Cómo actuar los cristianos frente a estos nuevos cambios

Mons. Gerardo Melgar             El domingo pasado hablá­bamos de los cambios que pedían una nueva evange­lización. Hoy damos un paso más, nos pregun­tamos y respondemos sobre cómo proceder ante estos cambios como cristianos.

No es raro que la primera reacción ante los mismos sea el aturdimiento, el miedo y el desconcierto, incluso echarnos las manos a la cabeza pen­sando: ¿Dónde vamos a parar?, pues se trata de cambios que interrogan nuestra identidad y nuestra fe hasta las raíces.

Estos cambios exigen en nosotros la capacidad de desarrollar una acti­tud crítica de los estilos de vida, de los pensamientos y de los valores, lo mismo que una autocrítica de nues­tro propio cristianismo actual que debe comprenderse a sí mismo desde las propias raíces.

Por otra parte, es necesario obser­var dichos cambios sabiendo superar el nivel emotivo del juicio defensivo y de miedo, para comprender objeti­vamente los signos de lo nuevo, jun­to a sus desafíos y fragilidades.

Nueva evangelización quiere de­cir tener la audacia de formular la pregunta acerca de Dios al interior de esos problemas. Exige que nos confrontemos con esos escenarios no permaneciendo cerrados en los recintos de nuestras comunidades e instituciones, sino aceptando el desa­fío de entrar dentro de esos fenóme­nos para tomar la palabra y ofrecer nuestro testimonio desde dentro.

Nueva evangelización significa para la Iglesia sostener con convicción el esfuerzo de ver a todos los cristianos unidos en la manifestación al mundo de la fuerza profética y transforma­dora del mensaje del Evangelio.

Los cristianos unidos ofrecen al mundo la paz, la justicia, la convi­vencia entre los pueblos, la salva­guarda de la creación, como lugares en los cuales es posible hacer emer­ger la cuestión de Dios en la vida de los hombres. Adquieren realmente sentido auténtico solo a la luz y en el contexto de la palabra de amor que Dios nos ha dirigido en Jesucristo.

El término nueva evangelización in­dica la exigencia de encontrar nuevas expresiones para ser Iglesia dentro de los contextos sociales y culturales actuales.

Es necesario que en la práctica cristiana se inicie el trabajo lento de un nuevo modelo de Iglesia, que evi­te asperezas de sectarismos y de la religión civil, y dé paso a una Iglesia misionera. Es decir, la Iglesia debe ayudar a mantener su presencia en­tre las casas de sus hijos e hijas, para animar sus vidas y orientarlas hacia el Reino, porque muchos de ellos un día recibieron el bautismo, pero vi­ven completamente al margen de la vida cristiana; y otros tienen un vín­culo con la fe, pero conocen poco o mal sus fundamentos.

La nueva evangelización debe ser realidad en países y naciones ente­ras en las que la fe, la religión y la vida cristiana en tiempos pasados fue floreciente, capaz de ori­ginar comunidades de fe viva y ope­rativa, pero ahora están sometidos a duras pruebas o se están transfor­mando, llevados por la difusión del indiferentismo, del secularismo y del ateísmo.

La nueva evangelización se trata de un camino que permite traducir en práctica la herencia apostólica en y para nuestro tiempo.

Nueva evangelización es sinónimo de misión, exige la capacidad de par­tir nuevamente, de atravesar los con­fines, de ampliar los horizontes. Es lo contrario de autosuficiencia y del repliegue sobre sí mismo a una men­talidad y a una concepción que sigue manteniendo que basta con hacer las cosas como siempre se han hecho. Es tiempo de que la Iglesia llame a las propias comunidades a la conver­sión pastoral, a sus acciones y a sus estructuras.

Feliz domingo.

