El mensaje semanal del Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas            Acabamos de dar inicio al mes que el pueblo cristiano denomina “de las flores”, tiempo dedicado a honrar de manera particular a la Madre de Dios. Mayo es, en efecto, la época del año en que la naturaleza se transforma y embellece, y nos habla de vida nueva, que invita a renovar la esperanza, al unísono con la naturaleza que revive, después del gran silencio del invierno, en un sucederse cíclico sin fin.

En el Discurso de clausura del Tercer Periodo de sesiones del Concilio Vaticano II, el Beato Papa Pablo VI nos recordó con fuerza que la realidad de la Iglesia, su ser más auténtico, su verdad, no se agota en su estructura jerárquica, ni en su liturgia, ni en sus sacramentos, ni en sus ordenamientos jurídicos. “Su esencia íntima, decía, la principal fuente de su eficacia santificadora, se debe buscar en su mística unión con Cristo; unión que no podemos pensar separada de Aquélla que es la Madre del Verbo Encarnado, y que Cristo mismo quiso tan íntimamente unida a Él para nuestra salvación” Por eso, la contemplación amorosa de las maravillas que Dios ha obrado en su Santa Madre “debe encuadrarse en la visión de la Iglesia”. El Papa concluía su pensamiento con una afirmación de gran calado teológico: “el conocimiento de la doctrina verdaderamente católica sobre María será siempre la clave de la exacta comprensión del misterio de Cristo y de la Iglesia”. La adecuada presentación de la doctrina católica sobre María permite comprender mejor el gran misterio de Cristo y la Iglesia. La fe en la Madre de Dios y la correcta teología mariana actúan como seguro salvoconducto a la hora de adentrarnos en la contemplación y estudio del dogma cristológico y eclesiológico.

Entendemos, por eso, que si objetivo del Concilio fue poner de manifiesto el rostro de la Iglesia en toda su verdad, es lógico pensar que los Padres Conciliares se ocuparían con calma en algún momento del Concilio en presentar en toda su belleza y verdad el rostro de María. Es lo que hicieron en el cap. VIII de la Constitución Dogmática Lumen Gentium.

En el misterio de la Redención, en el centro mismo de la historia de la salvación, cuando se cumplió el tiempo, apareció Cristo, hijo eterno de Dios e hijo de una mujer. María entra así en relación estrechísima con Jesucristo su Hijo y con la Iglesia. Como dice el Concilio, María,  ”por su íntima participación en la historia de la salvación reúne en sí y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe, atrae los creyentes a su Hijo cuando es anunciada y venerada” (GS, 65).

Ella nos remite continuamente a su Hijo, del que es reflejo perfecto y al que nos abre completamente. María dice de continuo a la Iglesia: “Haced lo que Él os diga”; remite en cada momento a su Hijo. En su persona y en la colaboración que presta en la obra de la Redención, cualquier gesto de autoreferencialidad queda excluido. En María encontramos los cristianos el modelo de la fe y de la plena correspondencia a toda llamada de Dios.

Invito a todos en este tiempo “mariano” a remozar y vivir con piedad y verdadero amor las distintas devociones con que el pueblo cristiano honra a la Madre del divino Redentor: el Santo Rosario con el que  contemplamos los principales misterio de la fe; la oración del Regina coeli en el centro de cada uno de los días de este tiempo pascual; las peregrinaciones a alguno de los santuarios dedicados a María; el mes de las flores, sencilla manifestación de fe y de amor tributada a la Madre de Dios…Termino tomando prestadas otras palabras del Beato Pablo VI: “La devoción a la madre de Dios no termina en sí misma, sino que es la mejor ayuda para llevar a los hombres hacia Cristo”. Que San José nos enseñe a venerar y honrar a María, su Esposa y Madre de Dios.

+ José María Yanguas

Obispo de Cuenca

Mons. José María Yanguas
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Mons. José María Yanguas Sanz nació el 26 de octubre de 1947 en Alberite de Iregua (La Rioja), diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Siguió los estudios eclesiásticos en el Seminario diocesano y el 19 de junio de 1972 fue ordenado sacerdote en Logroño al servicio de la misma diócesis. En 1971 inició en Pamplona los esutdios de Filosofía y en el 1974 los de Teología en la respectiva Facultad de la Universidad de Navarra, obteniendo en el 1978 el doctorado en Teología y en el 1991 el de Filosofía en la misma universidad. Ha trabajado como Capellán y Profesor de Teología de los esudiantes de diversas Facultades Civiles de la Universidad de Navarra (1972-1978; 1980-1986), Secretario del Departamento de Teología para Universitarios (1976-1978), Capellán militar (1978-1980), Profesor de Teología Dogmática (1976-1981), Profesor de Ética y de Teología Moral (1981-1989), Miembro del Comité de Dirección de la revista Scripta Theologica (1982-1986), Director de Investigación de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra y Profesor Asociado de Ética de la Facultad Eclesiástica de Filosofía (1988-1989), Oficial de la Congregación para los Obispos (1989-2005) y Profesor Visitante de la Pontificia Universidad de la Santa Cruz (1990-2005). En Roma ha sido Capellán de las Hermanas de la Sagrada Familia de Spoleto y ha colaborado pastoralmente en la Parroquia de Santa María de la Divina Providencia (1990-2005). El 20 de abril de 2001 fue nombrado Prelado de Honor de Su Santidad. Ha publicado numerosos artículos en las revistas Scripta Teologica y Annales Teologici; en las “Actas de Congresos y Simposios de Teología”, Pamplona, 1985, y Roma, Cittá Nuova Editrice, 1986, 1988. Es autor de los siguientes libros: - Pneumatología de San Basilio. La divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre y el Hijo, Eunsa, Pamplona, 1983; - Constitutionis Pastoralis Gaudium et Spes sinopsis histórica: De Ecclesia et vocatione hominis, Pamplona, 1985; - La intención fundamental. El pensamiento de Dietrich von Hildebrand: contribución al estudio de un concepto moral clave, Barcelona, 1994. Además de español habla francés, inglés, italiano y alemán. Nombrado Obispo de Cuenca el 23 de diciembre de 2005, recibió la Ordenación Episcopal y tomó posesión de la Sede de Cuenca, en la Catedral, el 25 de febrero de 2006, de manos del Excmo. y Rvmo. Mons. Antonio Cañizares Llovera, Arzobispo de Toledo. Es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe y de la Comisión Episcopal de Seminarios y Universidades de la CEE (Conferencia Episcopal Española).