Gaudete et exultate (IV): vivir la santidad en el mundo actual

Mons. Enrique Benavent                 En la vivencia de la llamada a la santidad hay medios y elementos de los que no podemos prescindir, algunos porque tienen su origen en el Señor y otros porque forman parte de la tradición de la Iglesia. El Papa cita algunos de ellos, aunque no se detiene a explicarlos: “los distintos métodos de oración, los preciosos sacramentos de la Eucaristía y la Reconciliación, la ofrenda de sacrificios, las diversas formas de devoción, la dirección espiritual, y tantos otros” (nº 110). Además de estos medios, no podemos ignorar que la vocación cristiana tiene unas exigencias particulares en cada época histórica, que dependen de las características de cada momento cultural. En el cuarto capítulo de la exhortación Gaudete et exultate encontramos unas reflexiones sobre las actitudes que hemos de cultivar en este momento histórico para hacer realidad en nuestra vida el ideal de santidad.

El Papa menciona algunos riesgos y límites de la cultura actual: “la ansiedad nerviosa y violenta que nos dispersa y nos debilita; la negatividad y la tristeza; la acedia cómoda, consumista y egoísta; el individualismo y tantas formas de espiritualidad sin encuentro con Dios que reinan en el mercado religioso actual” (nº 111). No obstante, esta situación se puede transformar en una oportunidad para crecer en ciertas actitudes espirituales.

La ansiedad que nos lleva a perder la paz interior se combate centrándonos en Dios, que nos ama y nos sostiene. Eso nos da firmeza interior para soportar las contrariedades y también las infidelidades y defectos de los demás: “A partir de tal solidez interior, el testimonio de santidad, en nuestro mundo acelerado, voluble y agresivo, está hecho de paciencia y de constancia en el bien” (nº 112).

La negatividad y la tristeza es signo de una espiritualidad inauténtica, porque el cristiano está llamado a dar testimonio del “gozo en el Espíritu Santo”. La alegría cristiana tiene un carácter sobrenatural y consiste en “una serenidad esperanzada que brinda una satisfacción espiritual incomprensible para los parámetros mundanos” (nº 125). Ordinariamente, indica el Papa, la alegría cristiana está acompañada del sentido del humor. La tristeza tiene que ver con la ingratitud, con la incapacidad para reconocer los dones que recibimos del Señor, de saber descubrir los aspectos positivos de las situaciones que vivimos a pesar de las dificultades que en determinados momentos encierran, y de alabar a Dios en toda ocasión.

La audacia y el fervor en la vivencia de la misión es signo de que no se cede a la tentación de la comodidad a la que nos arrastra esta cultura consumista y egoísta. Quien no quiere renunciar a sus seguridades y no arriesga nada en el servicio al Evangelio y a los demás, en el fondo está espiritualmente paralizado y su testimonio difícilmente producirá fruto.

Frente al individualismo, actualmente favorecido por determinadas formas de espiritualidad que centran la persona en el propio yo y la llevan a una despreocupación por los demás, es necesario convencernos de que el camino de la santidad lo tenemos que recorrer comunitariamente, en oración constante para encontrarnos con Dios y alimentarnos de su Palabra.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.