La nueva evangelización y los laicos

Mons. Gerardo Melgar         Queridos diocesanos:       Hoy quiero habla­ros de la importante misión de los laicos en la tarea evangelizado­ra de toda la iglesia y en la tarea de hacer realidad la nueva evangelización en el mundo actual.

El santo Juan Pablo II en su encí­clica Novo millenio ineunte es el que llama la atención del cambio radical que se había producido en los países de la vieja Europa cristiana, que ha­bían pasado de ser una sociedad cris­tiana basada explícitamente en los valores evangélicos a una sociedad en los que se habían perdido los va­lores morales y cristianos en los que había estado fundamentada.

Ante esta realidad de cambios ra­dicales y profundos, decía él, «hace falta reavivar en nosotros el impulso de los orígenes, dejándonos impreg­nar por el ardor de la predicación apostólica después de Pentecostés».

Es a un mundo radicalmente nuevo al que hemos de proponer el evangelio con un nuevo ardor, con nuevos métodos y con nuevas expre­siones, de tal manera que ayudemos a cada hombre a entrar en contacto con Cristo, a encontrarse con Él y que hagamos a la Iglesia apta para transmitir de forma comprensiva y persuasiva para el hombre de hoy, el evangelio de la salvación.

En esta tarea de toda la Iglesia, los laicos de ninguna manera se pueden sentir al margen, como que la res­ponsabilidad de la evangelización del mundo actual recayera solo en los pastores.

Los laicos participan de la misión que el Señor ha confiado a toda la Iglesia, de llevar su mensaje salvador al corazón de los hombres para que se conviertan y se salven y son co­rresponsables de la misión recibida del Señor precisamente en virtud del sacerdocio real que recibimos todos en el bautismo, por el cual participan de la misión profética de Cristo con sus palabras, obras y testimonio de vida.

Lo específico de la participación de los laicos en la evangelización consiste en hacer brillar la fuerza del evangelio en la vida cotidiana, en la vida familiar y social. Su capacidad y responsabilidad evangelizadora no deriva de la delegación por la jerar­quía, sino directamente de Cristo y les ha sido comunicada por medio del bautismo y de la confirmación.

Los laicos deben ser evangeliza­dores en la vida ordinaria de familia a la que deben evangelizar; de traba­jo, en el que deben ser testigos de res­peto por la dignidad de la persona; y en las relaciones sociales, en las que deben mostrar a Cristo presente en ellas y su convencimiento de la pre­sencia y de la acción de Dios en todo momento.

A esta tarea de hacer presente el espíritu de Cristo en la vida ordina­ria, los laicos, al igual que los pasto­res, deben priorizar en la transmisión del mensaje evangélico la relación personal, el «tú a tú», «de persona a persona», que en un clima de amistad y a través del diálogo transmite al otro su propia ex­periencia de encuentro con el Señor y explica su propia experiencia del don de la fe recibido y lo que para él y para su vida significa.

La tarea evangelizadora de la Iglesia depende, en gran parte, de la aportación y de la responsabilidad de los laicos, por eso todos debemos sentirnos implicados y nadie ausen­te ante la responsabilidad de esta misión evangelizadora del mundo actual. Los obispos españoles, en su exhortación pastoral «Cristianos lai­cos, iglesia en el mundo» (CLIN), ter­minan con una última frase muy sig­nificativa: «La nueva evangelización o se hace por los laicos o no se hará».

Sintámonos todos implicados en esta misión evangelizadora unien­do a la palabra y al anuncio el tes­timonio y la coherencia de una vida cristiana auténtica, alimentada y for­talecida por la participación en los sacramentos que sostienen y sostienen y alimen­tan nuestra vida cristiana.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.