«Educar en la escucha de Dios»

Card. Juan José Omella          Estos días acaba el curso escolar. Llega el tiempo de las vacaciones para todos, independientemente de cuáles sean las «notas». Con el inicio de las vacaciones, la educación escolar se retira durante un tiempo y deja el campo libre a la educación familiar y en el tiempo de ocio.

La familia tiene como misión esencial el compromiso y la responsabilidad de educar a los hijos, en el sentido de conducirlos adecuadamente hacia la edad adulta. Conviene recordar que los hijos, especialmente cuando son menores de edad, necesitan el apoyo material, afectivo y moral de los adultos. Padres y madres, quiero agradeceros vuestro esfuerzo y dedicación para acompañar, formar y orientar a vuestros hijos para que un día puedan llegar a ser personas maduras, responsables, honradas y solidarias.

La escuela colabora con la familia para lograr este objetivo, pero no podemos olvidar que la responsabilidad primera y última de la educación de los hijos corresponde a los padres. Es bueno preguntarse qué significa educar. Coincido con los pedagogos que argumentan que educar significa construir humanidad y conferir un proyecto de vida a las personas.

Sin embargo, un proyecto de vida requiere esfuerzo y trabajo. En primer lugar, hay que tener dominio interior para liberarnos de ataduras que limitan nuestro crecimiento y capacidad de decisión. En segundo lugar, tenemos que descubrir nuestro proyecto de vida para establecer una escala de valores que nos ayude a responder auténticamente a las necesidades más profundas de autorrealización. Y, en tercer lugar, hay que tener la fortaleza interior para tomar decisiones, día a día, según este proyecto. Es por ello que escuela y familia deben ser capaces de facilitar las herramientas y recursos que ayuden a los niños a buscar su proyecto vital.

Queremos que todos los niños y niñas puedan descubrir que no están aquí por casualidad, sino que existen porque Dios, que los ama con locura, tiene un proyecto particular y único para cada uno de ellos. Hay que ayudarles a descubrir cómo Dios les va hablando y les va mostrando ese camino particular en su beneficio y de toda la sociedad. Para hacerlo posible, previamente, los adultos deben aprender a escuchar cómo Dios habla a nuestro corazón, cómo Dios nos va mostrando su voluntad a cada uno de nosotros y en cada momento.

Sí, es precisamente en la conciencia donde el ser humano siente esta voz que le va indicando el camino. La conciencia, como dice el Concilio Vaticano II, es el núcleo más secreto y el sagrario del hombre, en el que éste se siente a solas con Dios, en el recinto más íntimo de su conciencia, donde resuena la voz de Dios.

Aprovechemos este tiempo de verano para dedicar algún rato al encuentro personal y familiar con el Señor. En nuestra oración personal, preguntemos a Dios: Señor Jesús, ¿qué nos pides en este momento? ¿Qué podemos hacer por Ti? Entonces dejemos que poco a poco podamos responder con inspiraciones profundas en nuestro interior. Sigámoslas y veremos lo que pasa.

Estimados hermanos y hermanas, la sociedad debe ser consciente del valor de la educación, escolar y familiar. Un aspecto importante de la educación es aprender a escuchar la voz de Dios, que habla a nuestra conciencia, en lo más profundo de nuestra persona.

† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.