Primeras Comuniones

Mons. Francesc Pardo i Artigas           El tiempo pascual es también el momento de las primeras comuniones en la mayoría de parroquias. Quienes hemos celebrado y quienes celebran las eucaristías y los responsables de la catequesis vivimos estas celebraciones con gozo pero, a la vez, con preocupación y desazón.

Son celebraciones de gozo porque un gran número de niños, que se han estado preparando durante la catequesis, empiezan a comulgar y pueden participar plenamente en la Eucaristía. Ellos, en general, están atentos y son conscientes de la importancia de este acto. Si se han preparado bien y han organizado mínimamente la celebración, la viven de verdad, tal como les corresponde a su edad.

Ciertamente, la primera comunión ha de ser una fiesta, pero una fiesta cristiana. Cuando se habla de la primera comunión hay que destacar sobre todo la celebración de la Misa, el hecho de comulgar con Jesucristo, y no centrarse tanto en la comida, los regalos, los vestidos… Decid a vuestro hijo o hija, con vuestras propias palabras, que hacer la primera comunión es un paso muy importante para su vida. Para la Iglesia, ya se les considera con capacidad para empezar a comulgar. Ya conocen a Jesús, se sienten queridos por él, saben cómo amarlo, y ahora lo podrán recibir en el pan consagrado. Hacedles descubrir, también, que comulgar con Jesucristo es un gran regalo, el mejor regalo.

Es muy importante que los domingos previos a la primera comunión –si es que no lo hacéis habitualmente– participéis en la Misa de la parroquia. Esto os ayudará a conocer a las personas, el ambiente, los cantos, las plegarias, las partes de la Misa.

Procurad rezar con vuestro hijo o hija una oración breve los días antes de comulgar. Por ejemplo: «Señor Jesús, amigo, de aquí unos días te podré recibir por primera vez. Te quiero. Amén». Sobre todo, rezadla juntos.

Recordad que vuestro comportamiento durante la celebración es fundamental. Si vuestros hijos os ven atentos, participativos, ellos también lo estarán.

La preocupación y la desazón se producen la mayoría de las veces por la participación de familiares y otros invitados. Quizás algunos no acostumbran a asistir a la celebración dominical de la Misa y, por lo tanto, no la entienden ni la viven con una actitud participativa. De aquí el ruido, las conversaciones y otras actitudes que dificultan el desarrollo de la celebración en paz, serenidad y respeto. Por eso muchos sacerdotes sufren durante estos actos, porque no pueden celebrar en las condiciones adecuadas.

Si invitáis a familiares, manifestadles que se trata de una fiesta cristiana. Recordadles que, en la iglesia, durante ese acto, hay que mantener actitudes de respeto y de colaboración con los celebrantes. No ayuda nada que el padre u otros catequistas tengan que pedir y rogar silencio para mantener el ambiente adecuado, de manera que todo el mundo viva esos momentos debidamente.

Quienes hacen la primera comunión ya saben que después de la primera viene la segunda, la tercera… y la de cada domingo. También han aprendido que hay que confiar más en Jesús, y que esto se tiene que notar en su comportamiento en casa, en la escuela, con los amigos…

Los niños se preparan mediante el sacramento del perdón, que, para vosotros, los padres, también constituye una buena ocasión de participar en la celebración de la penitencia, para confesaros. Quizás algunos tenéis dificultades: hace tiempo que no habéis ido, no sabéis qué decir, como manifestar los pecados, os provoca un cierto reparo y vergüenza… Que estas trabas no os bloqueen; daos cuenta que este puede ser el mejor momento para experimentar el perdón y la paz de Dios.

+ Francesc Pardo i Artigas

Obispo de Girona

Mons. Francesc Pardo i Artigas
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Francesc Pardo i Artigas nació en Torrellas de Foix (comarca del Alt Penedès, provincia de Barcelona), diócesis de Sant Feliu de Llobregat, el 26 de junio de 1946. Ingresó en el Seminario Menor de Barcelona y siguió estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor, de la misma diócesis. Se licenció en Teología, en la Facultad de Teología de Cataluña. Es autor de diversos artículos sobre temas teológicos publicados es revistas especializadas. Recibió la ordenación presbiteral en la basílica de Santa María de Vilafranca del Penedès, el 31 de mayo de 1973, de manos del cardenal Narcís Jubany. El 16 de julio del 2008, el Papa Benedicto XVI lo nombró Obispo de Girona. Recibió la Ordenación Episcopal el dia 19 de octubre del 2008 en la Catedral de Girona, tomando posesión de la diócesis el mismo día.