El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas           El Papa inicia su reciente Exhortación Apostólica sobre la santidad en el mundo actual con un capítulo que titula: “Llamada a la santidad”, en él nos ilustra sobre lo que podríamos llamar la “naturaleza de la santidad”. Francisco nos anima a adentrarnos sin reservas ni temores en este mundo de la santidad, que a muchos puede parecer lejano y extraño cuando, en realidad, es algo mucho más presente de lo que podrían imaginar a primera vista. “No tengas miedo de la santidad. No te quitará fuerzas, vida o alegría. Todo lo contrario…” (n. 32), nos dice el Papa a cada uno. Y algo más adelante insiste: “No tengas miedo de apuntar más alto, de dejarte amar y liberar por Dios. No tengas miedo de dejarte llevar por el Espíritu Santo” (n. 34). Y concluye este número con una cita de un conocido novelitas francés según el cual en la vida “existe una sola tristeza, la de no ser santos”.

La llamada a la santidad es universal. Dios la dirige a todos los hombres y mujeres. Nos invita a ser santos porque Él es santo (cf. Lev11, 45). El concilio Vaticano II ha hecho de la universalidad de esta llamada tema central de su mensaje: todos los fieles cristianos somos llamados a la santidad, a la plenitud de la vida cristina, sin que nadie pueda sentirse al margen de dicha llamada, excusarse en la falta de cualidades o esconderse detrás de una humildad a todas luces falsa. Si es verdad que supera nuestras fuerzas, también lo es que contamos con la gracia de Dios y los dones sobrenaturales necesarios para alcanzar esa meta. Puede que a algunos les intimide la “talla cristiana” de los santos que contemplamos en nuestro altares, en vez de estimularlos y motivarlos. Pero nos libran de miedos y temores las palabras del Concilio al recordarnos que cada uno debe llegar a la plenitud de la vida cristiana “siguiendo su propio camino” (n. 11), sin pretender seguir senderos que no han sido pensados para él. Que “cada caminante siga su camino”. Fijemos nuestra atención si acaso en aquellos santos y santas “de la puerta de al lado”, como los llama el Papa (n. 6), que han vivido en circunstancias semejantes a las nuestras y se han esforzado en el ejercicio de las virtudes y en la entrega de la propia vida en el servicio diario a los demás: los padres que crían con amor a sus hijos, los hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo no obstante los años y los achaques (cf. n. 7).

Para la gran mayoría de los cristianos el “lugar” de la santidad está “en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra”. Se trata, pues, de dejar que la gracia del Bautismo fructifique en el camino que Dios ha puesto ante cada uno: en su estado y condición de vida, en el trabajo profesional que desarrolla, en las circunstancias concretas de las personas que forman parte de la propia vida, en las de  de salud, ambiente, o país. Se trata de ir creciendo en santidad con pequeños gestos, colmando de amor el momento presente. (cf. n. 17), pues “la santidad no es sino la caridad plenamente vivida” (n. 21). Por eso puede decir el Papa que “para un cristiano no es posible pensar en la propia misión en la tierra sin concebirla como un camino de santidad” (n. 19). La tarea que cada uno desempeña debe ser contemplada como una misión, como el modo concreto en que cada uno participa en la gran misión confiada por Cristo a su Iglesia: edificar el Reino de Dios en este mundo. Este empeño en la construcción del Reino, dice el Papa, no es una especie de “distracción”, algo que ocupa un lugar secundario en la vida del cristiano (n. 27). Francisco lo dice con expresión rotunda: “No te santificarás sin entregarte en cuerpo y alma para dar lo mejor de ti en ese empeño” (n. 25). Pero eso requiere, no lo olvidemos, momentos de quietud, de soledad y silencio ante Dios, tiempos de oración, que impiden precisamente que se resienta o debilite la realización de la propia misión. 

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).