Mes de junio, mes del amor

Mons. Gerardo Melgar             Varias son las fiestas que celebramos en el mes de junio y que nos hablan de una misma realidad: el amor de Dios al hombre.

Celebramos en este mes el amor de Dios manifestado en el corazón de Cristo. Es el mes del Corazón de Je­sús, un corazón traspasado por nues­tros pecados pero henchido de amor al Padre y a los hombres.

La fiesta del corazón de Jesús ex­presa el amor del Hijo al Padre, a los planes que el Padre tiene sobre Él y para Él y que será precisamente la razón de todo su vivir en este mun­do. Él ha sido enviado y ha venido al mundo para cumplir la voluntad del Padre.

El Padre, para Cristo, lo es todo. El Padre y Él se identifican: «Yo y el Padre somos uno» (Jn 10, 30). Por eso, cuando Dios prepara el plan de sal­vación para los hombres, en él entra como central y protagonista Cristo, éste no hace sino pronunciar su in­condicional, total y continuo sí a este plan de Dios sobre Él para la salva­ción de los hombres. «Padre, si quie­res, aparta de mí este cáliz; pero que no se haga mi voluntad, sino la tuya» (Lc 22, 42).

El corazón de Jesús expresa tam­bién el amor que Cristo tiene a los hombres. Él ha sido enviado por el Padre al mundo, para ofrecer a los hombres la salvación.

En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que él nos amó y nos envió a su Hijo como víctima de propiciación por nuestros pecados (1 Jn 4, 10).

Él ha venido al mundo para entre­gar su vida por amor a los hombres, y lo va a cumplir hasta el final, hasta el extremo de entregar su vida por nosotros, por eso podrá decir: «Na­die tiene amor más grande que el que da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos» (Jn 15, 13-14a).

El amor de Cristo a los hombres es un amor de entrega, de servicio, de perdón, de predilección, especial­mente por los pobres, los enfermos y necesitados, amor a los pecadores, amor de amistad a los discípulos, amor a los enemigos. Así es, para no­sotros, un modelo de amor a todos y nos marca con su ejemplo el camino que hemos de seguir nosotros para ser sus discípulos, entregando nues­tra vida al amor a Dios y al amor a los hermanos.

En este mismo mes de junio cele­bramos el pasado domingo la festivi­dad del Cuerpo y la Sangre de Cris­to: el Corpus Christi. Otra festividad que nos habla del amor de entrega por amor al Padre y a los hombres de su cuerpo y sangre para nuestra salvación y para el perdón de todos nuestros pecados.

Cristo quiso quedarse con noso­tros en la eucaristía, como alimen­to para nuestra fe y como presencia permanente en nuestras vidas, cum­pliendo su promesa de estar con no­sotros todos los días hasta el fin del mundo. «Y sabed que yo estoy con vosotros todos los días, hasta el final de los tiempos» (Mt 28, 20).

La entrega oblativa de Cristo por nosotros y por nuestra salvación nos debe comprometer a nosotros a en­t regarnos por los de­más, espe­cialmente por aque­llos que son sus predilectos: los pobres, los enfermos, los desahuciados de la so­ciedad; porque precisamente en esto y por esto estaremos demostrando y los demás conocerán que somos dis­cípulos suyos. «Os doy un manda­miento nuevo: que os améis unos a otros; como yo os he amado, amaos también unos a otros. 35 En esto co­nocerán todos que sois discípulos míos: si os amáis unos a otros» (Jn 13, 34 – 35).

Dos festividades que nos habla de la misma realidad: el amor, el amor que Cristo tiene al Padre y el amor que nos tiene a nosotros.

Él es un auténtico modelo que he­mos de tratar de imitar y encarnar en nuestra vida cada uno de nosotros si queremos, de verdad, ser discípulos y seguidores suyos, olvidándonos de nosotros mismos, para centrarnos en la entrega amorosa a lo que el Padre nos pida y a lo que el amor a los de­más nos exija.

Vivamos pues este amor y desde este amor a Dios y a los hermanos, especialmente a los más necesitados y estaremos respondiendo al amor incondicional que Él nos tiene, y a nuestra condición de discípulos su­yos.

¡Feliz domingo para todos!

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.