“Tenemos que plantearnos seriamente cuidar la acogida en nuestras comunidades eclesiales”

Carlos Aguilar Grande ha sido el encargado de poner el broche final a la Formación del Clero de este curso en la diócesis de Plasencia.

Doctor en Teología y vicario de Evangelización de Madrid, Carlos Aguilar acordó el tema “Mirando a Evangelii Gaudium. Sugerencias pastorales para la renovación misionera de la Iglesia particular y la parroquia”.

¿Cuál es el verdadero espíritu de las reformas en la Iglesia?

No es otro sino que la Iglesia es sacramento de ese Dios que es eterna novedad; de ese Dios que nunca envejece, que camina con el hombre y le acompaña en su historia en todo momento y circunstancia, y, por tanto, se adapta a cada situación, por diferente que sea. Por todo ello, la Iglesia siempre ha de estar dispuesta a salir, a despertarse de las modorras que a veces nos asaltan a los que formamos parte de ella; a vencer las inercias que nos llevan a hacer lo de siempre. Como nos dice el Papa en Gaudete et exultate «Desafiemos la costumbre, abramos bien los ojos y los oídos, y sobre todo el corazón, para dejarnos descolocar por lo que sucede a nuestro alrededor y por el grito de la Palabra viva y eficaz del Resucitado» (nº 137).

¿Qué ámbitos de la pastoral el Papa nos señala como más necesitados de cambios?

En realidad son todos; porque lo que importante es que discernamos, a la luz de la Palabra de Dios, si nuestros estilos, horarios, instrumentos pastorales, costumbres, lenguajes y estructuras, son un cauce adecuado para evangelizar hoy a nuestro mundo; y estar dispuestos a renovar, cambiar, rejuvenecer, innovar cuanto sea necesario para poder ser fieles a lo que Dios nos pide y para poder servir a nuestros hermanos a quienes les queremos comunicar la alegría del Evangelio. La gran innovación, por tanto, será incorporar la herramienta del discernimiento a nuestro quehacer pastoral cotidiano; y el criterio: no hacer nada sin haber hecho el mínimo discernimiento, para tener suficientemente claro lo que Dios nos pide a cada uno, a cada comunidad cristiana y a la Iglesia, al tiempo que descubrimos cómo, por su parte, el Señor nos primerea y nos va abriendo los caminos que nos llama y nos invita a recorrer para llegar a todos.

¿Con quién es necesario contar a la hora de discernir y llevar a cabo los cambios?

Sin duda este es uno de los aspectos en el que el Papa más insiste: el discernimiento lo hemos de hacer entre todos; cada uno de los fieles cristianos ha de aportar su granito de arena, ya que el Espíritu Santo habita en toda la Iglesia y en cada uno de los fieles. Por eso hemos de estar dispuestos a escuchar a todos y singularmente a aquellos que normalmente no les solemos prestar atención en la vida de la Iglesia. Entre ellos, el Papa señala al colectivo de las mujeres, tan omnipresentes en todos los campos de la pastoral de la Iglesia, empezando por la Iglesia doméstica, que es la familia, y siguiendo por el de la Iniciación cristiana, la animación litúrgica, la caridad, etc. Por todo ello a partir de ahora sea hace muy «necesario ampliar los espacios para una presencia femenina más incisiva en la Iglesia […] en los diversos lugares donde se toman las decisiones importantes» (Evangelii gaudium 103). Además de las mujeres, el Papa habla de necesidad de escuchar a jóvenes y ancianos; y de escucharles de manera conjunta, ya que cada uno de estos colectivos tiene que aportar algo muy específico y propio de su edad. Por último, me gusta recordar que el Papa habla de que si algo nos ayudará a reformar la Iglesia será escuchar a los pobres y ponerles en el corazón y en el centro de nuestras comunidades.

¿Cuáles son las razones para ese cambio?

La principal razón ya la hemos señalado: Dios es siempre nuevo y la Iglesia debe ser fiel reflejo (sacramento) del ser mismo de Dios. Junto con esta razón, es necesario reconocer que la situación del mundo, de nuestra sociedad, de nuestra cultura, de las tecnologías que hoy usamos, de los hábitos de nuestras gentes, de sus horarios sobre todo laborales, las circunstancias familiares y tantos otros condicionantes necesariamente tienen que conllevar un cambio en nuestras estructuras. De lo contrario las estructuras más que servirnos nos aplastarán y resultarán imposibles de comprender para las personas a las que pretendemos servir. Más que ayudar al anuncio del Evangelio, corremos el riesgo de que acaben encorsetándolo. Por todo ello tenemos que plantearnos seriamente cuidar la acogida en nuestras comunidades eclesiales, de manera que quienes se acercan a participar de la vida de la Iglesia no se sientan en territorio hostil. Hemos de discernir si no hay un exceso de burocracia en nuestros modos de proceder; un predominio de lo administrativo sobre lo pastoral; demasiado clericalismo en la mentalidad y en las formas; si no estamos excesivamente esclavizados por esquemas que dejan pocos resquicios para que la gracia actúe.

(Iglesia en Plasencia)

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