¿Por un Corpus “Patrimonio Inmaterial”?

Mons. Braulio Rodríguez             Por la gracia de Dios, hemos celebrado un año más la solemnidad del Corpus Christi el domingo 3 de junio; antes, el 31 de mayo, la celebración de la Santa Misa en Rito Hispano precedió en ese Jueves a la gran procesión del Señor Sacramentado por el hermosísimo recorrido tradicional de nuestra ciudad de Toledo. Son días intensos en una ciudad y Diócesis que dedica a la adoración a la Eucaristía lo mejor de su vida y de su patrimonio. Es difícil, pues, entender Toledo sin la celebración del Corpus.

La afluencia de personas que llegan a la ciudad de Toledo es enorme. Nuestras calles y casas muestran todo su esplendor. Acogemos a todos, nos sentimos halagados por los elogios de la celebración de la Misa y la Procesión con la custodia de Arfe. Agradecemos el esfuerzo que Catedral y Cabildo, sacerdotes y vecinos toledanos hacen en estos días por engalanar la ciudad; también por la contribución de nuestras autoridades a este esplendor de calles y plazas. Igualmente reconocemos que ellas llegan a la Catedral Primada para la celebración y recorren calles y plazas acompañando al Santísimo, pues haciéndose presentes en el templo catedralicio, nos honran y reconocen que la Iglesia Católica forma parte de la sociedad toledana. También sería semejante nuestro agradecimiento, si no quisieran estar presente por las causas que fueran, porque con su ausencia muestran que existe separación entre la Iglesia Católica y el Estado, esa separación saludable.

No es cuestión ahora de calibrar quién sale beneficiado de una buena relación de la Iglesia diocesana con las autoridades elegidas por nuestro pueblo democráticamente. Sin duda estas buenas relaciones, normales, son beneficiosas para el conjunto de nuestra sociedad. Esta apreciación mía creo que es objetiva. Pero hay que cuidarlas bien para que no sean susceptibles de empobrecerse. O bien porque los que formamos la Iglesia quisiéramos privilegios para nada necesarios, o bien porque nuestras autoridades quisieran “domesticar” a la Iglesia o a su jerarquía.

Con relación a la solemnidad del Corpus Christi en ocasiones hemos puesto un reparo en no considerar suficientemente la naturaleza de esta fiesta litúrgica de la Iglesia Católica. En ella la celebración de la Eucaristía, que es el memorial de lo que hizo y dijo Jesucristo el Jueves y el Viernes Santo, precede a la Procesión “litúrgica” de Jesucristo en la Custodia por las calles engalanadas de la ciudad de Toledo. Ambas realidades, Misa y Procesión, son inseparables, pues no se trata de una Procesión sin más de las que se celebran en esta ciudad, de modo que lo que sucede en el interior de la Catedral nada tenga que ver con lo que sigue en el recorrido tradicional, con su belleza única, el silencio o el aplauso de los fieles o simples espectadores. Si separamos Misa de Procesión, no haríamos justicia lo que esta solemnidad del Corpus es en la Liturgia de la Iglesia.

La expresión “patrimonio inmaterial”, del tipo que fuera (local, regional, internacional o mundial), aplicada a esta fiesta tan especial para Toledo, puede ser un punto de vista legítimo, pero no necesariamente bueno, pues una declaración de este tipo es susceptible de muchas cosas. Tampoco me gusta demasiado llamar al conjunto de estos días de fiesta “semana grande”. Nada tengo en contra de la fiesta ni de que la gente se divierta como quiera, pero es preciso respetar lo que la fiesta del Corpus es en sí. Confeccione nuestro Ayuntamiento cuantos festejos o actos desee y organice, pero, tras nueve años como Arzobispo de Toledo, sí digo que sería necesario cuidar bien todo el conjunto de estos días y de la Procesión, para conseguir armonía, pero sin poner en riesgo lo que la Iglesia de Toledo celebra el domingo del Corpus y el Jueves del Corpus en el Calendario Hispano-Mozárabe.

Está muy bien lo que viven los sentidos en la Procesión de ese Jueves único y otras muchas cosas bellas que la realzan por las calles y plazas de Toledo. Pero todas esas sensaciones no han de estar valoradas por encima de lo esencial: la Iglesia Católica celebra la Misa y prolonga esta celebración con la Procesión con su Señor sacramentado en la custodia de Enrique de Arfe. Y siente la necesidad porque cree realmente que la Sagrada Forma es su Señor Resucitado, Dios y Hombre verdadero que ha querido quedarse con nosotros. Y eso es muy digno de respeto y de ser tenido en cuenta.

+ Braulio Rodríguez Plaza

Arzobispo de Toledo y Primado de España

 

Mons. Braulio Rodríguez
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Don Braulio Rodríguez Plaza nació en Aldea del Fresno (Madrid) el 27 de enero de 1944. Estudió en los Seminarios Menor y Mayor de Madrid. En 1973 obtuvo la Licenciatura en Teología Bíblica en la Universidad Pontificia de Comillas. En 1990 alcanzó el grado de Doctor en Teología Bíblica por la Facultad de Teología del Norte, con sede en Burgos. Ordenado presbítero en Madrid, el 3 de abril de 1972. Entre 1984 y 1987 fue miembro del Equipo de Formadores del Seminario Diocesano de Madrid. Fue nombrado obispo de Osma-Soria el 13 de noviembre de 1987, siendo ordenado el 20 de diciembre. En 1995 fue nombrado obispo de Salamanca. El 28 de agosto de 2002 se hizo público su nombramiento por el Santo Padre como arzobispo de Valladolid. Benedicto XVI lo nombró Arzobispo electo de Toledo, tomando posesión de la Sede el día 21 de junio de 2009. Es el Arzobispo 120 en la sucesión apostólica de los Pastores que han presidido la archidiócesis primada.