Ciudadanos del cielo

Mons. Francisco Conesa           Queridos diocesanos:  Por la resurrección de Jesús el cielo se ha abierto para el hombre. Dios nos ha concedido el perdón de los pecados y nos llama a vivir con Él, a estar con Él para siempre. Jesús ha penetrado en el Santuario y nos ha abierto un camino (cf.Heb 6, 20). Nuestro destino es el cielo.

Vivimos el mundo presente, pero sabemos que este mundo es transitorio. “Lo que se ve es transitorio; lo que no se ve es eterno” (2 Cor 4, 18), escribe San Pablo. Y a la comunidad de Filipos (3, 12-21) les expone con claridad que somos ciudadanos del cielo y les hace ver la consecuencia de esta afirmación. Hay muchas personas que viven sólo para el mundo presente y se afanan por las cosas de esta vida, pensando que alcanzaran la felicidad teniendo más cosas o mediante el placer. Pero el cristiano no puede vivir de esta manera, porque su carta de ciudadanía está en el cielo.

Estar llamado al cielo significa que nuestro futuro es la felicidad sin límites, que sólo
puede encontrarse en lo que nos trasciende. A veces se presenta una caricatura del
cielo, como un lugar aburrido, que suele imaginarse lleno de nubecillas y arpas
celestiales. Pero el cielo no es otra cosa que vivir en comunión plena con Dios:
“seremos semejantes a Él” (1 Jn 3, 2). En Dios hallamos nuestra plenitud como seres
humanos. Él es la Verdad plena que anhelamos, el Bien sin medida por el que
suspiramos, la Belleza que nunca se agota. La comunión con Dios nos pone, además, en comunión con todos los bienaventurados; también con muchas personas a las que hemos amado y que nos esperan allí.

Saber que somos ciudadanos del cielo no nos hace vivir el mundo con menos
profundidad. No somos unos soñadores ilusos a los que no les interese la vida. Muy al contrario, conocer nuestra meta nos da fuerza y coraje para luchar por la vida y
trabajar por construir un mundo nuevo, una civilización basada en el amor. En la
Encíclica Lumen Fidei escribe el Papa Francisco: “Las manos de la fe se alzan al cielo, pero a la vez edifican, en la caridad, una ciudad construida sobre relaciones, que tienen como fundamento el amor de Dios” (n. 51). Pensar en la vida futura nos da también sensatez para valorar las cosas de este mundo y sabiduría para apreciarlas en su justa medida.

Somos peregrinos en camino hacia la meta. Cuanto hacemos en la vida, en el trabajo, con nuestra familia, tiene que estar dirigido por esta “esperanza de llegar un día a la resurrección de entre los muertos” (Filp 3, 13). Esta es la meta, la felicidad a la que aspiramos a la que “nos llama Dios desde arriba en Cristo Jesús” (3, 14). Mientras alcanzamos la meta, transmitamos a los hombres el deseo del cielo, contagiemos la alegría de ser llamados a gozar por completo de un Dios que nos ama.

† Francesc Conesa Ferrer
Obispo de Menorca

Mons. Francisco Conesa Ferrer
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Rector de la Basílica de Santa María de Elche desde 2014 Francisco Simón Conesa Ferrer nació en Elche el 25 de agosto de 1961. Cursó estudios eclesiásticos en el seminario diocesano y fue ordenado sacerdote el 29 de septiembre de 1985. Es doctor en Teología (1994) y en Filosofía (1995) por la Universidad de Navarra. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Orihuela-Alicante, donde ha desempeñado los siguientes cargos: vicario parroquial de la parroquia ilicitana de Nuestra Señora del Carmen (1985-1987), de la Inmaculada de San Vicente del Raspeig (1994-1996) y de Nuestra Señora de Gracia de Alicante (1997). Desde 1998 al 2014 fue el vicario general de la diócesis. En la actualidad es profesor del seminario diocesano, donde imparte Filosofía del Lenguaje y Teología Fundamental, desde 1992; profesor asociado de la Facultad de Teología de la Universidad de Navarra, desde 1994; canónigo magistral de la Catedral de Orihuela, desde 2001; y rector de la Basílica de Santa María de Elche, desde 2014. Fue nombrado prelado de honor de su Santidad en el año 2012.