Discípulos Misioneros de Cristo, Iglesia en el mundo -Día de la Acción Católica y del Apostolado Seglar – Pentecostés 2018

Mons. Jesús Murgui            En la gran fiesta de Pentecostés se completa el tiempo de Pascua, cincuenta días después del domingo de Resurrección. Esta solemnidad nos hace recordar y revivir la efusión del Espíritu Santo sobre los apóstoles, reunidos en el Cenáculo con la Virgen María (cf. Hch.2, 1-11). El Señor, después de resucitar y subir al cielo, cumple su promesa enviando su Espíritu. El Espíritu Santo, irrumpiendo en la historia, derrota su aridez, abre los corazones a la esperanza, estimula y favorece la maduración interior en la relación con Dios y con el prójimo. Los apóstoles son transformados por la acción del Espíritu, volviéndolos capaces de intuir, seguir y atestiguar cuanto han visto y aprendido como discípulos junto a Jesús, e, inundados por su presencia, sienten arder en su corazón el deseo de convertirse en misioneros.

Como afirmaba el beato Pablo VI: “La Iglesia tiene necesidad de su perenne Pentecostés. Necesita fuego en el corazón, palabras en los labios, profecía en la mirada… La Iglesia, toda ella penetrada de fe, necesita experimentar la urgencia, el ardor, el celo de esta caridad; tiene necesidad de testimonio, de apostolado”. (Discurso del 29 de noviembre de 1972). Y en “Evangelii nuntiandi”, recordándonos que la Iglesia existe para evangelizar, destacaba el lugar de los seglares en esta misión, afirmando: “su vocación específica los coloca en el corazón del mundo y a la guía de las más variadas tareas temporales” (EN. n.70).

En nuestros días, en los que Papa Francisco está invitando constantemente a
una Iglesia en salida, se ve lógico que “tengamos un laicado en salida”. Tal y
como nos piden los Obispos de la CEAS en su Mensaje para este “Día de la
Acción Católica y del Apostolado Seglar 2018”: “Unos laicos bien formados,
maduros, animados por una fe sincera y límpida, cuya existencia haya sido
tocada por el encuentro personal con Cristo Jesús”.

Con demasiada frecuencia, nuestras comunidades han pecado de un excesivo
clericalismo. Es importante señalar una y otra vez que esta tarea de la
evangelización no corresponde solamente a los ministros ordenados o a las
personas consagradas. Corresponde a toda la Iglesia, a todo el Pueblo de Dios,
iluminado y alentado por el Espíritu. Y en esta Iglesia, encarnada en el mundo y
la sociedad, tienen su misión y espacio propios los laicos.

Es oportuno traer aquí las palabras de Papa Francisco en Evangelii Gaudium: “En
virtud del Bautismo recibido, cada miembro del Pueblo de Dios se ha convertido
en discípulo misionero (cf. Mt 28,19)… si uno de verdad ha hecho una
experiencia del amor de Dios que lo salva, no necesita mucho tiempo de
preparación para salir a anunciarlo, no puede esperar que le den muchos
cursos o largas instrucciones. Todo cristiano es misionero en la medida que se
ha encontrado con el amor de Dios en Cristo Jesús; ya no decimos que somos
‘discípulos’ y ‘misioneros’, sino que somos siempre ‘discípulos misioneros’”
(n.120).

Todo esto nos implica a todos en promover e incorporar un laicado que existe
en nuestras comunidades, pero que hay que concienciar y dinamizar de forma
más insistente en la misión evangelizadora; un laicado que por un creciente
encuentro con Cristo, como destacamos en nuestro Plan Diocesano de Pastoral,
sea promovido e impulsado a una misión más intensa en el mundo, en la
sociedad.

Y esta necesidad nos debe afectar a todos, y hacer que nos fijemos en buscar
respuestas en la vida de nuestras comunidades a preguntas que, entre otras,
nos hicimos los Obispos españoles en nuestra última Plenaria de la CEE: “¿Cómo
acompañar realmente a los laicos en su misión en la Iglesia y en el mundo?”;
“¿Cómo llevar adelante e impulsar la acción de los laicos en aquellas
experiencias fundamentales como son la familia, la educación, el mundo del
trabajo, la presencia en la vida pública?”; “¿Qué lugar ocupa el Apostolado
Seglar en nuestras iglesia locales?”; “¿Cómo asumimos la presencia de la mujer
en la vida de la Iglesia?”; “¿Cómo promovemos una pastoral de jóvenes que los
prepare para vivir en un mundo en el que Dios ha desaparecido en el horizonte
de muchos?”.

Mucho, pues, por hacer. Por dejar hacer en nosotros al Espíritu Santo, en su
constante venida a nuestra Iglesia. En ella necesitamos seguir siendo
despertados a la misión, todos los miembros del Pueblo de Dios; enviados a
evangelizar, a ser sal y luz, cada uno desde su lugar propio, querido por Dios;
enviados a este mundo tan necesitado de la nueva creación iniciada en
Pentecostés.

Con mi afecto y bendición a todos

+ Jesús Murgui Soriano.
Obispo de Orihuela-Alicante.

 

Mons. Jesús Murgui Soriano
Acerca de Mons. Jesús Murgui Soriano 175 Articles
Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.