«No tiene voz su garganta»

Mons. Julián Ruiz Martorell              Queridos hermanos en el Señor:
Os deseo gracia y paz.              En el Salmo 115, conocido como 113B en la liturgia, aparecen unas expresiones que descalifican a los ídolos: “tienen boca, y no hablan; tienen ojos, y no ven; tienen orejas, y no oyen; tienen nariz, y no huelen; tienen manos, y no tocan; tienen pies, y no andan; no tiene voz su garganta” (vv. 5-7).

El pueblo de Israel estuvo en contacto con pueblos que rendían culto a los ídolos. Nuestra época no está exenta del peligro de la idolatría. Propongo hacer una lectura que destaque los riesgos y los desafíos que encontramos en nuestra vida cotidiana. Sugiero hacer una aplicación de los rasgos de los ídolos a nuestra propia vida sensitiva. Porque corremos el riesgo de quedar fosilizados. Tenemos el peligro de convertirnos en momias de museo.

1) “Tienen boca, y no hablan”. Vivimos en un mundo interconectado, pero poco comunicado. Las relaciones interpersonales son efímeras y virtuales. Los cristianos sentimos la necesidad de comunicar, expresar, anunciar, transmitir.

2) “Tienen ojos, y no ven”. Es preciso percibir la realidad, ver el rostro del hermano, descubrir en el perfil de cualquier persona los rasgos que no nos resultan ajenos. En ocasiones, tenemos la vista cansada de tanto ver, o somos incapaces de ver más allá de lo inmediato.

3) “Tienen orejas, y no oyen”. Es urgente oír la palabra de Dios y escuchar el lamento, el quejido de los hermanos. Necesitamos tener oídos abiertos, sensibles, atentos. Somos oyentes de una palabra que nos precede, nos envuelve, nos compromete y nos envía.

4) “Tienen nariz, y no huelen”. En nuestro mundo, son frecuentes la pérdida del olfato y la ausencia de olor, que nos impiden distinguir aromas y fragancias. Necesitamos recuperar el olfato para percibir más allá de lo visible. Hemos de conceder importancia al lenguaje no verbal, a los gestos, la entonación, los silencios, los murmullos, algo que revolotea en el aire. Así podremos distinguir entre una atmósfera cargada, preludio de una tormenta, y el olor de la tierra mojada después de la lluvia.

5) “Tienen manos, y no tocan”. Nos acostumbramos a no rozar la miseria y evitamos tocar al pobre. Lanzamos, desde la distancia, una moneda al indigente y no nos arriesgamos a tocarle. No es lo mismo una acogida aséptica, fría, calculadora, que una acogida empática.

6) “Tienen pies, y no andan”. Preferimos la inercia, el anquilosamiento, la instalación. Evitamos esfuerzos y mantenemos una vida sedentaria. Seguimos confortablemente sentados como espectadores en el sofá de la comodidad inactiva.

7) “No tiene voz su garganta”. En lugar de ser instrumento de comunicación, nuestra voz se mantiene apagada. A veces, en lugar de voz, de nuestra garganta brota un gruñido, una queja incómoda e insidiosa. Pero hemos de ser voz. Voz que proclama la palabra de Dios. Voz que rompe el silencio cómplice. Voz que grita en el desierto de los pueblos envejecidos, abandonados, desolados. También voz que grita en el desierto de las ciudades donde no hay signos de vida, ni compromiso de solidaridad, donde solamente encontramos soledad. Sabemos lo que significa estar rodeados de mucha gente y sentirnos solos. Hemos de prestar voz a quienes no la tienen. ¿Cómo no poner voz a quien busca un puesto de trabajo digno y estable? ¿Cómo mantener muda la garganta ante la injusticia, la falta de dignidad, el hambre, el odio, la violencia y las guerras?

¿Cómo no prestar voz a la creación para cantar las maravillas del Creador? ¿Cómo no unirnos al canto de las aves; al susurro de las aguas; a la danza de las mieses que aclaman y cantan; al murmullo de la brisa suave; a la dulce y, a veces, extenuante fatiga del agricultor que recoge el fruto de su esfuerzo? ¿Cómo no interpretar con palabras los sonidos emitidos por los animales domésticos y el ganado? Que nuestra voz se una a la alabanza de todas las criaturas.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.