Estuve en la cárcel y vinisteis a verme

Mons. Enrique Benavent            La carta misericordia et misera del papa Francisco nos tiene que llevar a pensar que la práctica de las obras de misericordia, tanto las corporales como las espirituales, no es una exigencia que atañe únicamente al cristiano individualmente considerado, sino que debe inspirar la vida de toda la Iglesia. Dentro de ella, cada diócesis está llamada a ser un signo visible del amor de Dios a todo ser humano. En la medida en que una iglesia particular tenga estructuras organizadas para cumplir esta misión, está siendo fiel al encargo recibido de Cristo.

Esta semana quiero daros a conocer una dimensión de la vida de la diócesis que, aunque por su propia naturaleza tiene un carácter discreto, conviene que todos valoremos: la pastoral penitenciaria. En el territorio diocesano no hay ningún centro penitenciario, pero dos equipos de voluntarios participan en las actividades pastorales que se organizan en los de Tarragona y Albocàsser. Alrededor de 30 personas (sacerdotes, diáconos, religiosas y seglares) colaboran en este Servicio desde hace casi 30 años.

El testimonio de estos voluntarios es, para los internos que libremente asisten a las actividades que se organizan, mucho más importante de lo que a primera vista pudiera parecer. Los miembros de estos equipos se preocupan de acompañarlos personalmente para paliar, en la medida de lo posible, la gran soledad que sufren. Además hacen de puente entre los reclusos y la sociedad y, en muchas ocasiones, también entre ellos y sus familias.

Sin embargo, el objetivo más importante de la pastoral penitenciaria es que el preso no olvide que, sea cual sea su situación, es alguien amado por Dios. Los voluntarios se encuentran frecuentemente con personas interiormente rotas que, en muchos casos, piensan que nadie les quiere, lo que les lleva a sentirse rechazados por todos. Estamos ante hombres y mujeres que viven en la máxima pobreza que podamos imaginar: la de quien piensa que no tiene a nadie que le ame. Son los que más necesitan que se les anuncie y se les recuerde que Dios no ha dejado de amarlos.

En esta actividad pastoral se privilegia el método de la relación personal, de modo que se sientan escuchados y comprendidos y no pierdan la conciencia de su dignidad humana, porque un preso, sea cual sea su pasado, no ha dejado de ser persona.

En este sexto Domingo del tiempo pascual, en el que celebramos la victoria de Cristo sobre la muerte, el pecado y todo el mal de nuestro mundo, os invito a que en las celebraciones de la Eucaristía, en el momento de la oración de los fieles, oremos por los voluntarios de la pastoral penitenciaria en nuestra diócesis, para que su testimonio sea un signo de la libertad definitiva que Cristo nos ha alcanzado por su resurrección de entre los muertos y para que este testimonio transmita esperanza a los presos y a sus familias.

Con mi bendición y afecto.

+ Enrique Benavent Vidal
Obispo de Tortosa

Mons. Enrique Benavent Vidal
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Nació el 25 de abril de 1959 en Quatretonda (Valencia. Cursó los estudios eclesiásticos en el Seminario Diocesano de Moncada (Valencia), asistiendo a las clases de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” donde consiguió la Licenciatura en Teología (1986). Es Doctor en Teología (1993) por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. Recibió la ordenación sacerdotal en Valencia de manos de Juan Pablo II el 8 de noviembre de 1982, durante su primera Visita Apostólica a España. CARGOS PASTORALES En su ministerio sacerdotal ha desempeñado los cargos de: coadjutor de la Parroquia de San Roque y San Sebastián de Alcoy (provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia) y profesor de Religión en el Instituto, de 1982 a 1985; formador en el Seminario Mayor de Moncada (Valencia) y profesor de Síntesis Teológica para los Diáconos, de 1985 a 1990; y Delegado Episcopal de Pastoral Vocacional, de 1993 a 1997. Durante tres años, de 1990 a 1993, se trasladó a Roma para cursar los estudios de doctorado en la Pontificia Universidad Gregoriana. Es profesor de Teología Dogmática en la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia”, desde 1993; profesor en la Sección de Valencia del Pontifico Instituto “Juan Pablo II” para Estudios sobre Matrimonio y Familia, desde 1994; Director del Colegio Mayor “S. Juan de Ribera” de Burjassot-Valencia, desde 1999; Decano-Presidente de la Facultad de Teología “San Vicente Ferrer” de Valencia, desde 2004, y Director de la Sección Diócesis de la misma Facultad, desde 2001; además, desde 2003, es miembro del Consejo Presbiteral. Fue nombrado Obispo Auxiliar de Valencia el 8 de noviembre de 2004. El 17 de mayo de 2013 el Papa Francisco le nombró Obispo de Tortosa. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE, desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la fe y desde 2005 de la de Seminarios y Universidades.