La Iglesia

Mons. Àngel Saiz Meneses          El centro de la predicación de Jesús es el Reino de Dios, inaugurado en la tierra por él y que tiene en la Iglesia su comienzo. El Reino pertenece a los pobres y a los pequeños, a los que lo acogen con un corazón humilde. Comporta un cambio en el ser humano, en su interior profundo, con unas consecuencias también externas y sociales. Un Reino de gozo, cuya ley es el amor y cuya carta magna son las Bienaventuranzas. Jesús comienza la predicación del Reino poniendo el dedo en la llaga de todas las expectativas humanas: la búsqueda de la felicidad. Esta búsqueda es el centro de la vida humana, y es justamente la felicidad lo que Jesús anuncia y promete. Pero la sitúa donde el hombre menos podía imaginar: no en la riqueza, en el poseer, ni en el dominar, ni el triunfar, sino en amar y ser amado.

La Carta Placuit Deo de la Congregación de la Doctrina de la Fe, a la que nos referíamos la semana pasada, nos recuerda que el lugar donde recibimos la salvación de Jesús “es la Iglesia, comunidad de aquellos que, habiendo sido incorporados al nuevo orden de relaciones inaugurado por Cristo, pueden recibir la plenitud del Espíritu de Cristo”. La Iglesia es fruto de un designio de la voluntad del Padre, preparada en la historia del pueblo de Israel y en la Antigua Alianza, constituida por Cristo y manifestada por la efusión del Espíritu. Es el Pueblo que Dios reúne en el mundo entero. Cada miembro se incorpora por la fe y el Bautismo, participa de la dignidad y libertad de los hijos de Dios, tiene como ley la caridad y como fin el reino de Dios. Todos los miembros de la Iglesia forman, pues, el Pueblo de Dios.

San Pablo nos enseña que “lo mismo que el cuerpo es uno y tiene muchos miembros, y todos los miembros del cuerpo, a pesar de ser muchos, son un solo cuerpo, así es también Cristo. Pues todos nosotros, judíos y griegos, esclavos y libres, hemos sido bautizados en un mismo Espíritu, para formar un solo cuerpo” (I Cor 12, 12-13). La Iglesia es el Cuerpo Místico de Cristo, cuya cabeza es Cristo mismo, y cuyo cuerpo, vivificado por el Espíritu Santo, está formado por todos los fieles, en íntima unidad de fe y esperanza, en corresponsabilidad en el amor y en particular predilección hacia los miembros que sufren, a los pobres y perseguidos.

El Espíritu Santo es como el principio de la vida de la Iglesia, de la unidad en la diversidad y de la riqueza de sus dones y carismas; une a los creyentes con Cristo y entre sí; unifica a la Iglesia en comunión y ministerio, la renueva incesantemente. La Iglesia se convierte en el Templo del Espíritu Santo. San Agustín afirma que “lo que nuestro espíritu, o sea, nuestra alma, es para nuestros miembros, lo mismo es el Espíritu Santo para los miembros de Cristo, para el cuerpo de Cristo, que es la Iglesia”. Jesús, durante la Cena pascual, anunció a los apóstoles el Espíritu de la verdad, que estará con ellos para siempre; viene después de él para continuar en el mundo, por medio de la Iglesia, la obra de la Buena Nueva de salvación.

La Iglesia celebra a través de los sacramentos el encuentro con Cristo. A través de ellos la gracia llega al corazón de la persona y a los entresijos de la historia por medio de palabras y gestos realizados según dispuso el Señor. Los sacramentos son las celebraciones más intensas del encuentro con Dios en la Iglesia y alimentan la vida de fe en las diferentes etapas de la vida humana. En este camino, la Eucaristía es fuente y culminación de toda la vida cristiana y de toda la vida de la Iglesia. En la celebración eucarística se actualiza el sacrificio redentor de Cristo, el Señor se hace presente en la historia con toda su fuerza salvadora, reúne a su pueblo y edifica a la Iglesia.

Os invito, pues, en esta reflexión de Pascua a vivir intensamente nuestra pertenencia como miembros de la Iglesia.

+ Josep Àngel Saiz Meneses
Obispo de Terrassa

Mons. Josep Àngel Saiz Meneses
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Mons. Josep Àngel Saiz Meneses nació en Sisante (Cuenca) el 2 de agosto de 1956. En el año 1965 la familia se trasladó a Barcelona y se instaló en el barrio de Sant Andreu de Palomar. Ingresó en el Seminario Menor Nostra Senyora de Montalegre de Barcelona en el 1968. Posteriormente realizó estudios de Psicología en la Universidad de Barcelona entre los años 1975 y 1977. Participó activamente como miembro del Movimiento de Cursillos de Cristiandad de Jóvenes. Posteriormente estudió en el Seminario Mayor de Toledo los cursos de filosofía, espiritualidad y teología (1977- 1984) y fue ordenado presbítero en la Catedral de Toledo el 15 de julio de 1984. El mismo año obtuvo el Bachillerato en Teología por la Facultad de Teología de Burgos. En la archidiócesis toledana tuvo diversos destinos, primero como párroco en Los Alares y Anchuras de los Montes (1984-1985) y después como vicario de Illescas (1986-1989). El curso 1985-1986 fue capellán soldado en el Hospital de Valladolid. Entre otros servicios realizados en Toledo fue también consiliario de zona de los Equipos de la Madre de Dios (1986-1989), consiliario de zona del Movimiento de Maestros y profesores Cristianos (1986-1989) y profesor de religión en la Escuela de F.P. La Sagra de Illescas (1986-1989). El año 1989 regresó a Barcelona y fue nombrado vicario en la parroquia de Sant Andreu del Palomar, y el 1992 rector de la Iglesia de la Mare de Déu del Roser en Cerdanyola y Responsable de la Pastoral Universitaria en la Universitat Autònoma de Barcelona. También el mismo año 1992 fue nombrado responsable del SAFOR (Servei d'Assistència i Formació Religiosa) de la Universitat Autònoma de Barcelona y Responsable del CCUC (Centre Cristià d'Universitaris de Cerdanyola del Vallès). El año 1995 fue nombrado Consiliario Diocesano del Movimiento Cursillos de Cristiandad. Obtuvo la licenciatura en la Facultad de Teologia de Catalunya el año 1993 con la tesina: “Génesis y teología del Cursillo de Cristiandad”, dirigida por el Dr. Josep M. Rovira Belloso, y publicada el año 1998. En la misma Facultat de Teologia ha realizado los cursos de doctorado. Ha publicado diversos artículos sobre la evangelización y la pastoral en el mundo juvenil, en especial en la revista Ecclesia, y comenzó la elaboración de la tesis doctoral sobre “Agents i institucions d'evangelització”. El 6 de mayo del año 2000 fue nombrado Secretario General y Canciller del Arzobispado de Barcelona y el 10 de abril del 2001 miembro del Colegio de Consultores de la misma archidiócesis. El 30 de octubre de 2001 fue nombrado Obispo titular de Selemsele y Auxiliar de Barcelona y consagrado el 15 de diciembre del mismo año en la Catedral de Barcelona. El 15 de junio de 2004 fue nombrado primer obispo de la nueva diócesis erigida de Terrassa y Administrador Apostólico de la archidiócesis de Barcelona y de la nueva diócesis de Sant Feliu de Llobregat. El 25 de julio tomó solemne posesión en la S. I. Catedral Basílica del Sant Esperit en Terrassa. En la Conferencia Episcopal Española es el Presidente de la Comisión de Seminarios y Universidades.