayo de 1945. Cursó los estudios de magisterio, pedagogía y matemáticas, y ejerció la docencia hasta su ingreso en el seminario para vocaciones tardías Colegio Mayor El Salvador de Salamanca, en cuya Universidad Pontificia se licenció en Teología y en Filosofía. Fue ordenado sacerdote el 29 de julio de 1973 en Santander, diócesis en la que desarrolló su ministerio sacerdotal. Durante los dos primeros años de sacerdocio trabajó en la pastoral parroquial y la docencia. En 1975 fue nombrado secretario general de Pastoral, delegado de Apostolado Seglar, delegado episcopal de Seminarios y Pastoral Vocacional y vicario general de Pastoral. Un año más tarde, en 1976, se unificaron la Vicaría General de Pastoral y la Administrativo-jurídica y fue nombrado vicario general, cargo en el que permaneció hasta 1993, cuando fue nombrado canónigo de la Santa Iglesia Catedral Basílica de Santander, y un año más tarde, presidente. Además, en 1977 fue nombrado rector del seminario de Monte Corbán (Santander), y ejerció esta misión hasta que fue nombrado obispo. Durante su último año en la diócesis, en 1996, fue también director del centro asociado del Instituto Internacional de Teología a Distancia y director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas San Agustín, dependiente del Instituto Internacional y de la Universidad Pontificia de Comillas. El 22 de febrero de 1997 fue nombrado obispo de Orense por el Papa san Juan Pablo II. El 7 de enero de 2002 fue designado arzobispo de Oviedo, de cuya diócesis tomó posesión el 23 de febrero del mismo año. Además, desde el 23 de septiembre de 2006 hasta el 9 de septiembre de 2007, fue el administrador apostólico de Santander. El 8 de enero de 2009, el Papa Benedicto XVI lo nombró arzobispo de Valencia; el 18 de abril de ese año tomó posesión de la archidiócesis, donde permaneció hasta su nombramiento como arzobispo de Madrid en 2014. Tras su participación en la XIV Asamblea General Ordinaria del Sínodo de los Obispos, celebrada del 4 al 25 de octubre de 2015 y dedicada a la familia, el 14 de noviembre de ese año, el Papa Francisco lo eligió como uno de los miembros del XIV Consejo Ordinario de la Secretaría General del Sínodo de los Obispos; un organismo permanente que, en colaboración con el Pontífice, tiene como tarea la organización del Sínodo, así como elaboración de los textos y documentación que servirá de base para los estudios de la Asamblea. El 9 de junio de 2016, el Papa Francisco erigió un Ordinariato para los fieles católicos orientales residentes en España, con el fin de proveer su atención religiosa y pastoral, y nombró a monseñor Osoro como su ordinario. El 9 de octubre de 2016, el Papa Francisco anunció un consistorio para la creación de nuevos cardenales de la Iglesia católica, entre los que figuraba monseñor Osoro. El día 19 de noviembre de 2016 recibió la birreta cardenalicia de manos del Sumo Pontífice en el Vaticano. En la Conferencia Episcopal Española (CEE) fue presidente de la Comisión Episcopal del Clero de 1999 a 2002 y de 2003 a 2005; presidente de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar hasta marzo de 2014 (fue miembro de esta Comisión desde 1997) y miembro del Comité Ejecutivo entre 2005 y 2011. Ha sido vicepresidente de la CEE durante el trienio 2014-2017. Ahora pertenece al Comité Ejecutivo como arzobispo de Madrid. Desde noviembre de 2008 es patrono vitalicio de la Fundación Universitaria Española y director de su seminario de Teología.