Mes de mayo, mes de María, mes de la madre

Mons. Gerardo Melgar           El mes de mayo nos habla de María, nuestra madre del cielo. Es el mes dedica­do especialmente a hon­rarla y venerarla, a poner­nos especialmente bajo su protección para que nos acompañe y nos asista en todo momento.

Aunque es el mes de la madre del cielo, sin embargo su vida y su entrega nos hace recordar a nuestra madre de la tierra. La maternidad de María actualiza la maternidad de nuestra madre de la tierra y nos lle­na de gozo y alegría pensar en ella, quererla y agradecer cuanto hace y ha hecho por nosotros

Decir madre es decir entrega, ge­nerosidad, oblación y donación a fon­do perdido al hijo y por el hijo.

Cuánto saben las madres de esto. Cuánto saben de entrega sin espe­rar nada a cambio. Cuánto saben de sufrimientos por el hijo o la hija que salieron de casa hechos un pin­cel y vuelven de regreso hechos una piltrafa por el alcohol o las drogas. Cuánto saben de sufrimiento calla­do, de estar en silencio como María al pie de la cruz, acogiendo a su hijo, sufriendo con él y por él.

La madre es esa persona que está siempre en el centro de la familia, sufriendo cuando alguien sufre y go­zando cuando todos están alegres.

La madre vive como nadie la preocupación de su embarazo, la sa­lud y la enfermedad de los hijos, su educación, los problemas cuando los hijos son mayores. Ella está siempre ahí, en silencio, preocupada, guar­dándolo todo en su corazón, apoyan­do, comprendiendo, amando y que­riendo en silencio, como hizo María con su Hijo y con los apóstoles que su Hijo le confío para que los cuidara y alentara.

La madre es lo más grande que el Señor ha dado a los hijos, ella nos ha mimado, nos ha cuidado, lo ha dado todo por nosotros, sin esperar nada a cambio.

En este mundo egoísta y materia­lizado la maternidad no siempre es algo que llena la vida de una mujer. La maternidad, en algunos casos, en vez de considerarse como un don de Dios, puede vivirse como una des­gracia en la que se ha caído.

El hijo, en un mundo egoísta como el nuestro, no siempre es considerado como una bendición de Dios para la madre. En muchos casos se conside­ra como el enemigo incómodo que va a quitar libertad a la madre, que va a suponer un cambio total de vida. Algunas madres no están dispuestas a asumirlo y deciden eliminarlo de su vientre antes de que nazca.

Perdona Señor a todas esas ma­dres que, en un momento de ofusca­ción y de dificultad, decidieron que el hijo que llevaban en sus entrañas no debía seguir viviendo y lo mata­ron.

Pero son muchas más, la mayoría, gracias a Dios, las madres que aco­gen con verdadero amor y entrega a su hijo, que le esperan con verdadero deseo para darle lo mejor de sí mis­mas.

Gracias Señor por nuestras ma­dres, por tantas madres que desde el amor, la generosidad y la entrega acogen llenas de gozo y de felicidad al hijo que llega, que esperan en la familia el rega­lo del hijo como lo mejor que puede sucederles como matrimonio.

Es tanto lo que hemos recibido y recibimos de nuestras madres que ser hijo con relación a la madre es saber vivir, devolviendo un poco del mucho amor que se ha recibido de ella.

Rindamos el mejor homenaje de amor a todas nuestras madres, por­que se lo merecen todo, pongamos todo cuanto esté de nuestra parte para que sean felices y, cuando sean ancianas, acordémonos de lo mucho que se entregaron cuando más las necesitábamos, para que sepamos devolverles algo del mucho amor que ellas nos dieron.

Que la madre de cielo interceda especialmente, en este mes dedicado a ella, por nuestras madres terrena­les, para que si viven con nosotros aquí en la tierra sean y las hagamos felices y si ya han muerto gocen para siempre de la felicidad eterna.

¡Feliz mes de la madre del cielo para todas vosotras, madres de la tierra!

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Ciudad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.