Anclajes de vecindad

Mons. Antonio Gómez         Pasé tan sólo tres días por los paisajes de mi infancia. Mi calle, rúa de peregrinos, cada día más desolada, con las puertas cerradas y los balcones vacíos, sin aquellos geranios, reconstruidos a base de esquejes que se pedían las mujeres unas a otras, como el que pide un poco de sal, un diente de ajo o de pimentón para dar color a la sopa. Murió la madre de mi amigo, mi vecino de juegos y correrías, cuando apenas levantábamos poco más de un metro. Y añoré la búsqueda de gusanos para pescar, en las orillas del río, o las tardes de domingo jugando a los indios bajo la gran mesa del taller de la sastrería de su padre.

Antes, los vecinos, eran como la propia familia. Cruzábamos la calle, sin miedo a los coches, que apenas había, y entrabamos en nuestras casas sin pedir permiso, corriendo y gritando el nombre del amigo. Está en el comedor, o arriba, nos contestaba una voz desde la cocina del fondo de nuestras estrechas casas. Y si estaba enfermo, o recién operado de anginas, nos sentábamos sobre la cama y pasábamos horas hablando de la próxima caseta de palos y ramas que pensábamos construir en una isla que había en medio del río, o mirábamos cómo nos podríamos hacer en el taller con unos rodamientos para montar un patinete y tirarnos como locos por las cuestas de las calles. Éramos pobres, pero disfrutábamos con poco o con nada, a base de creatividad e ilusiones. ¡Eso sí que era reciclaje!

La celebración de las exequias fue en la parroquia de siempre, la de las catequesis con bolas de anís y rifa de estampas, la de las poesías a la Virgen, la del portal de Belén con nosotros vestidos de pastores y lavanderas, mirándonos de reojo, sin que nos de la risa, esperando la adoración de los Magos, de unas raras barbas blancas y caras de corchos tiznados. Allí estábamos todos, ya mayores, aquellos que recordamos con nostalgia las relaciones de vecindad, los que vemos como el tiempo se nos pasa, y vamos cerrando capítulos de nuestro libro de la vida, y muchos de los que queremos ya no salen en los nuevos.

Los anclajes de vecindad construían o daban fuertes matices a nuestra personalidad. Vivíamos juntos: el sufrimiento, las ilusiones, la vivencia de la fe, las contrariedades, la diversión y toda la bondad e integridad que había en nuestras personas mayores, nos configuraron más que cualquier libro, que cualquier viaje…

Ahora, que no tenemos tiempo para nada y poseemos casi todo, ahora que necesitamos más que nunca un abrazo o que nos escuchen un rato, nuestros nuevos vecinos se asoman a la pantalla de nuestro móvil respondiéndonos con un emoticono.

¡Ánimo y adelante!

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Teruel y Albarracín

 

Mons. Antonio Gómez Cantero
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Antonio Gómez Cantero nació en Quijas (Cantabria) el 31 de mayo de 1956. Cursó estudios de bachillerato en el seminario menor de Carrión de los Condes y eclesiásticos en el seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 17 de mayo de 1981. Obtuvo la licenciatura en Teología Sistemática-Bíblica en el Instituto Católico de París, en 1995. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Palencia, donde ha desempeñado distintos cargos pastorales: en 1982 fue nombrado vicario parroquial de San Lázaro y vocal del Consejo Presbiteral por consiliarios; además de consiliario diocesano del Movimiento Junior A.C. y coordinador de consiliarios de Castilla y León. En 1983 fue nombrado delegado diocesano de Pastoral Juvenil y Vocacional; en 1984, párroco solidario de San Lázaro; en 1985, formador del seminario mayor de Palencia; en 1986, delegado para el acompañamiento vocacional para el presbiterado; en 1990, delegado de Pastoral Juvenil-Vocacional y miembro del Consejo de Consultores; en 1992, consiliario internacional del MIDADEN (Acción Católica de Niños) en París, cargo que ocupó hasta 1995; en 1995, vice-rector y profesor del seminario menor; en 1996, rector del seminario menor y delegado diocesano de Pastoral de Vocaciones; en 1998, rector del seminario mayor, en el que permaneció hasta 2004; en el 2000, profesor extraordinario del Instituto Teológico del seminario mayor de Palencia y miembro del consejo de consultores; en 2001, administrador del seminario mayor y de la casa sacerdotal, y desde 2008 miembro del Colegio de Consultores. Desde el año 2004 es párroco de San Lázaro de Palencia y desde 2008 el vicario general y moderador de curia. Del 8 de mayo de 2015 hasta el 18 de junio de 2016 fue el administrador diocesano de Palencia. El 21 de enero de 2017, se celebró su Ordenación Episcopal y toma de posesión de Don Antonio Gómez Cantero como Obispo de la Diócesis de Teruel y Albarracín.