Oraciones políticas (III)

Mons. Agustí Cortés           Para nadie es un secreto que el político se ve inmerso en una constante lucha por el poder y que el primer escenario de esa lucha es su propio partido.

El partido es necesario y su presencia constituye, tanto una gran ayuda, como un condicionante decisivo. Los compañeros de partido son “los de casa”; con ellos se comparten ideas, decisiones, trabajos, estrategias… Pero también se corre el riesgo tener que asumir sus errores y sus límites de todo tipo…

Este hecho recuerda el argumento del Salmo 100(101): el rey ora a Dios, habiendo sufrido la experiencia negativa de “colaboradores” cuya manera de ser y cuya moralidad estaban lejos de lo que Dios esperaría. El rey hace, sin embargo, una profesión de integridad moral y expresa su voluntad de vivir y cantar el amor y la justicia. Es hermoso ver que un político haga de su oficio un himno al amor y la justicia.

 

Oración del político íntegro: Sal 100 (101)

Quiero alabar el amor y la justicia;

quiero vivir con rectitud…

será intachable mi conducta

aun en mi propia casa;

no pondré jamás la mirada

en propósitos perversos.

Odio a quienes son desleales a Dios;

¡jamás permitiré que se me acerquen!

Alejaré de mí los pensamientos perversos.

Haré callar a aquellos

que a escondidas hablan mal de su vecino;

¡no soporto al altanero y arrogante!

Pondré mis ojos en los hombres leales,

para que vivan junto a mí…

Para el tramposo no habrá lugar en mi palacio;

¡ningún mentiroso podrá estar en mi presencia!…

 

En los aledaños del poder, por ejemplo en un partido político, suelen aparecer personajes, que viven obsesionados por el grado en que ellos mismos participan de él. Miran de reojo a sus compañeros, hablan de unos y de otros, bien o mal según convenga, no tienen inconveniente en usar la mentira o las medias verdades. Siguen pendientes de la propia imagen, están muy atentos a que se les reconozcan sus méritos, y van detrás de informaciones que les acrediten como poseedores de “conocimientos solo accesibles a unos pocos elegidos”… En el extremo de la maldad, los hay que llegan al partido para vivir de él, de las ventajas, sobre todo económicas, que proporciona el poder político.

Estas actitudes no solo son reprobables personalmente, sino que perjudican gravemente la misma acción política. Por eso la virtud más preciada de un compañero de partido es la lealtad. Lealtad, que incluye la sinceridad, la fidelidad, la honradez, en el hablar y el actuar. Esta virtud que siempre será necesaria, aunque los ideales políticos sean firmemente compartidos.

El político cristiano hace de ellos también objeto de oración, tanto para que el Señor le ayude a no caer en sus redes, como para que ellos mismos se conviertan a la colaboración leal y tenerlos como verdaderos compañeros. El pueblo y la sociedad saldrán ganando.

† Agustí Cortés Soriano

Obispo de Sant Feliu de Llobregat

Mons. Agustí Cortés Soriano
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Nació el 23 de octubre de 1947 en Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Valencia. Se licenció en teología por la Facultad de Teología San Vicente Ferrer de Valencia. En 1993 se doctoró en teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Fue ordenado sacerdote el 23 de diciembre de 1971. En su ministerio sacerdotal, entre 1972 y 1974, fue vicario en Quart de Poblet; de 1973 a 1984, capellán del Colegio San José de la Montaña de Valencia; de 1974 a 1976, párroco de Quart de Poblet y profesor en la Instituto Luis Vives de Valencia; de 1976 a 1978, director del Secretariado Diocesano de Pastoral Juvenil; el año 1978, vicario de San Antonio de Padua de Valencia; de 1978 a 1984, secretario particular del que entonces era arzobispo de Valencia, Mons. . Miguel Roca Cabanellas; de 1986 a 1997, rector del Seminario Metropolitano de Valencia; de 1997 a 1998, canónigo penitenciario de la catedral de Valencia, y entre 1990 y 1998, profesor de teología en la Facultad Teológica, en el Instituto Teológico para el matrimonio y la Familia y al Instituto de Ciencias Religiosas de Valencia. Fue nombrado obispo de Ibiza el 20 de febrero de 1998 y recibió la ordenación episcopal el 18 de abril de 1998. El 12 de septiembre de 2004 inició su ministerio como primer obispo de la diócesis de Sant Feliu de Llobregat, en la catedral de San Lorenzo de Sant Feliu de Llobregat. En la CEE es vicepresidente de la Comisión episcopal de seminarios y Universidades y presidente de la Subcomisión de Universidades. En la Conferencia Episcopal Tarraconense es el obispo delegado de la Pastoral Familiar y, desde la reunión de los obispos catalanes el pasado 30 de septiembre y 1 de octubre de 2008, encargado del Secretariado Interdiocesano de Pastoral de Santuarios, peregrinaciones y turismo de Cataluña y las Islas.