La vida humana no se debate, se defiende y se cuida.

Mons. Manuel Sánchez Monge              Así se ha expresado Mons. Croxatto, Obispo de Neuquén (Argentina) ante la Jornada por la Vida. Y añadía: “Porque vale toda vida. Somos defensores de la vida, pero sobre todo de la vida más pobre, la más débil, la que no se ve, la que para muchos no sirve y para nosotros es el tesoro que Dios nos confía, la que debemos cuidar. Cada vida que nace es una nueva confianza de Dios en nosotros, la que nos pone en nuestras manos para cuidarla. La vida no viene de nosotros, la vida viene de Dios. No nos pertenece. Yo no decido vivir, por eso debemos acoger la vida que llega”.

Rechacemos, pues, el aborto como un mal objetivo y un gravísimo desorden moral. Al encarnarse, el Hijo de Dios ha dignificado la condición humana y se ha unido a cada uno de nosotros, al ser humano no nacido, al enfermo terminal, al anciano decrépito y a la persona que padece cualquier deficiencia o malformación. El Concilio Vaticano II no dudó en calificar el aborto como «crimen abominable». Por su intrínseca malicia y por la injusta indefensión que sufre quien debería recibir todos los cuidados de sus padres, de la sociedad y del Estado para poder ver la luz.

¿Qué podemos hacer nosotros? Lo primero, no cruzarnos de brazos como si nada se pudiera hacer. Podemos anunciar en nuestros ambientes el Evangelio de la vida, como lo hacen loablemente muchos grupos, plataformas y asociaciones, confesionales o no. En muchos casos las posturas que defienden la cultura de la muerte no son fruto de la mala voluntad sino del esnobismo, la irreflexión o la falta de formación. Abrir los ojos de aquellas personas con las que nos relacionamos y explicarles con fina pedagogía la gravedad intrínseca del aborto o de la eutanasia es un camino magnífico para afianzar una cultura que respete, promueva y acoja la vida, toda vida, desde su concepción hasta su ocaso natural.

Además es preciso que ayudemos a las madres en dificultades para que ni una sola acuda al aborto. La Iglesia es el «pueblo de la vida» y el «pueblo para la vida». Con mirada contemplativa, todos hemos de reconocer en la vida un don precioso, una realidad sagrada sobre la que nadie tiene derecho a disponer.

Con todo, el medio más eficaz es la oración. Las parroquias y comunidades cristianas debemos encomendar cada día al Dios creador y amante de la vida que libre a nuestra sociedad del flagelo del aborto. Pidamos al Señor Resucitado con insistencia que florezca en nuestra sociedad un respeto creciente por el don sagrado de la vida y que llegue el día en que el aborto sea suprimido de nuestras leyes.

Para todos, mi saludo fraterno y mi bendición.

+ Manuel Sánchez Monge,
Obispo de Santander

Mons. Manuel Sánchez Monge
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Mons. Manuel Sánchez Monge nació en Fuentes de Nava, provincia de Palencia, el 18 de abril de 1947. Ingresó en el Seminario Menor y realizó luego los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor Diocesano. Cursó Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma, donde obtuvo en 1974 la Licenciatura, con una tesina sobre la infalibilidad del Papa y ,en 1998, el Doctorado con una tesis sobre "La familia, Iglesia doméstica". Fue ordenado sacerdote en Palencia el 9 de agosto de 1970. Fue Profesor de Teología en el Instituto Teológico del Seminario de Palencia (1975), Vicario General de Palencia (1999) y Canónigo de la Catedral (2003). Fue ordenado obispo de Mondoñedo-Ferrol el 23 de julio de 2005. En la Conferencia Episcopal Miembro de la Comisión Episcopal para la Vida Consagrada desde 2005 Desde 2008 es miembro de la Comisión Episcopal de Apostolado Seglar