 

+ Gerardo Melgar

Obispo de Cuidad Real

Mons. Gerardo Melgar
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Mons. Gerardo Melgar Viciosa nació el 24 de Septiembre de 1948 en Cervatos de la Cueza, Provincia y Diócesis de Palencia. Cursó la enseñanza secundaria (años de Humanidades) en el Seminario Menor Diocesano de Carrión de los Condes y los estudios de Filosofía y Teología en el Seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 20 de Junio de 1973 por el entonces Obispo de la sede palentina, Mons. Anastasio Granados García. Fue nombrado Párroco -de 1973 a 1974- al servicio de las parroquias de Vañes, Celeda de Roblecedo, San Felices de Castillería, Herreruela de Castillería y Polentinos. Al terminar ese curso pastoral, fue enviado a Roma, donde estudió Teología en la Universidad Gregoriana, licenciándose en Teología Fundamental el 14 de junio de 1976. A su regreso a Palencia fue nombrado Coadjutor de la parroquia de San Lázaro de la capital palentina durante un año. En 1977, y hasta 1982, desempeñó el cargo de Formador y Profesor del Seminario Menor Diocesano en Carrión de los Condes, del que sería, más tarde, Rector (1982-1987). En 1983 fue nombrado miembro del equipo de Pastoral Vocacional de la Delegación Diocesana de Pastoral Juvenil y Vocacional. Al dejar el Seminario de Carrión de los Condes fue destinado, como Vicario Parroquial, a la Parroquia de San José de Palencia durante seis años (de 1987 a 1993). En 1993 fue elegido por Mons. Ricardo Blázquez Pérez para desempeñar el oficio de Vicario Episcopal de Pastoral de la Diócesis palentina, cargo en el que permanecería hasta 1998. También durante diez años (de 1995 a 2005), fue Párroco solidario de la Parroquia de San José Obrero y Coordinador de la Cura pastoral de la misma, miembro del Colegio Diocesano de Consultores (1995-2000) y vocal, por designación del Sr. Obispo, del Consejo Presbiteral Diocesano (2001-2005). En el año 2000 fue nombrado Delegado Diocesano de Pastoral Familiar hasta que, en 2005, Mons. Rafael Palmero Ramos lo eligió para desempeñar el cargo de Vicario General de la Diócesis. De 2004 a 2005 fue, además, confesor ordinario del Seminario Menor Diocesano “San Juan de Ávila” así como, de 2005 a 2008, miembro del Colegio de Consultores de la Diócesis y Profesor de Teología del Matrimonio en el Instituto Teológico del Seminario Mayor de San José (2007). En enero de 2006, y hasta septiembre de 2007, durante el periodo de sede vacante producida por el traslado de Mons. Rafael Palmero Ramos a la Diócesis de Orihuela-Alicante, fue nombrado por la Santa Sede Administrador Apostólico de la Diócesis de Palencia. El 1 de Mayo de 2008, momento en el que desempeñaba el cargo de Vicario General de la Diócesis de Palencia y era el Capellán del Noviciado de las Hermanitas de los Ancianos Desamparados, se hizo público su nombramiento como Obispo de Osma-Soria. El 6 de Julio de 2008 recibió de manos del entonces Nuncio Apostólico de Su Santidad en España, Mons. Manuel Monteiro de Castro, la ordenación episcopal y tomó posesión canónica de la Diócesis oxomense-soriana. Ha publicado varios libros sobre el matrimonio y la familia: “Juntos cuidamos nuestro amor. Convivencias para matrimonios jóvenes”, “Madurando como Matrimonio y como Familia”, “Nos formamos como padres para educar en valores a nuestros hijos” y “Llenos de ilusión preparamos nuestro futuro como matrimonio y familia”, además de múltiples artículos y materiales de trabajo sobre la familia y la pastoral familiar. De su Magisterio episcopal, pueden destacarse las siguientes Cartas pastorales: “Sacerdotes de Jesucristo en el aquí y el ahora de nuestra historia” (2009) con motivo del Año sacerdotal, “Juan de Palafox y Mendoza. Un modelo de fe para el creyente del siglo XXI” (2010), con motivo de la beatificació, “La nueva evangelización y la familia” (2011), “Carta pastoral sobre el Seminario diocesano” (2012), “Itinerario para la evangelización de la familia” (2013), Carta pastoral “Después de la Misión diocesana Despertar a la fe” (2014). Además, ha publicado otros escritos: “La Pastoral Familiar, un proceso continuo de acompañamiento a la familia” (2009), “Los grupos parroquiales de matrimonios jóvenes” (2010), “Unidades de Acción Pastoral. Instrumentos de comunión al servicio de la evangelización” (2010). El 8 de abril de 2016, el papa Francisco lo nombró obispo de Ciudad Real, en sustitución de Antonio Ángel Algora, que renunció por edad. El 21 de mayo del mismo año tomó posesión canónica en la catedral de Santa María del Prado.