Antonio Camuñas: «La comunicación del papa Francisco busca la acción»

Antonio Camuñas, consultor político y de medios, presidente de Global Strategies y miembro del Consejo Internacional de la Fundación Centesimus Annus del Vaticano ha sido el último ponente del X Congreso Teológico Pastoral, de la diócesis de Coria-Cáceres, y ha disertado sobre la comunicación de los tres últimos pontífices y sobre todo de Francisco.

San Juan Pablo II fue el primer papa que salió por televisión en blanco y negro. Sabe trasladar a la televisión la emoción de una manera excepcional. Era muy joven, no era como los anteriores pontífices. Fue elegido muy joven, crea la Jornada Mundial de la Juventud, los encuentros de las familias y con mensajes muy potentes. En términos de comunicación la Iglesia encontró en el papa polaco un avión de un valor incalculable.

Por otro lado, Benedicto no era un hombre fotogénico ni televisivo, al revés, por desgracia. Es raro encontrar una foto de Benedicto en la que el gesto le acompañe a la enorme dulzura e increíble humildad que tiene ese hombre. A mí me cautivo de Benedicto XVI su humildad, su dulzura, su delicadeza y su potencia, a la vez intelectual y su capacidad de explicar las cosas.

El pontificado de Benedicto coincide con la explosión de las redes sociales. Se considera la posibilidad de que el papa esté activo en redes sociales. Tras el estudio, se deciden por Twitter y Youtube. Facebook se descarta. Tenía mucho sentido que el papa estuviera en Twitter porque los mensajes del papa se pueden entender muy fácilmente en una frase en 140 caracteres. Podemos decir que Benedicto XVI fue el papa de Twitter.

Cuando se le presentó al papa Benedicto la idea todos pensábamos que iba a pensar lo, pero instantáneamente dijo que el papa tiene que estar donde está la gente.

Llegamos al papa Francisco. Ya no se extraen los mensajes de las exhortaciones apostólicas, de las encíclicas, de las homilías, del Ángelus… etcétera. Ya es un papa que tiene presente que existen las redes sociales y por lo tanto que hay otro tipo de información mucho más centrada en los gestos, en la instantaneidad.

Lo importante son la fuerza de los mensajes que lanza. Me impresionó mucho uno de sus primeros gestos, el ir a Lampedusa con los refugiados, cuando hasta entonces nadie en Europa le había dado importancia al tema. Francisco fue el primer líder europeo que se dio cuenta de que pasaba algo y se fue hasta allí. En su primera salida de Roma.

En la agenda del papa hay cuestiones nuevas: la trata de seres humanos, la compra venta de órganos… El papa tiene muy en cuenta que no se toca la dignidad. Desde el principio su idea fue ponerse en el lugar y al nivel del otro. El papa siempre tiene una cercanía real, precisamente porque estamos en la etapa de lo virtual, en la que todos estamos conectados pero cada vez más aislados, llama tanto la atención.

Él quería tocar, acariciar, reconfortar… Su comunicación tiene una gran potencia y enorme efectividad. Su comunicación busca la acción. Él nos ha puesto a la República Centroafricana, de actualidad, tras de los atentados terroristas terribles. Le aconsejaron no ir y no hizo caso. Nombra a una mujer como portavoz adjunta de comunicación del Vaticano.

Él escucha muchísimo, atiende, escucha y después pregunta. Otra característica del papa, más personal, es que es un papa rebelde. Si está de buen humor es simpatiquísimo pero otros días no, él siempre que se ha dado cuenta de que no lo he hecho bien pide perdón.

En la comunicación pública ha utilizado la fuerza del silencio. Silencios potentísimos, por ejemplo en Auschwitz. Fue extraordinario, como cuando estuvo en una de las celdas y se quedó allí solo, en silencio, en oración.

O el encuentro con un matrimonio de Irak, él es médico, se ha pasado atendiendo a sus enemigos. Su casa es un hospital donde viven 40 personas. Te das cuenta que qué hace bien el papa en recordarnos esas periferias. Entiendes lo que es el sacrificio, lo que es creer en Cristo de verdad, no solo como nosotros. No digo que sea fácil ser cristiano aquí, lo que digo es que no es tan difícil hacer profesión de fe, como lo es en tantos otros sitios.

El papa ha tenido unos gestos muy potentes, como ir a comprarse gafas, utilizar un coche modesto, la instalación de servicios públicos para los sin hogar en la plaza de San Pedro.

En general, este papa a unos les gusta más que a otros. Los más progresistas pueden decepcionarse si esperan de él un cambio drástico. Los más tradicionales están recelosos. Creo que ha atraído a la plaza de San Pedro a gente que no hubiera ido nunca, a mucho cristiano que no profesa, despegado de la Iglesia y que sin embargo, el papa Francisco le ha llevado a pensar a volver a volver a pensar en Dios.

El papa Francisco es un papa que, muy posiblemente, sea el que necesite la Iglesia en este momento para afrontar los retos que tiene el mundo, que no es solo Occidente. El papa Francisco nos ha puesto en un espejo lo que es el mundo.

Lo importante para los cristianos es que los que seamos, aunque pocos, como los apóstoles, seamos fieles. Creamos en nuestra propia conversión, una labor permanente y constante

(Iglesia en Coria-Cáceres)

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