Gaudete et exultate (I): la santidad es para todos

Mons. Enrique Benavent            Hace unas semanas se hizo pública una nueva exhortación apostólica del papa Francisco titulada Gaudete et exultate (Alegraos y regocijaos). De nuevo el tema de la alegría cristiana está presente en el título de un documento del magisterio del papa Francisco. Esto encierra un mensaje que ya se indicó en la exhortación Evangelii gaudium (La alegría del Evangelio): “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de quienes se encuentran con Jesús… Con Cristo siempre nace y renace la alegría” (EG, nº 1). Podemos decir que en el pensamiento del Papa un cristianismo vivido sin alegría encierra algo de inauténtico.

En continuidad con su magisterio, el Papa ha publicado este nuevo documento que nos lleva a profundizar todavía más en esta intuición: la alegría cristiana es auténtica cuando se vive como vocación a la santidad. El Señor, nos dice el Papa, “lo pide todo, y lo que ofrece es la verdadera vida, la felicidad para la que fuimos creados. Él nos quiere Santos y no espera que nos conformemos con una existencia mediocre” (GE, nº 1). Un cristiano auténtico es aquel que encuentra su alegría al vivir su vida plenamente como un camino de santidad. La alegría es signo de autenticidad cristiana y, por tanto, de santidad.

Esta vocación no es para unos pocos escogidos. En la Iglesia hay muchos signos de santidad que muchas veces pasan desapercibidos y no valoramos. En Gaudete et exultate afirma el papa Francisco: “No pensemos solo en los ya beatificados o canonizados. El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios” (GE, nº 6). Y más adelante concreta todavía más esta idea: “Me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos Hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esa constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante” (GE, nº 7).

La vocación a la santidad es el camino de todo bautizado. “Para ser Santos no es necesario ser obispos, sacerdotes, religiosas o religiosos… Todos estamos llamados a ser Santos viviendo con amor y ofreciendo el propio testimonio en las ocupaciones de cada día, allí donde cada uno se encuentra” (GE, nº 14). Tampoco es necesario realizar acciones extraordinarias: “Esta santidad a la que el Señor te llama irá creciendo con pequeños gestos” (GE, nº 16), mediante los cuales nos vamos uniendo cada día más a Cristo. Ni siquiera hemos de pensar que la santidad exige al cristiano una perfección absoluta: “No todo lo que dice un santo es plenamente fiel al Evangelio, no todo lo que hace es auténtico o perfecto. Lo que hay que contemplar es el conjunto de su vida, su camino de santificación, esa figura que refleja algo de Jesucristo” (GE, nº 22). No se trata, por tanto, de que toda la vida de un cristiano sea perfecta, sino de que en nuestras palabras y actitudes se refleje algo de Cristo.

Que estas reflexiones del primer capítulo de este documento del papa Francisco nos lleven a no considerar la santidad como algo inalcanzable y a no tener miedo a vivir la aventura de esta vocación común a todos los cristianos.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.