«Haced esto en memoria mía»

Mons. César Franco            Si hay un mandato de Jesús que vincula a la Iglesia hasta su venida gloriosa es el de celebrar su Cena, llamada «Cena del Señor». Cuando san Pablo narra la institución de la Eucaristía en su primera carta a los Corintios, repite dos veces la fórmula: «Hacedlo en memoria mía». Memoria no es una evocación del pasado, es la actualización en el tiempo de lo que Jesús hizo y dijo en la víspera de su pasión. Por eso, la Eucaristía edifica y renueva la Iglesia en su caminar por el tiempo. Sin ella, la Iglesia no puede subsistir como Cuerpo de Cristo ni puede ofrecer a los hombres la vida eterna que Cristo ha vinculado a su Cuerpo y a su Sangre. Así lo dice Jesús en su discurso de Cafarnaún sobre el pan de vida: «En verdad, en verdad os digo: si no coméis la carne del Hijo del Hombre y no bebéis su sangre, no tenéis vida en vosotros».

Estas palabras de Jesús escandalizaron a muchos oyentes, incluso dentro del grupo de los apóstoles, porque aún no conocían plenamente la identidad de quien las decía. Jesús aún no había celebrado su Última Cena, en la que instituyó el nuevo culto sirviéndose del pan y del vino, alimentos cotidianos, que serían convertidos en comida de inmortalidad. Cuando Jesús afirma que quien le coma vivirá por él, había multiplicado los panes y los peces para alimentar a una multitud hambrienta. Tal fue el entusiasmo que intentaron hacerlo rey, porque pensaban que así tenían asegurado el sustento diario. La paradoja está en que, al decir que quien coma de él vivirá para siempre, la gente se escandaliza y le abandona. Jesús les echará en cara su incredulidad criticando que le sigan por el pan material y no por el pan de la vida.

Lo mismo podemos decir de nosotros. Es un hecho bien constatable que la Eucaristía está devaluada entre los mismos cristianos. Fuera del domingo y de alguna solemnidad, sólo un número cada vez más pequeño de cristianos participa de ella. A las primeras comuniones, celebradas a veces con un lujo desproporcionado, sucede la desbandada de muchos niños y niñas que no vuelven a participar en la Eucaristía con fidelidad. Durante la semana, ¿cuántos acuden a orar ante el sagrario o hacen alguna visita a quien ha dado la vida por nosotros? La presencia de Cristo en nuestros templos ha dejado de ser significativa del misterio que entrañan las palabras de Cristo: Esto es mi cuerpo, esta es mi sangre. Hemos perdido la memoria. Y quien pierde la memoria no comprende ni su pasado, ni el presente ni el futuro. «Haced esto en memoria mía».

No debe extrañarnos que la Iglesia pase por momentos de enorme debilidad. Sin alimento no puede haber vida, ni fuerza, ni entusiasmo. La anemia del espíritu pone en peligro la vitalidad de la Iglesia, que la hace ser misionera, creativa, abierta al futuro con ilusión y esperanza. Perder la memoria es olvidar que Cristo nos ha redimido, ha dado su vida por nosotros y se ha quedado de forma permanente entre nosotros, en la Eucaristía. Necesitamos que, como hizo con los discípulos de Emaús, se acerque a nosotros y nos explique qué significa la fracción del pan, su entrega generosa hasta la muerte. Necesitamos que sople las cenizas que cubren las brasas mortecinas de la fe, y nos recuerde que vive entre nosotros. Necesitamos explicar bien a niños, adolescentes y jóvenes que ir a misa no es un acto rutinario, sino lo más grande que podemos hacer en la semana, porque en ella recuperamos la conciencia de quién es Cristo, quiénes somos nosotros y cuál es la vida que recibimos, y la que queremos llevar en el futuro. Porque si no comemos el pan de la vida eterna, sólo nos espera la muerte. Del alma, ciertamente, pero muerte al fin y al cabo, que tiene sus dramáticas consecuencias en la vida de cada día.

 

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).