Nos hacemos eco

Mons. Antonio Gómez              Todos comunicamos lo que somos: en nuestras palabras, en nuestros gestos, en nuestros silencios, en las miradas, en lo que trabajamos, en las preferencias de lo que buscamos… Muchas veces las personas que nos rodean nos conocen mucho mejor que lo que nosotros pensamos conocernos, porque nosotros pretendemos dar una imagen que la mayoría de las veces se desmorona, porque muchas veces no acabamos de querernos, de comprendernos o no encontramos nuestro sitio y deseamos reflejar la felicidad, la intelectualidad, o la bondad de la que a veces carecemos. Somos muchos trozos contrapuestos y siempre buscamos y luchamos por la unidad.

Pues la fe unifica. La referencia al Absoluto nos pone en nuestro lugar y nos lleva, desde el reconocimiento de lo que somos, por los caminos de la felicidad y de la esperanza. No sé si lo habrás pensado alguna vez, pero esta es la tarea del catequista, de los cientos de catequistas que pueblan nuestra geografía diocesana, llevarnos al conocimiento de Dios, de su Hijo Jesucristo, de la gran familia de la Iglesia. Es una de las más grandes y maravillosas de las aventuras. La iglesia nunca debe olvidar la dedicación desinteresada de todas estas personas. Ellas acogen a nuestros niños y adolescentes y con mucho amor y buena voluntad dedican horas y horas a conmover el corazón y a abrir la mente a la realidad de Dios.

Etimológicamente, la palabra catequesis o catequista, significa hacerse eco, de aquello que yo creo y vivo en el seno de una comunidad. La vida del catequista es el verdadero libro del catecismo, todo lo demás son soportes, que deben apoyar su palabra, más que distraer o rellenar el tiempo. Un buen catequista es el que trasmite la fe, como lo hicieron nuestros padres y nuestros abuelos. Cada vez que la catequesis copia los sistemas educativos de la enseñanza, más los niños equiparan a Jesús con Buda, Julio César o Napoleón, es decir un personaje más de la historia. Pero si el catequista les habla de su experiencia de Dios, se hace eco de la presencia de Jesús, el Señor, en su vida, entonces, se convierte en un verdadero testigo. En ese momento los libros se caen de las manos y surge la fascinación de la fe. Y el rostro del catequista y sus palabras trasmiten la presencia del Resucitado.

Muchas veces pienso que los creyentes no valoramos suficientemente esta hermosa tarea, ni a las personas que la llevan a cabo. Tampoco les cuidamos para que saquen lo mejor de sus vidas y sepan adecuarse a los cambios de la cultura y de la sociedad. Educar en la fe no será tan difícil si cada uno con gozo, sin imponer, sin empujar, sin intentar vender nada, ofrece su experiencia de encuentro con el Señor de la Vida y de la Historia, como lo hicieron los primeros cristianos en los balbuceos de la Iglesia después de la resurrección de Cristo. Confundir integridad con integrismo, es un mal servicio a la Iglesia porque la fe no me pertenece, es la herencia de todo el Pueblo santo de Dios. Mis ideas, mis experiencias personales, mis dudas de fe o las experiencias místicas que haya podido padecer han de pasar por el crisol purificador de la comunidad cristiana para no predicarme a mí mismo. La comunidad, la Iglesia, nos integra y nos unifica, y es nuestra seguridad.

¡Ánimo y adelante!

+ Antonio Gómez Cantero
Obispo de Teruel y Albarracín

Mons. Antonio Gómez Cantero
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Antonio Gómez Cantero nació en Quijas (Cantabria) el 31 de mayo de 1956. Cursó estudios de bachillerato en el seminario menor de Carrión de los Condes y eclesiásticos en el seminario mayor de San José de Palencia. Fue ordenado sacerdote el 17 de mayo de 1981. Obtuvo la licenciatura en Teología Sistemática-Bíblica en el Instituto Católico de París, en 1995. Su ministerio sacerdotal lo ha desarrollado en la diócesis de Palencia, donde ha desempeñado distintos cargos pastorales: en 1982 fue nombrado vicario parroquial de San Lázaro y vocal del Consejo Presbiteral por consiliarios; además de consiliario diocesano del Movimiento Junior A.C. y coordinador de consiliarios de Castilla y León. En 1983 fue nombrado delegado diocesano de Pastoral Juvenil y Vocacional; en 1984, párroco solidario de San Lázaro; en 1985, formador del seminario mayor de Palencia; en 1986, delegado para el acompañamiento vocacional para el presbiterado; en 1990, delegado de Pastoral Juvenil-Vocacional y miembro del Consejo de Consultores; en 1992, consiliario internacional del MIDADEN (Acción Católica de Niños) en París, cargo que ocupó hasta 1995; en 1995, vice-rector y profesor del seminario menor; en 1996, rector del seminario menor y delegado diocesano de Pastoral de Vocaciones; en 1998, rector del seminario mayor, en el que permaneció hasta 2004; en el 2000, profesor extraordinario del Instituto Teológico del seminario mayor de Palencia y miembro del consejo de consultores; en 2001, administrador del seminario mayor y de la casa sacerdotal, y desde 2008 miembro del Colegio de Consultores. Desde el año 2004 es párroco de San Lázaro de Palencia y desde 2008 el vicario general y moderador de curia. Del 8 de mayo de 2015 hasta el 18 de junio de 2016 fue el administrador diocesano de Palencia. El 21 de enero de 2017, se celebró su Ordenación Episcopal y toma de posesión de Don Antonio Gómez Cantero como Obispo de la Diócesis de Teruel y Albarracín.