Altruismo y compromiso cristiano

Mons. Juan del Río                El heroísmo del inmigrante de Mali, Mamadou Gassama, que escaló un edificio en París para salvar a un niño que colgaba de un balcón, ha sido reconocido por la ciudadanía francesa y admirado por la opinión pública. En esta misma línea, cabe destacar la labor de muchos voluntarios pertenecientes a diversas organizaciones que arriesgan sus vidas en el salvamento de inmigrantes africanos en las costas mediterráneas. En esta labor humanitaria hay que subrayar la Operación Sophia de la UE, donde participan militares españoles luchando contra las redes de tráficos de personas y evitando tantas muertes en el Mare Nostrum.

Estas acciones personales o institucionales de valentía y grandeza, se dan especialmente en las nuevas generaciones y revelan un fuerte sentido del altruismo que supera las fronteras de razas y culturas. Estas, y otras muchas acciones elogiables, nos hablan de que no estaremos felices y en paz los unos sin los otros, y aún menos, los unos contra los otros. Esos gestos, son un grito profético de fraternidad, de cómo la última palabra no la debe tener el intercambio, ni la contraprestación, sino el reconocimiento del otro y sus carencias.

El fenómeno del voluntariado social, como expresión concreta de la solidaridad, es una de las actitudes mejores valoradas en esta sociedad actual. Representa, el lado más humano de la vida por todo lo que significa: gratuidad, generosidad, esfuerzo, sacrificio, entrega y cercanía con las necesidades más apremiantes de los ciudadanos. Los sectores a los que el voluntariado se extiende son muy variados y amplios, como pueden ser: el asistencial, sanitario, cultural, educativo, promoción y capacitación laboral, acogida e integración social de emigrantes, ayuda al Tercer Mundo y otros. Las diversas organizaciones que lo engloban están sustentadas en el principio de subsidiaridad, para llegar con sus trabajos allí donde el Estado no puede lograr en su gestión ordinaria. Pero la solidaridad nunca sustituye a la justicia que debe regir las relaciones entre los seres humanos.

Puede que alguno se pregunte: ¿Qué diferencia hay entre el voluntariado benefactor de hoy y la visión cristiana del prójimo de siempre? Pues, sin minusvalorar otras formas o motivaciones para el voluntariado filantrópico, la diferencia está en la raíz del compromiso del cristiano en favor de sus semejantes, que luego se trasluce en unas formas de actuar especificas que revelan su identidad originaria. El voluntario cristiano, ha de tener muy claro, que su compromiso nace del acto mismo de fe en Dios revelado en Cristo, por el cual, el hermano se convierte en el “rostro” del mismo Jesús. Así, dice el Papa Francisco: “La fe nos hace prójimos, nos hace prójimos a la vida de los demás. Nos aproxima a la vida de los demás. La fe despierta nuestro compromiso, la fe despierta nuestra solidaridad”.

Vemos pues que, el voluntariado cristiano tiene una fundamentación distinta y diversa al voluntariado simplemente humanista. La mística que impulsa a la acción en favor del necesitado dimana de la vida y mensaje de Jesucristo, servidor de los enfermos y los pobres. Y así, esta acción ha de ser concebida como un verdadero ministerio de caridad fraterna, que lo aleja de cualquier interés o búsqueda de gratificaciones indirectas, personales o profesionales. Donde no alcanza la justicia y la solidaridad, está la caridad que procede de la fe en el Dios del Amor.

 

Para el católico, participar como voluntario en una acción social supone dar respuesta a una llamada que brota del mismo Evangelio. Por tanto, para un cristiano resulta impensable separar la solidaridad del mensaje de las Bienaventuranzas. Si nos sentimos unidos a los demás (es decir, si somos solidarios) no es sólo por una simple razón de pertenencia a la comunidad humana, sino sobre todo por el imperativo del mandamiento del amor. Por ese distintivo, se conoce a los verdaderos discípulos de Cristo: “amaos los unos a los otros, como yo os he amado. Nadie tiene amor más grande que quien da la vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando”(Jn 15,12-13).

 

+Juan del Río Martín

Arzobispo Castrense de España

Mons. Juan del Río
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Mons. D. Juan del Río Martín nació el 14 de octubre de 1947 en Ayamonte (Huelva). Fue ordenado sacerdote en el Seminario Menor de Pilas (Sevilla) el 2 de febrero de 1974. Obtuvo el Graduado Social por la Universidad de Granada en 1975, el mismo año en que inició los estudios de Filosofía en el Centro de Estudios Teológicos de Sevilla, obteniendo el título de Bachiller en Teología en 1979 por la Universidad Gregoriana de Roma. Es doctor en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma (1984). Su ministerio sacerdotal lo desarrolló en la diócesis de Sevilla. Comenzó en 1974 como profesor en el Seminario Menor de Pilas, labor que ejerció hasta 1979. De 1976 a 1979 regentó la Parroquia de Sta. María la Mayor de Pilas. En 1984, una vez finalizados los estudios en Roma, regresó a Sevilla como Vice-rector del Seminario Mayor, profesor de Teología en el Centro de Estudios Teológicos, profesor de Religión en el Instituto Nacional de Bachillerato Ramón Carande y Director espiritual de la Hermandad de los Estudiantes de la Universidad sevillana. CARGOS PASTORALES En los últimos años como sacerdote,continuó su trabajo con los jóvenes e inició su labor con los Medios de Comunicación Social. Así, desde 1987 a 2000 fue capellán de la Universidad Civil de Sevilla y Delegado Diocesano para la Pastoral Universitaria y fue, desde 1988 a 2000, el primer director de la Oficina de Información de los Obispos del Sur de España (ODISUR). Además, colaboró en la realización del Pabellón de la Santa Sede en la Expo´92 de Sevilla, con el cargo de Director Adjunto, durante el periodo de la Expo (1991-1992). El 29 de junio de 2000 fue nombrado obispo de Jerez de la Frontera y recibió la ordenación episcopal el 23 de septiembre de ese mismo año. El 30 de junio de 2008, recibe el nombramiento de Arzobispo Castrense de España y Administrador Apostólico de Asidonia-Jerez. Toma posesión como Arzobispo Castrense el 27 de septiembre de 2008. El 22 de abril de 2009 es nombrado miembro del Comité Ejecutivo de la CEE y el 1 de junio de 2009 del Consejo Central de los Ordinarios Militares. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro del Consejo de Economía y de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde marzo de 2017. Ya había sido miembro de esta Comisión de 2002 a 2005 y su Presidente de 2005 a 2009, año en que fue elegido miembro del Comité Ejecutivo, cargo que desempeñó hasta marzo de 2017. El 20 de octubre de 2011, en la CCXXI reunión de la Comisión Permanente, fue nombrado miembro de la "Junta San Juan de Ávila, Doctor de la Iglesia".