Abrir la inteligencia

Mons. César Franco            El hombre es un ser dotado de razón. Gracias a ella podemos relacionarnos con el mundo y con los hombres de forma verdadera, porque la razón apunta a la verdad de las cosas, aunque a veces nos cueste reconocerla. Con frecuencia es duro o difícil aceptar la verdad. Entonces tenemos dos caminos: abrirnos a ella humildemente porque las cosas son como son; o dar la espalda a la verdad construyéndonos nuestro propio mundo. Hoy está de moda, precisamente, la deconstrucción de la realidad objetiva y construir la que subjetivamente me conviene. Quiere decir que el peligro de ser razonable es dejar de serlo.

En el evangelio de este tercer domingo de Pascua, Jesús se aparece de nuevo a los apóstoles para conducirles a la fe en su resurrección. No era la primera vez que se aparecía, pero, aún así, no estaban dispuestos a creer. En esta nueva aparición, los apóstoles, llenos de miedo, creen ver a un fantasma. Para conducirles a la verdad, Jesús da tres pasos. El primero es mostrarles las manos y los pies para que vean que es él mismo «en persona». Las manos y los pies portaban las señales de los clavos, el signo de su identidad. El segundo paso es invitarles a que le toquen porque un fantasma no tiene carne ni huesos como él tenía. ¿Puede haber algo más real que lo que tocamos con nuestras propias manos? En ese momento, el miedo ha dado paso a la alegría, pero incluso esta les impide creer, como dice el evangelista. Pensarían quizás que sufrían una enajenación colectiva, una especie de ilusión mística. Entonces Jesús da el tercer paso y pregunta si tienen algo que comer. Le ofrecieron un trozo de pez asado, que tomó y lo comió delante de ellos. Su pedagogía había llegado al final.

Fue entonces cuando les abrió la inteligencia para que comprendieran lo que había sucedido. De todo ello les había hablado Jesús cuando vivió con ellos. Les había explicado su destino, conforme a lo dicho por los profetas. Pero no habían entendido. Los apóstoles, como todo hombre, contaban con la razón. Pero les faltaba leer en el interior de la realidad (eso significa entender), abrirse totalmente a la verdad que sucede en la historia, ante nuestros propios ojos. Tenían a Jesús delante, pero creían ver un fantasma; lo tocaban, pero dudaban; comía delante de ellos y no llegaban a creer. Fue necesario que Jesús les abriera la inteligencia.

La fe es una gracia de Dios. Pero es una gracia que se otorga a seres inteligentes. Dios viene en ayuda de nuestra necesidad para abrirnos horizontes más amplios que los contemplados por los sentidos físicos, incluso por la razón. Dios respeta siempre al hombre, dotado de razón y libertad. Le da las pruebas suficientes para entender la realidad en su totalidad, pero es preciso que el hombre se abra a una inteligencia del espíritu que va más allá de lo meramente material. Un árbol siempre será un árbol, pero puede ser entendido de manera distinta por alguien que ha descansado a su sombra en una tarde calurosa, que por otro que lo ve como un árbol más. Dice el evangelista que Jesús abrió la inteligencia de los apóstoles porque quería hacer de ellos testigos de todo lo que había ocurrido con él según las profecías. «Vosotros sois testigos de estas cosas», les dice al final de su aparición.

El cristiano tiene que acostumbrarse a indagar con la razón los secretos íntimos de la realidad, su nivel más profundo y escondido. Una mirada superficial y ligera no es propia del hombre. Significa quedarse en el nivel más sensible de las cosas. La inteligencia va siempre más allá: pregunta, indaga, busca. Y sabe leer la presencia del Ser que sostiene el mundo y deja ver los signos inequívocos de su actuar en él. Sólo así será testigo de lo que sucede.

 

+ César Franco

Obispo de Segovia

 

Mons. César Franco Martínez
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Mons. D. César Augusto Franco nació el 16 de diciembre de 1948 en Piñuecar (Madrid). Fue ordenado sacerdote el 20 de mayo de 1973. Es licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1978. Diplomado en Ciencias Bíblicas por la Escuela Bíblica y Arqueología de Jerusalén en 1980. Es también Doctor en Teología por la Universidad Pontificia de Comillas en 1983. CARGOS PASTORALES Fue Vicario Parroquial de las parroquias San Casimiro (1973), Santa Rosalía (1973-1975) y Ntra. Sra. de los Dolores(1975-1978/1981-1986). Capellán de las Hijas de la Caridad en el Colegio San Fernando (1980-1981); Secretario del Consejo Presbiteral de Madrid (1986 y 1994) y Consiliario diocesano de Acción Católica General y Capellán de la Escuela de Caminos y de la Facultad de Derecho (1986-1995). Fue Rector del Oratorio Santo niño del Remedio (1993 -1995) y Vicario Episcopal de la Vicarçia VII (antigua VIII) de Madrid (1995-1996). El 14 de mayo de 1996 fue nombrado Obispo Auxiliar de Madrid y Titular de Ursona, recibiendo la ordenación episcopal el 29 de junio del mismo año. Desde 1997 a 2011 fue Consiliario Nacional de la Asociación Católica de Propagandistas y ha sido el Coordinador general de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) de Madrid 2011. Desde noviembre de 2012 hasta su nombramiento como Obispo de Segovia fue Deán de la Catedral de Santa María la Real de la Almudena de Madrid. En su actividad docente, ha impartido cursos sobre Biblia en la Universidad Complutense de Madrid y en la Universidad Eclesiástica “San Dámaso”. El 12 de noviembre de 2014 se hizo público su nombramiento como obispo de Segovia, sede de la que tomó posesión el 20 de diciembre del mismo año. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es Presidente de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis desde 2014, tras ser de nuevo elegido para este cargo el 14 de marzo de 2017. Ha sido miembro de las Comisiones Episcopales de Liturgia (1996-1999), de Enseñanza y Catequesis (1996-2008), de Apostolado Seglar (1999-2002) y de Relaciones Interconfesionales (2008-2014).