Discípulos misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo

Mons. Julián Ruiz Martorell        Queridos hermanos en el Señor:       Os deseo gracia y paz.                                                      El Papa Francisco hace frecuentes alusiones al Espíritu Santo en su Exhortación apostólica Gaudete et exsultate. Veamos algunas de ellas: “El Espíritu Santo derrama santidad por todas partes, en el santo pueblo fiel de Dios” (nº 6). “No te desalientes, porque tienes la fuerza del Espíritu Santo (…), y la santidad, en el fondo, es el fruto del Espíritu Santo en tu vida” (nº 15). “La santidad se mide por la estatura que Cristo alcanza en nosotros, por el grado como, con la fuerza del Espíritu Santo, modelamos toda nuestra vida según la suya” (nº 21). “Cada santo es un mensaje que el Espíritu Santo toma de la riqueza de Jesucristo y regala a su pueblo” (nº 21). “¿Acaso el Espíritu Santo puede lanzarnos a cumplir una misión y al mismo tiempo pedirnos que escapemos de ella, o que evitemos entregarnos totalmente para preservar la paz interior?” (nº 27). “No tengas miedo de dejarte guiar por el Espíritu Santo” (nº 34). “Aun el querer ser limpios se hace en nosotros por infusión y operación sobre nosotros del Espíritu Santo” (nº 53). Las bienaventuranzas “solo podemos vivirlas si el Espíritu Santo nos invade con toda su potencia y nos libera de la debilidad del egoísmo, de la comodidad, del orgullo” (nº 65). Las palabras de Jesús “nos permiten caminar y servir con esa actitud llena de coraje que suscitaba el Espíritu Santo en los Apóstoles y los llevaba a anunciar a Jesucristo” (nº 129). “Dejemos que el Espíritu Santo nos haga contemplar la historia en la clave de Jesús resucitado” (nº 139). A través del discernimiento podemos “saber si algo viene del Espíritu Santo o si su origen está en el espíritu del mundo o en el espíritu del diablo” (nº 166). “Si lo pedimos confiadamente al Espíritu Santo, y al mismo tiempo nos esforzamos por desarrollarlo con la oración, la reflexión, la lectura y el buen consejo, seguramente podremos crecer en esta capacidad espiritual [del discernimiento]” (nº 166). “Hace falta pedirle al Espíritu Santo que nos libere y que expulse ese miedo que nos lleva a vedarle su entrada en algunos aspectos de la propia vida” (nº 175). “Pidamos que el Espíritu Santo infunda en nosotros un intenso anhelo de ser santos” (nº 177).

Los Obispos de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar han publicado un Mensaje para la solemnidad de Pentecostés, Jornada de Acción Católica y del Apostolado Seglar, en el que afirman que ser discípulos misioneros de Cristo supone varios rasgos:

1) “Poner al Señor en el centro de la propia existencia. El discípulo de Cristo se nutre de la oración, la escucha de la Palabra y los sacramentos, especialmente de la Eucaristía”.

2) Vivir “en el amor y la fidelidad a la Iglesia, fundada por el mismo Cristo para nuestra salvación”.

3) “Estar atentos a las necesidades de nuestros hermanos, especialmente de los pobres y los excluidos y convertirnos para ellos en oasis de misericordia, luchando por un mundo más justo y solidario”.

4) “Encarnar la vocación al Amor a la que estamos llamados, especialmente en lo cotidiano (familia, trabajo, ocio, etc.), sabiendo acoger y aprender de todos”.

5) Comprometerse “en el cuidado y respeto de la creación”.

6) No dejarse robar la alegría y la esperanza, porque se ha puesto la “confianza plena en el Señor, que es «fuente y origen de toda alegría»”.

Este año se presta un interés especial a los jóvenes para que “reconozcan y acojan la llamada al amor y a la vida en plenitud, y también pedir a los mismos jóvenes que ayuden a identificar las modalidades más eficaces de hoy para anunciar la Buena Noticia. A través de los jóvenes, la Iglesia podrá percibir la voz del Señor que resuena también hoy” (Documento preparatorio para el Sínodo de los Obispos sobre los Jóvenes, la fe y el discernimiento vocacional).

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+ Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.