Jesús, el buen Pastor

Mons. Demetrio Fernández           El cuarto domingo de Pascua nos presenta la imagen atractiva de Jesús buen Pastor. Una imagen que ha suscitado a lo largo de la historia expresiones artísticas en todas las artes, y que recoge toda una tradición bíblica a la que Jesús se incorpora, presentándose él mismo como el buen Pastor.

Dios había prometido dar pastores a su pueblo según su corazón, porque muchos de esos pastores se aprovechaban del oficio en lugar de servir como Dios manda. “Os daré pastores según mi corazón” (Jr 3,15). Y en el contexto de una cultura rural, bien se sabía lo que es un buen pastor y lo que es un mal pastor. En ese contexto, Jesús se presenta diciendo: “Yo soy el buen pastor” (Jn 10,11). Más aún, se presenta como el pastor bueno y bello, atractivo para el corazón humano, capaz de enamorar y encantar a quien le conoce. Son preciosos los versos de Lope de Vega, referidos a Jesús buen pastor:

Pastor que con tus silbos amorosos / me despertaste del profundo sueño /

tú que hiciste cayado de ese leño / en que tiendes los brazos poderosos,

Vuelve tus ojos a mi fe piadosos / pues te confieso por mi amor y dueño /

y la palabra de seguir empeño / tus dulces silbos y tus pies hermosos.

Oye, Pastor, que por amores mueres / no te espante el rigor de mis pecados /

pues tan amigos de rendidos eres,

Espera pues y escucha mis cuidados / pero, cómo te digo que me esperes /

si estás para esperar los pies clavados.

Este buen pastor da la vida por las ovejas, en contraste con el asalariado, que cuando ve venir el lobo, huye. Jesús no ha huido, se ha puesto de parte nuestra, ha entrado a fondo en nuestra situación de alejamiento de Dios por el pecado y nos ha rescatado con su sangre preciosa. A un asalariado no le importan las ovejas; a Jesús, sí. El asalariado huye, y el lobo hace estragos; Jesús ha dado su vida en la Cruz por cada una de las ovejas, y nos ha librado de las garras del Maligno.

El buen pastor conoce a sus ovejas, y las conoce por su nombre. Recíprocamente, las ovejas conocen al buen pastor. Se establece así una circularidad en el amor recíproco, un círculo virtuoso. En nuestra relación con Jesús, es precioso sentirse amado por él y de qué manera, hasta dar la vida por mí, “me amó y se entregó por mí” (Gal 2,20). Y ahí se apoya la respuesta de amor por nuestra parte. Aunque imperfecto, nuestro amor a Jesús quiere ser una respuesta al amor perfecto con que él nos ha amado. Él os ha amado primero y nos amado más, hasta dar la vida. Nosotros vamos aprendiendo a amarle en la medida en que nos dejamos amar por él.

“Los míos me conocen y me aman”, dice Jesús, “como el Padre me conoce y yo conozco al Padre”. El círculo de amor no empieza ni termina en Jesús, empieza en el Padre y termina en el Padre. Y ese flujo de amor entre ellos es el Espíritu Santo. Por tanto, el círculo de amor está movido por la turbina del Espíritu Santo, fuerza impulsora del amor divino, derramado en nuestros corazones. El Espíritu Santo es el que nos enseña a amar al estilo de Dios, el Espíritu Santo es el que mueve continuamente el corazón de Cristo para amar hasta el extremo, el Espíritu Santo es el que mueve nuestro corazón para responder con amor al amor con que Dios nos ama.

“Tengo otras ovejas, que no son de este redil; también a esas las tengo que traer y escucharán mi voz y habrá un solo rebaño, un solo pastor” (Jn 10,16). Es el horizonte misionero que Jesús vislumbra a lo largo de la historia, el deseo de llegar a todos, para que todos conozcan ese amor y vivan de él.

En este domingo celebramos la Jornada mundial de oración por las vocaciones. Pedimos al buen Pastor que envíe trabajadores a su mies en todas las vocaciones de especial consagración. Que no nos falten corazones y brazos que prologuen el amor del buen Pastor que sane tantas heridas en nuestra generación.

 

Recibid mi afecto y mi bendición:

 

+ Demetrio Fernández,

Obispo de Córdoba

Mons. Demetrio Fernández
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Nació el 15 de febrero de 1950 en Puente del Arzobispo (Toledo) en el seno de una familia cristiana. Sintió la llamada de Dios al sacerdocio en edad temprana. Estudió en los Seminarios de Talavera de la Reina (Toledo), Toledo y Palencia. Es maestro de Enseñanza Primaria (1969). Licenciado en Teología Dogmática por la Pontificia Universidad Gregoriana. Estudios de Derecho Canónico en Roma y Salamanca. Doctor en Teología por la Pontificia Universidad Salesiana de Roma con el tema: “Cristocentrismo de Juan Pablo II”. Recibió la ordenación sacerdotal el 22 de diciembre de 1974 en Toledo, de manos del cardenal Marcelo González Martín, arzobispo de Toledo. Profesor de Cristología y Soteriología en el Seminario de Toledo (1980-2005); Consiliario diocesano de MAC -Mujeres de Acción Católica- y de “Manos Unidas” (1983-1996); Vicerrector y Rector del Seminario Mayor “Santa Leocadia” para vocaciones de adultos (1983-1992); Pro-Vicario General (1992-1996); Delegado Episcopal para la Vida Consagrada (1996-1998); Párroco de “Santo Tomé”, de Toledo (1996-2004). Nombrado Obispo de Tarazona el 9 de diciembre de 2004, recibió la ordenación episcopal el 9 de enero de 2005 en el Monasterio de Veruela-Tarazona. El día 18 de febrero de 2010 fue nombrado por el Santo Padre Benedicto XVI Obispo de Córdoba. Inició su ministerio episcopal en la Sede de Osio el día 20 de marzo de 2010.