“Con los jóvenes construyendo la misión” Jornada del Misionero Diocesano

Mons. Jesús Murgui              En plena celebración de este luminoso tiempo pascual, en concreto en su tercer domingo, nuestra diócesis de Orihuela-Alicante celebra la Jornada del Misionero Diocesano. Toda nuestra Iglesia diocesana reza haciendo memoria agradecida por los hombres y mujeres que, nacidos en nuestra tierra y sirviendo en lugares lejanos, siembran con su palabra y su testimonio la Buena Nueva de la Resurrección del Señor.

El texto del Evangelio que leemos este domingo (Lc 24,35-48), es continuación del pasaje de los discípulos de Emaús, que se nos hizo tan familiar en la “lectio divina” que centró nuestra atención durante el curso pasado de nuestro Plan Diocesano de Pastoral. Su lectura nos traslada a la noche del día de Pascua.

Los Once, reunidos, escuchan a los discípulos que han compartido con
Jesús el camino de Emaús. El día tan singular que todos han vivido está
acogiendo la puesta del sol y la caída de las tinieblas. Aunque, ahora, con
la resurrección de Cristo, la barrera entre luz y tiniebla, entre el tiempo y
la eternidad –entre la muerte y la vida- ha sido derribada.

De improviso, el Resucitado aparece en medio de ellos y les da la paz. El
Evangelio, como se puede leer en otros relatos paralelos, da fe de la
impresión producida en ellos y deja patente la dificultad que les supone a
los apóstoles creer, así como la benévola comprensión de Jesús, que trata
de facilitarles el camino de la aceptación de los hechos, y les ofrece
distintos modos de reconocimiento: dejarse tocar y mostrarles los signos
inconfundibles de su crucifixión, así como la familiaridad de compartir
comida.

San Lucas, no satisfecho con ofrecer la “crónica” de los acontecimientos,
nos presenta al Señor que penetra en su significado bajo la luz de la
Palabra de Dios. En efecto, este misterio de redención es el cumplimiento
de las Escrituras. De ellas, se hace referencia, en particular, a pasajes
evocados también en el relato de la pasión, con los que se ilumina el
cumplimiento del designio divino de salvación.

En un tercer momento del pasaje, S. Lucas, desde la experiencia viva del
encuentro con el Resucitado y la comprensión de fe del acontecimiento de
la resurrección, abrirá el texto a las afirmaciones de Jesús acerca del
anuncio “a todas las naciones” de “la conversión y el perdón de los
pecados”. Ellos, los apóstoles y discípulos presentes, son testigos de la
misión. Jerusalén, que es, en S. Lucas, el centro y la cima de la misión de
Cristo, se convierte ahora también en el punto de partida de la irradiación
del Evangelio, en el lugar de inicio de la gran tarea del anuncio de la
salvación, en el nombre del Señor, inicio de la misión que nace de la
resurrección.

Estas palabras del Evangelio de este domingo deben resonar en todos
nosotros, especialmente en los más jóvenes de nuestra Iglesia, pues con
ellos, especialmente en estos meses de preparación al próximo Sínodo
compartimos encuentro con el Resucitado y la misión recibida de Él.

Jesús, como de tantas formas nos recuerda en su enseñanza Papa
Francisco, no quiere sólo liberar a los suyos del temor y la oscuridad, nos
pide que seamos testigos en el mundo, que nos convirtamos en hombres
que creen y anuncian que todas las heridas pueden ser curadas, y que no
hay oscuridad que no pueda ser iluminada por su amor. El Señor llama a
todos, pero especialmente a los jóvenes, a ser testigos apasionados,
testigos alegres y no discípulos miedosos protegidos por las puertas
cerradas; testigos que viven lo que comunican y que al comunicarlo
aprenden a vivirlo. Él sigue llamando, sigue invitando especialmente a
nuestros jóvenes, a ser testigos que, desde su Cruz y Resurrección,
creamos en la fuerza del amor que renueva lo que es viejo y
constantemente nos lleva de la muerte a la vida, de la oscuridad a la luz.

Papa Francisco, en su reciente Mensaje del pasado 25 de Marzo, Jornada
Mundial de la Juventud, haciendo referencia a María, seguía apostando
por una “Iglesia en salida, que va más allá de sus límites y confines para
hacer que se derrame la gracia recibida”. Y decía a los jóvenes: “Os invito a
seguir contemplando el amor de María: un amor atento, dinámico,
concreto. Un amor lleno de audacia y completamente proyectado hacia el
don de sí misma”.

Que María, testigo único de la Resurrección y de Pentecostés, anime a
nuestros jóvenes a decir “sí” a la propia vocación, a la llamada del Señor,
como ella. “Sí” a dar la vida, “sí” a la misión. Que ella siga acompañando
con amor de Madre a nuestros misioneros, y a toda nuestra Iglesia
diocesana, a la que pido su oración y su ayuda para nuestros hermanos y
hermanas, nuestros misioneros, testigos del Señor Resucitado en tierras
lejanas.

+ Jesús Murgui Soriano.
Obispo de Orihuela-Alicante.

 

 

Mons. Jesús Murgui Soriano
Acerca de Mons. Jesús Murgui Soriano 150 Articles
Mons. D. Jesús Murgui Soriano nace en Valencia el 17 de abril de 1946. Recibió la ordenación sacerdotal el 21 de septiembre de 1969 y obispo desde el 11 de mayo de 1996. Estudió en el Seminario Metroplitano de Moncada (Valencia) y está licenciado en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca y doctorado en esta misma materia por la Pontificia Universidad Gregoriana de Roma. CARGOS PASTORALES Fue coadjutor entre 1969 y 1973 y párroco, en distintas parroquias de la archidiócesis de Valencia, entre 1973 y 1993, año en que es nombrado Vicario Episcopal. Fue Consiliario diocesano del Movimiento Junior entre 1973 y 1979 y Consiliario diocesano de jóvenes de Acción Católica de 1975 a 1979. Fue nombrado Obispo auxiliar de Valencia el 25 de marzo de 1996, recibiendo la ordenación episcopal el 11 de mayo de ese mismo año. Entre diciembre de 1999 y abril de 2001 fue Administrador Apostólico de Menorca. El 29 de diciembre de 2003 fue nombrado Obispo de Mallorca, sede de la que tomó posesión el 21 de febrero de 2004. El 27 de julio de 2012 se hizo público su nombramiento como Obispo de Orihuela-Alicante. El sábado 29 de septiembre de 2012, tomó posesión de la nueva diócesis. OTROS DATOS DE INTERÉS En la CEE es miembro de la Comisión Episcopal de Liturgia desde marzo de 2017. Cargo que desempeña desde el año 2005. Anteriormente, ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Pastoral desde 1996 a 1999 y de la Comisión Episcopal del Clero desde 1999 a 2005.