Dos nuevos sacerdotes para Córdoba

Mons. Demetrio Fernández           El sábado 23 de junio es una fecha señalada en el calendario de la diócesis de Córdoba. Dos nuevos sacerdotes van a ser ordenados presbíteros en la Santa Iglesia Catedral. Es día de fiesta grande para todos. El presbiterio diocesano con su obispo acoge a estos dos jóvenes sacerdotes en una cadena ininterrumpida desde los apóstoles hasta nuestros días. Las palabras del Señor: “Haced esto en memoria mía” resuenan especialmente en este acontecimiento. La Iglesia puede seguir cumpliendo su misión evangelizadora gracias a este hilo rojo, que nunca se ha roto y que proviene de Jesús a través de los apóstoles y sus sucesores hasta nosotros.

Jesucristo sostiene a su Iglesia, manteniéndola fiel al Evangelio. Él ha tocado el corazón de estos jóvenes y los ha llamado a seguirle. Él los consagra ministros suyos, para que actúen en su nombre y con su autoridad, in persona Christi capitis. Él los envía a la misión, como un día envió a los apóstoles “Id y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos… y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado. Yo estoy con vosotros” (Mt 28, 19-20). Junto a estos jóvenes, Jesucristo sigue llamando a otros muchos jóvenes por todos los lugares de la tierra para que prolonguen esta sagrada misión hasta el final de los tiempos. “Quien a vosotros escucha, a mí me escucha; quien a vosotros rechaza, a mí me rechaza; y quien me rechaza a mí, rechaza a quien me ha enviado” (Lc 10,16). Es asombroso constatar que Jesús sigue llamando y cómo muchos jóvenes le responden positivamente. Gocemos de este gran acontecimiento eclesial y social.

El Seminario es el lugar, el tiempo, la comunidad, todo un conjunto de medios, que los ha preparado y los ha hecho “dignos” de ser presentados a las sagradas Órdenes. Seminario diocesano Mayor y Menor de “San Pelagio”. Además, Seminario “Redemptoris Mater” del Camino Neocatecumenal. La diócesis mira al Seminario como el corazón de la diócesis, como el seno materno en el que son gestados los nuevos presbíteros. Y todo periodo de gestación es especialmente delicado y requiere especiales atenciones. Damos gracias a Dios porque nos concede una Comunidad viva en el Seminario.  Siguen llegando jóvenes, que son atendidos con esmero y delicadeza, para acompañar todo su proceso de discernimiento, maduración, crecimiento y preparación para ser ministros del Señor y servidores de los hombres. Agradecemos a todos los que colaboran en el Seminario: formadores, profesores, personal de servicio. Esta fiesta es para todos y estimula a todos a seguir trabajando en esta dirección, la de hacer sacerdotes santos, según el Corazón de Cristo.

Para las familias es también una fiesta. Los nuevos sacerdotes y los que se preparan a serlo no han caído del cielo, sino que han nacido en el seno de una familia. Bendita familia en la que Dios llama a alguno de sus miembros para el sacerdocio o para la vida consagrada. Supone un gran regalo de Dios y supone un sacrificio para la familia, una generosa donación a fondo perdido. Dios recompensará como sabe hacerlo esta generosidad de los padres, dando su hijo para el Seminario, para el sacerdocio. Encontrar apoyo en la propia familia es una gran ayuda para el que da este paso, y es una gran ayuda para mantenerse fiel en esta vocación. Gracias, padres y madres. Dios llama a vuestros hijos, vosotros los ofrecéis para que sirvan a Dios y a los hombres.

En las parroquias el gozo es desbordante. Qué alegría para un sacerdote haber ayudado, acompañado, orientado a una vocación sacerdotal; y ver que llega a su madurez. Creo que es una de las mayores alegrías del corazón de un sacerdote. Por eso, los párrocos y todos los sacerdotes que entran en contacto con estos jóvenes se sienten recompensados con creces cuando llega el día de la ordenación sacerdotal.

Felicitamos a la diócesis de Córdoba, Iglesia santa, esposa del Señor, por el regalo que recibe de su esposo en estos dos nuevos presbíteros. “El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres” (salmo 125).

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.