Elogio a la religión

Mons. Francesc Pardo i Artigas              En una revista sobre la misión de la Iglesia leí una reflexión que tenía por título: “Elogio de la religión”. Su finalidad era la de ayudar a descubrir las aportaciones de la religión en la construcción de un mundo más justo. Me pareció de una gran actualidad, porque, con frecuencia, la religión se reduce a unos actos privados sin relación alguna con la vida pública. Por ello me permito esta reflexión sobre las religiones, concretándola en la cristiana-católica.

La religiones, cuando no son manipuladas e instrumentalizadas,  hacen una aportación importante a la sociedad. Manifiestan la dimensión trascendental de cada cultura. Hablan del sentido de la existencia humana. Son importantes en la creación de los valores éticos, ayudan a formar estilos de vida y se proyectan en la vida pública.

–  Las religiones “no amenazan la convivencia”, tal como algunas voces manifiestan. Es evidente que puede darse un cierto fanatismo religioso, pero ello no ha de ser obstáculo para valorarlas como una de las formas de identidad cultural con capacidad para movilizar personas y sociedades. Escribe la UNESCO “que las culturas ofrecen a las religiones su lenguaje, y las religiones ofrecen a la cultura su significado más esencial”.

–  El hecho religioso afecta a todos los miembros de un grupo humano, sean o no creyentes, porque propone unos valores, unas actitudes y unos comportamientos que tienen una gran repercusión social.

– Para construir un mundo más justo debe trabajarse la dimensión espiritual fundamentada en el amor y la compasión. La religión no puede resolver por sí misma los problemas económicos, políticos y sociales, pero sí que puede conseguir un cambio de mentalidad, una transformación del corazón, una conversión y unas formas de vivir que no se pueden conseguir únicamente con propuestas económicas, políticas o sociales.

–  La religión educa en las actitudes éticas y democráticas fundamentales. La democracia no es real si no se viven unos valores que se fundamentan en el respeto a las personas,  del todo necesarios para una buena convivencia. La religión puede contribuir de un manera eficaz a construir una cultura cívica y democrática porque favorece el ocuparse de las necesidades de todos cuantos compartimos el día a día  favoreciendo el “bien común”. No olvidemos su trabajo de purificación interior, de conversión, de autocontrol, de disciplina y de altruismo.

– Educa en el consumo responsable. Vivimos en sociedades consumistas y muy competitivas, con un modelo de bienestar basado en la posesión y acumulación de bienes. El consumismo, con frecuencia nos domina, sin ser del todo conscientes, y se convierte casi en una nueva religión del “dios mercado”. Al mismo tiempo, crea necesidades artifíciales mediante la publicidad y otras técnicas. La religión aporta su sabiduría para regular el deseo de posesión, y favorece una vida sobria.

– Capacita a un diálogo que presupone saber escuchar si verdaderamente queremos alcanzar un consenso fundamental a partir de valores comunes desde la diversidad y la pluralidad. Es precisa la búsqueda de espacios nacionales y transnacionales en los que la diversidad cultural, política y religiosa sea reconocida, acogida y objeto de diálogo.

–  Compromiso con la cultura de la paz. El anhelo de paz es un factor muy importante de la dimensión espiritual. Por ello es necesario que la persona viva el don de la paz y, así, se convierta en pacificadora. La religión, si es auténtica, siempre favorece la paz.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.