El reino de Dios crece en nosotros como la semilla en la tierra

Mons. Gerardo Melgar             Jesús está en plena vida pública, explicándonos cómo es el Rei­no de Dios, que él ha venido a instaurar en nuestro mundo y, como el mejor de los pedago­gos, lo hace con imágenes que nosotros entendamos.

En el pasaje del evangelio de San Marcos de este domingo, el Señor nos explica el Reino de Dios por me­dio de dos comparaciones. Se parece el reino de Dios a una semilla que el hombre siembra en la tierra. La se­milla puesta en la tierra germina y crece de noche y de día hasta llegar a dar fruto.

También compara y nos explica el Reino de Dios con un grano de mostaza que, siendo la más pequeña de las semillas cuando se siembra, crece más que las demás semillas hasta convertirse en un árbol capaz de cobijarse en él las aves del cielo.

El Señor ha depositado en no­sotros la semilla del Reino y espe­ra que germine, que crezca y dé su fruto.

Para ello es necesario que seamos tierra buena, que acoge la semilla y crea las condiciones necesarias para que dicha semilla se desarrolle y dé su fruto.

Es Dios el que pone la semilla de la fe en el corazón del hombre y este debe hacerla crecer, con su esfuer­zo por vivir las exigencias de la fe, creando en su vida las condiciones que hagan posible que esa semilla que Él, el Señor, ha depositado en su corazón, crezca cada día hasta convertirse en la motivación más importante de su vida, desde la que ordena y vive toda la misma.

Es necesario que la semilla esté en contacto con la tierra para que germine, crezca y dé su fruto. La semilla es la Palabra procla­mada, escuchada y vivida por noso­tros. La tierra es el corazón del ser humano, que la acoge y crea las con­diciones necesarias para que pueda germinar, crecer y dar fruto.

Esto quiere decir que nos tene­mos que preguntar muchas veces en nuestra vida qué clase de tierra so­mos, cómo acogemos la palabra de Dios —la semilla— que Dios depo­sita en nuestro corazón, cómo la cui­damos y cultivamos para que crezca y de su fruto verdadero.

El Señor, el día de nuestro bau­tismo puso en nuestro corazón la semilla de la fe, nos da su palabra y sus sacramentos para que la ali­mentemos. Nos ofrece la palabra y el testimonio de los nuestros que nos animan a vivir desde la exigen­cia de su palabra, de tal manera que nuestra fe vaya madurando y dando su fruto. Cada uno de nosotros conocemos nuestra fe, el crecimiento que ella ha tenido en nosotros, los frutos que estamos produciendo. Sabemos el puesto que Dios ocupa en nues­tra vida y lo que nos preocupa el crecimiento y la vivencia de la fe. Sabemos que hemos crecido en edad y en estatura, pero ¿hemos crecido igualmente en nuestra fe o somos una especie de monstruos, que ma­durando en edad y como personas, sin embargo nos hemos quedado con una fe infantil, porque nos han importado y nos importan otros in­tereses distintos de los de Dios, por­que seguimos las llamadas que el mundo y la sociedad no hacen y no las que recibimos desde Dios y des­de nuestra fe?

Hoy necesitamos darle gracias al Señor por la semilla de su Palabra que un día sembró en nuestro cora­zón, pero vamos a pedirle también, porque sentimos que no ha crecido lo suficiente para dar verdaderos frutos, que nos ayude a que seamos buena tierra que favorezca el creci­miento de su palabra en nosotros y podamos dar verdadero fruto.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.