El Pan de la Palabra. Solemnidad de la Pentecostés

Mons. José María Yanguas           Con esta fiesta de Pentecostés se culminan las fiestas de Pascua. El gran de don de Dios junto a su Hijo es el Espíritu. Y el Espíritu, como el viento, es imposible de ponerle rostro. Por esta razón, la Biblia lo ha tratado de simbolizar de mil maneras diferentes: ave que revolotea sobre la masa informe antes de la creación, soplo que da la vida al barro moldeado por Dios, llama de fuego, viento…

Para comenzar a comprender el significado profundo de esta celebración, nos detenemos en aquel primer Pentecostés. Los judíos, 50 días después de la Pascua judía, se reunían para celebrar esta fiesta agrícola en su origen. Con ella evocaba la llegada al monte del Sinaí y el don de la Ley, y con ello la Alianza sellada por Dios con Israel. En este contexto, aquellos primeros discípulos, según la lectura del libro de los Hechos, ellos reciben un don especial, en forma de lenguas de fuego. Se trata del gran don de Dios que según el evangelio de Lucas, el mismo autor del libro de los Hechos, es el que los discípulos han de pedir al Padre cada vez que rezan el Padrenuestro, el Espíritu. Como sucedió con el pueblo de Israel, ahora Dios por medio de su Hijo con el don del Espíritu, quiere renovar su alianza. Ahora el nuevo pueblo de Dios está formado por hombres y mujeres venidos de todos los pueblos, pero capaces de vivir en comunión. El Espíritu de Dios es el que nos conciencia de ser hijos e hijas de Dios, y por lo tanto capaces de vivir en familia. El Espíritu permite que hombres y mujeres de diferente procedencia, con ideas distintas… se puedan sentir hermanos y hermanas, hijos del mismo Dios, miembros de la misma familia.

La segunda lectura nos muestra el mismo ambiente familiar de Dios con la imagen de un cuerpo formado por diferentes miembros que se complementan. En la casa, la madre, el padre, los hijos e hijas son diferentes, tienen funciones distintas, cualidades diversas… pero todos forman parte de la familia y, si ponen sus peculiaridades al servicio del bien común, pueden gozar de la plenitud que da el amor dado y recibido.

El Evangelio presenta el don del Espíritu por parte de Jesús resucitado a sus discípulos. Con ese don, los discípulos reciben el perdón y la reconciliación de Dios, y los convierte en testigos del perdón de Dios por medio de su Hijo Jesús. Las palabras de Jesús en el evangelio de Juan, dentro de su simplicidad, son todo un programa de vida para todo cristiano: 

     + «Paz a vosotros» (¡¡¡Dios siempre ofreciendo su perdón antes de nada!!!)

     + «Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo»: Dios envió a su Hijo para que hiciera su voluntad y con un estilo propio, el de Dios, que es compasivo, misericordioso, no hace acepción de personas…, y Jesús nos envía a cada uno de nosotros con la misma tarea y con los mismos modos…

     + «Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados…». Del mismo modo que Jesús vivió su vida y su actividad con la conciencia de estar habitado por el Espíritu de Dios, nosotros debemos seguir extendiendo el Reino de Dios, el de los que escuchan la Palabra de Dios y la ponen en práctica, es decir, el de los que hacen la voluntad de Dios, como Jesús, movidos, iluminados y animados por el mismo Espíritu de Dios.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).