El crisol y la experiencia

Mons. Antonio Gómez              Como un hormiguear de personas se llenan en este mes de mayo nuestros caminos de romeros y cofrades hacia sus ermitas, lugares solitarios, como su nombre indica, para la búsqueda de las raíces religiosas que, tantas veces, vamos dejando en los recovecos de la vida. Aunque muchas veces no es así.

Peregrinar es salir para encontrarse. La peregrinación nos invita a viajar con el corazón, caminamos hacia una meta más íntima que lo que supone un lugar, peregrinar requiere un destino, dar respuestas a las preguntas que nos inquietan. No es lo mismo ser peregrino que ser vagabundo. Caminar sin metas es propio de estos últimos.

No sólo caminamos para festejar, para encontrarnos con amigos, para cumplir con tradiciones, nuestra peregrinación se podría convertir en un viaje sin retorno. Peregrinar es una metáfora del viaje espiritual y debe proponer un contexto la conversión, esa necesidad humana de volver al hogar. No a una casa, sino al corazón y la ternura de Dios.

Hace unos días me encontré con cuatrocientos cincuenta cofrades de distintas hermandades en un espacio de encuentro y reflexión. Estaban representadas 28 cofradías de toda la diócesis. Era un clamor que debíamos renovar, fortalecer y animar a estas antiguas instituciones de la Iglesia, para que no se queden tan solo en un afecto de pertenencia, sin ningún tipo de implicación en la comunidad parroquial, ni siquiera de testimonio personal de fe.

Les dije que ser cofrade era un “plus” a ser católico. Las cofradías nacieron para fomentar la vida de fe y de piedad, para asistir a los pobres, a los huérfanos, a los moribundos, y enterrar dignamente a los muertos sin posibilidades. Las cofradías deben por tanto tener su formación catequética, apoyar las iniciativas pastorales de sus parroquias, incorporar su actividad al plan diocesano, ser creativas y sobre todo ser ejemplo de austeridad para poder promocionar la caridad.

Pero muchas veces, me decían algunos, estaban siendo todo lo contrario: no daban importancia a la vida cristiana de los hermanos, no se preocupaban de los pobres y necesitados, sus cuotas se iban en comidas, bordados y oropeles, había luchas de poder entre ellos, pugnas por ver qué cofradía era la mejor, todo basado en criterios mundanos, faltaba el sentido de pertenencia a la Iglesia, algunos pretendías que fuesen una organización civil… Todo menos una hermandad de creyentes.

¡Dios mío! quizás cada cofradía tenía que hacer su propia peregrinación para volver a las fuentes, para ser radicales buscando sus propias raíces. Pero uno tiene que haber madurado, en el crisol de la fe y de la experiencia comunitaria, para poder entender realmente todo esto.

¡Ánimo y adelante!

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Teruel y Albarracín

Mons. Antonio Gómez Cantero
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Antonio Gómez Cantero nació en Quijas (Cantabria) el 31 de mayo de 1956. Cursó estudios de bachillerato en el seminario menor de Carrión de los Condes y eclesiásticos en el seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 17 de mayo de 1981. Obtuvo la licenciatura en Teología Sistemática-Bíblica en el Instituto Católico de París, en 1995. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Palencia, donde ha desempeñado distintos cargos pastorales: en 1982 fue nombrado vicario parroquial de San Lázaro y vocal del Consejo Presbiteral por consiliarios; además de consiliario diocesano del Movimiento Junior A.C. y coordinador de consiliarios de Castilla y León. En 1983 fue nombrado delegado diocesano de Pastoral Juvenil y Vocacional; en 1984, párroco solidario de San Lázaro; en 1985, formador del seminario mayor de Palencia; en 1986, delegado para el acompañamiento vocacional para el presbiterado; en 1990, delegado de Pastoral Juvenil-Vocacional y miembro del Consejo de Consultores; en 1992, consiliario internacional del MIDADEN (Acción Católica de Niños) en París, cargo que ocupó hasta 1995; en 1995, vice-rector y profesor del seminario menor; en 1996, rector del seminario menor y delegado diocesano de Pastoral de Vocaciones; en 1998, rector del seminario mayor, en el que permaneció hasta 2004; en el 2000, profesor extraordinario del Instituto Teológico del seminario mayor de Palencia y miembro del consejo de consultores; en 2001, administrador del seminario mayor y de la casa sacerdotal, y desde 2008 miembro del Colegio de Consultores. Desde el año 2004 es párroco de San Lázaro de Palencia y desde 2008 el vicario general y moderador de curia. Del 8 de mayo de 2015 hasta el 18 de junio de 2016 fue el administrador diocesano de Palencia. El 21 de enero de 2017, se celebró su Ordenación Episcopal y toma de posesión de Don Antonio Gómez Cantero como Obispo de la Diócesis de Teruel y Albarracín.