Cristo asciende para elevarnos

Mons. Julián Ruiz Martorell           Queridos hermanos en el Señor: Os deseo gracia y paz.         El acontecimiento de la Ascensión de Jesús, que es histórico y trascendente, marca la diferencia entre la manifestación de la gloria de Cristo resucitado y la de Cristo exaltado a la derecha del Padre.

A lo largo de las últimas semanas hemos contemplado con los ojos de la fe, y hemos vivido con gozosa intensidad, el misterio de la resurrección que se hace presente y manifiesto en las apariciones de Jesucristo Viviente.

Ahora, la humanidad de Cristo, y con Él nuestra propia humanidad, entra en la gloria divina. Jesucristo nos abre el camino y nos indica el sendero. Nos guía, nos precede y acompaña.

Tenemos experiencia de caminar con aspecto sombrío por senderos abruptos y pedregosos. Sabemos lo que significa sentir el peso de una mochila llena de amarguras, reproches y sinsabores. Avanzamos lenta y pesadamente sin encontrar orientación y sin vislumbrar la meta. Es evidente el riesgo de dejarnos llevar por “un espíritu apocado, tristón, agriado, melancólico, o un bajo perfil sin energía” (Gaudete et exsultate, 122). Puede haber en nuestra vida y en nuestra actividad una falta de tono que es grave cuando procede de dentro. El consumismo empacha el corazón porque brinda placeres ocasionales y pasajeros, pero no la auténtica alegría. Nos sentimos paralizados por el miedo y el cálculo y solamente nos atrevemos a frecuentar senderos conocidos y en apariencia seguros.

No podemos prescindir del silencio para calmar nuestras ansiedades y para recomponer toda nuestra vida a la luz de Dios. Necesitamos ser educados en la paciencia de Dios y en sus tiempos, que no coinciden con los nuestros.

Jesucristo nos dice: “Cuando yo sea elevado sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí” (Jn 12,32). La elevación de Cristo en la cruz significa y anuncia su elevación en la Ascensión al cielo.

Cristo asciende para hacerse, una vez más, camino. Asciende para orientar definitivamente nuestra mirada hacia los bienes de arriba y para dirigir nuestros pasos hacia el Padre. Nos atrae, nos eleva, nos hace más leve, suave y llevadero el yugo de cada día. Nos concede la audacia, la intrepidez, la valentía, la decisión, el ardor que son necesarios para proclamar con la vida el Evangelio.

Jesucristo es Señor: posee todo poder en los cielos y en la tierra. Es el Señor del universo y de la historia. En Él la historia de la humanidad y toda la creación encuentran su cumplimiento, su meta y su plenitud. Hacia Él se dirige todo. Y con Él todo alcanza su orientación definitiva.

Cristo no asciende para alejarse. Él es la Cabeza y está elevado y glorificado. Pero permanece unido a su Cuerpo, que es la Iglesia, y, por tanto, no se desentiende de la tierra. No se olvida de nosotros, sino que continúa alentando nuestra vida y nuestra misión para hacerlas más fecundas, más gozosas y más plenas.

Durante el mes de mayo, la fe se vuelve peregrina, andariega, caminante, y acudimos a gran cantidad de ermitas y santuarios para venerar a la Virgen María, que supo descubrir la novedad que trae Jesús y, llena de la alegría del Espíritu Santo, cantó las maravillas del Señor. Ella es la primera peregrina en la fe. Su corazón limpio y transparente, donde custodiaba el designio de Dios, y su mirada misericordiosa nos animan a vivir el Evangelio como único criterio, aspirando a los bienes que proceden de lo alto.

Recibid mi cordial saludo y mi bendición.

 

+  Julián Ruiz Martorell,

Obispo de Huesca y de Jaca

Mons. Julián Ruiz Martorell
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D. Julián RUIZ MARTORELL nació en Cuenca el 19 de enero de 1957. Desde pequeño vive en Zaragoza. Realizó los estudios eclesiásticos en el Seminario Metropolitano de Zaragoza, siendo alumno del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (CRETA). Fue ordenado sacerdote en Zaragoza el 24 de octubre de 1981. Encargos pastorales desempeñados: 1981-1983: Ecónomo de Plasencia de Jalón y Encargado de Bardallur; 1983: Encargado de Bárboles, Pleitas y Oitura; 1983-1988: Durante sus estudios en Roma, Capellán de las Religiosas "Battistine"; 1988-1993: Adscrito a la Parroquia de Santa Rafaela María, en Zaragoza; 1991-2005: Director del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar"; 1994-2010: Capellán de la comunidad religiosa del Colegio Teresiano del Pilar; 1998-2005: Director del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón; 1999-2005: Director del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín"; 2007-2010: Delegado de Culto y Pastoral de El Pilar. Fue nombrado obispo de Huesca y de Jaca el 30 de diciembre de 2010. En ese momento desempeñaba los siguientes cargos y tareas: Profesor de Sagrada Escritura del Centro Regional de Estudios Teológicos de Aragón (1988), del Instituto Superior de Ciencias Religiosas "Nuestra Señora del Pilar" (1988) y del Centro de Zaragoza del Instituto Superior de Ciencias Religiosas a distancia "San Agustín" (1988); Miembro del Consejo Diocesano de Pastoral (1993); Miembro del Consejo Presbiteral (1998); Canónigo de la Catedral Basílica "Nuestra Señora del Pilar" de Zaragoza (2004); Miembro del Colegio de Consultores (2005) y Secretario del Consejo Presbiteral; y Vicario General de la Archidiócesis (2009). Fue ordenado obispo en la S. I. Catedral de Huesca el 5 de marzo de 2011. Tomó posesión de la diócesis de Jaca al día siguiente en la S. I. Catedral de esta diócesis.