Pastores del Pueblo de Dios

Mons. Francesc Pardo i Artigas         Este domingo conviene dedicar un pensamiento y una reflexión a todos los sacerdotes. Celebramos el domingo denominado «del Buen Pastor» porque cada año, en la Misa, proclamamos el pasaje del evangelio en el cual Jesucristo se presenta como Buen Pastor de su rebaño y explicita sus actitudes.

Los sacerdotes, identificados con Jesucristo por la ordenación, continúan hoy su misión, y ciertamente son también pastores del Pueblo de Dios.

Cada año, el Martes Santo por la tarde, la mayoría de curas nos encontramos para celebrar la Eucaristía de la Misa Crismal, en la cual renovamos los compromisos y promesas de nuestra ordenación presbiteral.

¿Cuáles son estas promesas?

–           Ejercer, guiados por el Espíritu Santo, como pastores del Pueblo de Dios y colaboradores de la orden episcopal.

–           Celebrar con piedad y fe los misterios de Cristo a alabanza de Dios y santificación del pueblo.

–           Ejercer el ministerio de la Palabra con ciencia y responsabilidad, predicando el Evangelio y exponiendo la fe católica.

–           Unirse a Cristo y consagrarse a Dios para la salvación de los hombres.

Ejercer como pastores del Pueblo de Dios

Jesucristo es el Buen Pastor, y los presbíteros, configurados con él, asumen también esta misión como guías y adalides del pueblo que tienen confiado. Cumplen este papel de guías y su servicio pastoral con amor de caridad.

Se esfuerzan para cuidar de todas las personas que tienen encomendadas, se preocupan de los fieles cristianos y de sus parroquias, para que no les falte ninguna ayuda en sus vidas. A la vez, tienen en cuenta a aquellos que se han alejado de la comunidad y de Cristo, en aquellos que quizás han escuchado su anuncio, pero desfigurado, y también en aquellos quienes ni siquiera lo han llegado a oír. Son muy conscientes que tienen que acercar a todos ellos a Cristo y ofrecerles sus dones, como Él, que no sólo acogía a quienes se le acercaban, sino que siempre iba a buscar la oveja perdida.

Celebrar los misterios de Cristo

Recordamos las palabras más importantes que los sacerdotes pronuncian en su ministerio: «Yo te bautizo…», «Yo te absuelvo…», «Este es mi cuerpo, esta es mi sangre…».

Es el mismo Cristo, el Señor, quien por medio de cada uno de los presbíteros se hace presente realmente en el pan eucarístico, es quien bautiza, es quien perdona, quien fortalece a los enfermos, quien bendice el amor en el matrimonio… Hacer presente la palabra y la acción curadora y salvadora de Cristo para con los hermanos, ¿no es la misión más decisiva que se puede encargar para humanizar verdaderamente, es decir, para salvar a todas las personas?

Ejercer el ministerio de la Palabra predicando el Evangelio

Los sacerdotes predican el Evangelio de muchas maneras: mediante las homilías, las catequesis, las reuniones, las conversaciones personales, la preparación a los sacramentos… Evangelizar, dar a conocer y ofrecer el Evangelio de la Salvación es el gran reto de hoy y de siempre.

Entre tantos mensajes que cada día nos llegan podemos oír un mensaje único, la buena noticia de Jesús, gracias a los presbíteros y a otros colaboradores.

Sin embargo, hay que manifestar con humildad que los presbíteros también son conscientes de sus limitaciones y deficiencias. Ellos, como todos, también piden perdón a Dios y a los hermanos muchas veces.

He querido recordar la misión de los sacerdotes porque hay que valorar y agradecer su trabajo, su dedicación y su entrega.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
Acerca de Mons. Francesc Pardo i Artigas 454 Articles
Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.