«Jesucristo, nuestra sabiduría y nuestra fuerza»

Card. Juan José Omella             Hace unos días el papa Francisco nos regalaba una nueva Exhortación apostólica, Gaudete et exsultate, sobre la llamada a la santidad en el mundo contemporáneo. En cinco años de pontificado, el actual sucesor de Pedro ha publicado diferentes documentos que coinciden en incorporar la palabra alegría en su título. Ante los momentos de incertidumbre que vivimos, el Santo Padre nos invita a vivir la alegría de la fe a través de una conversión personal y comunitaria.

Desde nuestra realidad local, trabajamos en la misma dirección. De hecho, las Orientaciones y propuestas para una conversión pastoral en la archidiócesis de Barcelona, que presentamos el pasado domingo, quieren orientarnos en este mismo camino de conversión personal y colectiva. Las próximas semanas, dedicaré algunos de mis comentarios dominicales a compartir con vosotros las principales orientaciones de este nuevo Plan pastoral.

El nuevo Plan pastoral sigue la estela de la Exhortación apostólica programática del papa Francisco, La alegría del Evangelio, pero hay que tener en cuenta que no es un plan pastoral estándar. En efecto, el objetivo no es proponer unas acciones pastorales concretas, sino ofrecer un material que nos ayude a iniciar un camino, personal y comunitario, de conversión pastoral a partir de una transformación de nuestras actitudes interiores. Con el tiempo, este proceso de conversión irá transformando nuestras acciones pastorales, tanto a nivel de la diócesis como de cada una de las parroquias y comunidades.

Este documento quiere ofrecer algunas orientaciones y propuestas para ayudarnos a avanzar en el camino de acoger y hacer vida la llamada que hemos recibido de Jesucristo, la llamada de anunciar el Evangelio con alegría y esperanza. Somos portadores de una gran noticia y queremos proponer un encuentro personal con Jesucristo que puede transformar la vida en un mundo que busca paz, concordia y esperanza. Esta nueva hoja de ruta es, pues, una invitación a iniciar un camino de conversión que nos libere de la tentación de vivir para mantener las estructuras heredadas y nos ayude a ser una Iglesia que salga a encontrarse con las personas, que presente y proponga -sin minguna imposición- la belleza y la alegría del Evangelio.

El nuevo Plan se estructura en cinco ejes o capítulos: Jesucristo, los pobres, los jóvenes, la fraternidad y el discernimiento. El primer capítulo nos recuerda la importancia del encuentro personal con Jesucristo para poder anunciar su persona, su mensaje y el misterio pascual de su pasión, muerte y resurrección. Esta ha sido una de las propuestas más repetidas por los diferentes grupos que respondieron el cuestionario que se difundió antes de redactar el Plan pastoral.

Una de las mejores maneras de ser misioneros es con nuestro testimonio (Lc 24,48), con un estilo de vida moldeado según las Bienaventuranzas de Jesús (Mt 5,1-11). Es el contacto con Jesucristo en la vida, en la oración, en los sacramentos y en el acompañamiento espiritual lo que nos va forjando para poder llegar a ser testimonios suyos.

Esta semana, os invito a iniciar vuestro momento de oración diaria con estas palabras: Señor Jesús, quiero abrirte mi corazón para que entres. No sé por dónde empezar. Yo solo te regalo este tiempo de oración y las ganas de este encuentro contigo, todo lo demás será necesario que lo hagas Tú. Gracias Señor. Gracias por transformar mi vida. Sin Ti no soy nada, contigo lo puedo todo.

† Cardenal Juan José Omella
Arzobispo de Barcelona

Card. Juan Jose Omella
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Mons. Juan José Omella Omella nació en la localidad de Cretas, provincia de Teruel y archidiócesis de Zaragoza, el 21 de abril de 1946. Estudió en el Seminario de Zaragoza y en Centros de Formación de los Padres Blancos en Lovaina y Jersualén. El 20 de septiembre de 1970 recibía la ordenación sacerdotal. En su ministerio sacerdotal, trabajó como Coadjutor y como Párroco y entre 1990 y 1996 como Vicario Episcopal en la diócesis de Zaragoza. Durante un año fue misionero en Zaire. El 15 de julio de 1996 fue nombrado Obispo auxiliar de Zaragoza. Fue ordenado Obispo el 22 de septiembre de ese mismo año. El 27 de octubre de 1999 fue nombrado Obispo de la diócesis de Barbastro-Monzón, de la que tomó posesión el 12 de diciembre de 1999. Entre el 24 de agosto de 2001 y el 19 de diciembre de 2003 fue Administrador Apostólico de Huesca y entre el 19 de octubre de 2001 y el 19 de diciembre de 2003, también Administrador Apostólico de Jaca. El día 8 de abril de 2004 es nombrado Obispo de la diócesis de Calahorra y La Calzada-Logroño. Es miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral Social desde febrero de 2002. Con anterioridad, desde 2000 fue Presidente en funciones de esta misma Comisión Episcopal. Es también Consiliario Nacional de Manos Unidas.