La Ascensión del Señor a los cielos

Mons. Gerardo Melgar         Celebramos en este do­mingo la festividad de la Ascensión del Señor al cielo. Una fiesta que nos invita a mirar al cie­lo, donde ha ascendido el Señor y de donde va a llegarnos a nosotros la fuerza necesaria para cumplir la mi­sión que Él nos ha dejado encomen­dada: anunciar a todos los hombres de todos los tiempos la Buena Noti­cia de su salvación.

Esta misión que el Señor ha con­fiado en la persona de los apóstoles a toda la Iglesia es su misma misión, la que Él trajo a este mundo y que cumplió hasta el derramamiento de la última gota de su sangre por la sal­vación del hombre. Ha querido que continuemos realizándola nosotros, ofreciendo su salvación a todos los hombres de todos los tiempos, yendo por todo el mundo y predicando el evangelio.

Esta misión es una misión ur­gente. No podemos gastar el tiem­po ni quedarnos paralizados y en­simismados por las cosas que nos encontremos por el camino. Por eso, el mismo Señor, a través del ángel les va a decir a los apóstoles: «¿Qué hacéis ahí plantados mirando al cie­lo?».Id y cumplid la misión que él os ha dejado.

Esto mismo nos dice a todos y cada uno de nosotros como seguido­res suyos:

¿Qué hacéis ahí plantados, dis­traídos, ensimismados por tantas co­sas? Ensimismados por el tener, que nos desvía del verdadero camino y nos hace olvidar el encargo de Cris­to, para ocuparnos en la lucha por te­ner más, pasarlo mejor, tener mejores puestos.

Es verdad que tantas veces nos resulta difícil vivir su encargo en medio de un mundo y una sociedad que va por otros derroteros y lucha por otros valores, pero el Señor no se ha ido huyendo del mundo y deján­donos huérfanos, no, el Señor nos ha prometido: «Yo estoy con vosotros to­dos los días hasta el final de los tiem­pos» (Mt 28, 20), por eso, no nos sen­timos solos, sabemos que a nuestro lado, y por delante de nosotros, va el Señor que estará siempre con noso­tros y nos acompañará con su gracia.

Hemos de tomar en serio la tarea de ser seguidores y misioneros de Jesús y su mensaje, porque, aunque tengamos a veces dificultades, está la mano del Señor que sigue con noso­tros y nos ayuda a superarlas.

El Señor ha ascendido a los cielos y a nosotros nos ha dejado en la tierra con una misión que cumplir; pero nos ha dado su Espíritu Santo, para que en todo momento nos acompañe y nos dé fuerza y gracia para ser los continua­dores de su misión, para que sigamos cumpliendo su misma misión de ha­cer llegar la salvación de Dios a todos los hombres, de todos los tiempos.

Hoy nos encon­tramos con muchas personas a las que el mensaje de Jesús y su misma persona les deja indiferentes, están viviendo su vida como si Dios no existiera.

A nosotros, como creyentes y se­guidores de Cristo, debe preocupar­nos, y nos debemos comprometer a ser portadores del mensaje de Cristo «hasta el corazón del mundo», que decía san Juan Pablo II, para que quienes viven al margen de Dios se encuentren con Él, se conviertan y se salven.

Que el Señor, que nos ha dado la fe y nos ha hecho sus seguidores, nos dé fuerza para ser sus misione­ros, es decir, aquellos que cumplen su misión y son transmisores de su mensaje de salvación a todos los hombres.

Todos los cristianos debemos sen­tirnos comprometidos y empeñados en la misión evangelizadora, porque como dice el papa Francisco: «Todo cristiano, por el hecho de estar bauti­zado, debe ser un auténtico agente de evangelización» y, por lo mismo, de­bemos empeñar nuestra vida en ser testigos del Señor y su mensaje don­de y con quien quiera que vivamos.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.