Compasión

Mons. Francisco Pérez               La compasión es una de las palabras más queridas por Jesucristo en los Evangelios: “Sed compasivos como vuestro Padre es compasivo”, “No juzguéis y no seréis juzgados”, “No condenéis y no seréis condenados”, “Perdonad y seréis perdonados”, “Dad y se os dará”, “Echarán en vuestro regazo una buena medida, apretada, colmada, rebosante: porque la misma medida con que midáis se os medirá” (Jn 6, 36-38). Compasión y misericordia son palabras que contienen el mismo significado. Muchas veces hemos tenido la experiencia de personas que nos han ayudado en momentos de dificultad o bien física o bien moral. Ellos se han adherido a nuestra debilidad para asegurarnos su apoyo o aliento y con este gesto nos hacían sentir más seguros. Esta compasión (es decir: padecer con) ha dado un paso más fuerte a nuestra humanidad. La verdadera humanidad se construye desde la compañía y fraternidad que se comparte.

La enseñanza de la Iglesia es muy prolija a la hora de hablar sobre la compasión y misericordia. “Dios no acepta el sacrificio de los que provocan la desunión, los despide del altar para que antes se reconcilien con sus hermanos: Dios quiere ser pacificado con oraciones de paz. La obligación más bella para Dios es nuestra paz, nuestra concordia, la unidad con el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo de todo el pueblo fiel” (San Cipriano, Dom. Orat. 23:PL 4, 535C-536ª). No sería fácil ser compasivos si no tenemos una experiencia profunda de vida orante y esta se actúa de modo especial cuando contemplamos la comunión de la Santísima Trinidad como fuente de verdad en toda relación. Sin el sentido de Dios -en nuestra vida- es muy difícil armonizar nuestros actos. La práctica del amor no es un sentimentalismo, ni un paternalismo, ni un amiguismo; es una relación que nos lleva a la fuente del Amor que es Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo.

En este contexto histórico que nos toca vivir se hace muy difícil ser compasivos porque hay una tensión provocada por una sociedad competitiva. No importa, muchas veces, dejar en la estacada al contrario y si se tuercen las circunstancias se le deja tirado sin ayuda. Esto me hace recordar la experiencia, que me relataba una persona, el día que fue atropellado; quien había provocado tal situación huyó. Quedó solo en la calzada. Una persona caritativa se acercó y le ayudó. “En ese momento sentí la alegría de la compasión” concluía. Muchos ejemplos conocemos e incluso en muchos más que hemos vivido y visibilizado la cercanía del auténtico amor.

Bien se puede decir que un acto de amor compasivo nos identifica con Jesucristo que es Luz. “La luz de la mirada de Jesús ilumina los ojos de nuestro corazón; nos enseña a ver todo a la luz de su verdad y de su compasión por todos los hombres. La contemplación dirige también su mirada a los misterios de la vida de Cristo. Aprende así el conocimiento interno del Señor para más amarle y seguirle” (Catecismo de la Iglesia Católica, nº 2715). Sólo desde esta actitud se puede comprender que toda relación humana se hace más humana. “Y viendo las multitudes, tuvo compasión de ellas, porque estaban angustiadas y abatidas como ovejas que no tienen pastor” (Mt 9, 36). La soledad es uno de los traumas más comunes en este tiempo que vivimos. Sólo se puede cubrir cuando los gestos del Maestro nos muestran la forma con la que hemos de conducirnos.
Ante tales circunstancias que vivimos cada día, nos hemos de plantear ser coherentes y analizar –como si de un scanner se tratara- la forma de abordar los momentos de ayuda compasiva en los que nos rodean. La experiencia nos ayudará a ser mucho más humildes y seremos portavoces de una virtud que el mundo necesita. Los medios nos muestran los dolores y sufrimientos que existen en la sociedad. Si no nos conmueven y lloran nuestros corazones es señal de dureza. “Al verla, el Señor tuvo compasión de ella, y le dijo: no llores” (Lc 7, 13). Son las entrañas del Señor que nos ayudarán a tener un corazón amable y compasivo.

Mons. Francisco Pérez
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Nace el día 13 de enero de 1947 en la localidad burgalesa de Frandovínez. Estudió en los Seminarios diocesanos de Burgos, en la Pontificia Universidad Santo Tomás “Angelicum” de Roma y en la Universidad Pontificia de Comillas, donde se licenció en Teología Dogmático-Fundamental. Fue ordenado sacerdote el 21 de julio de 1973, incardinándose en la diócesis de Madrid, a la que sirvió como Vicario parroquial, en dos parroquias, entre 1980 y 1986. Con anterioridad, de 1973 a 1976, ejerció el ministerio parroquial en Burgos. Entre 1986 y 1995 fue formador y director espiritual del Seminario Diocesano de Madrid. Colaboró asimismo en los equipos de dirección espiritual del Seminario Diocesano de Getafe y del Seminario Castrense. El 16 de diciembre de 1995 fue nombrado Obispo de Osma-Soria, recibiendo la ordenación episcopal de manos del Santo Padre Juan Pablo II el 6 de enero de 1996. El 30 de octubre de 2003 se hacía público su nombramiento como nuevo Arzobispo Castrense y el 11 de diciembre tenía lugar la celebración de toma de posesión. CARGOS PASTORALES Desde el 12 de febrero de 2001 es el Director Nacional de Obras Misionales Pontificias, cargo pontificio para un periodo de cinco años para el que fue ratificado en el 2006. Este mismo mes de julio se hacía público su nombramiento como director de la recién erigida cátedra de Misionología de la Facultad de Teología de San Dámaso de Madrid por un periodo de tres años, tras ser designado para el cargo por el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María Rouco Varela, Gran Canciller de la citada Facultad. El 31 de julio de 2007 es nombrado por Benedicto XVI Arzobispo de Pamplona y Obispo de Tudela, en sustitución de monseñor Fernando Sebastián, que había regido estas diócesis desde 1993. Tomó posesión el domingo 30 de septiembre de 2007, en la Catedral de Pamplona. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es presidente de la Comisión Episcopal de Misiones y Cooperación entre las Iglesias, cargo para el que fue elegido el 14 de marzo de 2017. Fue miembro de las Comisiones Episcopales del Clero y de Seminarios y Universidades (1996-1999); de Misiones y Cooperación entre las Iglesias (1999-2011/2014-2017). Perteneció al Comité Ejecutivo durante el trienio 2011-2014. Ha sido miembro de la Comisión Permanente en representación de la Provincia Eclesiástica de Pamplona (2016-2017).