La blasfemia contra el Espíritu

Mons. César Franco             Las palabras de Jesús en el evangelio de este domingo siempre sorprenden a los lectores. Dice que «todo se les podrá perdonar a los hombres; los pecados y cualquier blasfemia que digan; pero el que blasfeme contra el Espíritu Santo no tendrá perdón jamás, cargará con su pecado para siempre» (Mc 3, 28-29). ¿Cómo es posible que este pecado no tenga perdón? ¿No es infinito el amor de Dios e infinita su capacidad de perdonar?

Para entender esta afirmación de Cristo, conviene situarla en su contexto histórico. La enseñanza y la actividad de Jesús suscitó fuertes controversias, muchas alimentadas por la admiración hacia su persona y otras por el odio que alentaban sus enemigos. Sus propios familiares, dice Marcos en el evangelio de este domingo, llegaron a pensar que estaba loco. En este contexto, se añade que los escribas de Jerusalén pensaban que estaba endemoniado y que expulsaba los demonios por un pacto con el jefe de los demonios. Contra esta acusación, Jesús se defiende con un argumento contundente: Es imposible que Satanás luche contra sí mismo para dividir su reino. Los milagros de Jesús, especialmente las curaciones de posesos, indican que él es más fuerte que Satanás y puede arrebatarle sus rehenes. Y para dejar claro en qué consiste la blasfemia contra el Espíritu Santo, añade el evangelista: «Se refería a quienes decían que tenía dentro un espíritu inmundo».

Equiparar al Espíritu Santo con Satanás constituye una blasfemia imperdonable, pues da por supuesto que quien llega a tal extremo se cierra al arrepentimiento y al perdón. Un teólogo de nuestro tiempo comenta así esta blasfemia contra el Espíritu Santo: «Es una abierta oposición a Dios, cuyo Espíritu, activo en la obra de Jesús es visible a quien lo quiera ver. Allí donde actúan los hombres —también la Iglesia— su acción puede ser criticada, pero donde es Dios mismo el que actúa, el hombre que se opone a él se condena a sí mismo». Se explica así por qué Jesús, cuando invita a creer en él a quienes se le oponían de modo pertinaz, les ofrecía el testimonio de sus obras: «Si no creéis en mi, al menos creed en mis obras» que dan testimonio de mí. Si Jesús, en efecto, realizaba milagros, cuyos contemporáneos reconocían, era en razón de su poder espiritual y de su estrecha unión con su Padre. Interpretar este poder como signo de un pacto con el demonio significaba oponerse radicalmente a Dios y negar en definitiva el bien supremo. Tal posición incapacita para recibir el perdón. No es que Dios no pueda perdonar; es el hombre el que se opone a recibir la verdad y el amor.  Aquí radica el drama enorme de la libertad humana que puede oponerse a Dios hasta sus últimas consecuencias.

El evangelio de este domingo, sin embargo, no es sombrío, a pesar de esta seria advertencia de Jesús. Cuando le dicen a Jesús que su madre y familiares le buscan, Jesús afirma: «¿Quiénes son mi madre y ms hermanos? Y paseando la mirada por el corro, dijo: Estos son mi madre y mis hermanos. El que cumple la voluntad de Dios, ese es mi hermano y mi hermana y mi madre» (Mc 3,35). En contraste con aquellos que blasfemaban contra el Espíritu, aparece la comunidad de Jesús, que escucha su palabra y le sigue. Son los bienaventurados y sencillos de corazón que perciben en Jesús la presencia misma de Dios, actuando en la historia, y se adhieren con fe y alegría a quien revela la autoridad de Dios en sus gestos y palabras. Esta es la familia de Jesús, que no se rige por categorías de carne y sangre sino por la fe. Esta familia nacida en torno a Jesús, la Iglesia, es el signo más elocuente de que la acción de Cristo desautoriza la crítica de sus enemigos.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).