La Escuela Diocesana de Ocio y Tiempo Libre de Valladolid sopla 25 velas

En 1993, un grupo de personas, con el delegado de Pastoral Juvenil Juan Carlos Fraile al frente, puso en marcha desde la diócesis de Valladolid la Escuela de Ocio y Tiempo Libre, para formar monitores especializados y titulados que diesen respuesta a las necesidades de las parroquias (para campamentos, convivencias, pascuas) u otras instituciones católicas.

Veinticinco años después, por ella han pasado la mayoría de los monitores y coordinadores de tiempo libre titulados de Valladolid. Su objetivo de ofrecer una actitud de servicio, de educar especialistas en la evangelización en el tiempo libre y de titularlos, quizá el más importante de sus logros, puede darse por cumplido.

Gracias a este trabajo que se ha venido haciendo desde la Iglesia, de la escuela han salido muchas personas que luego se han dedicado a la vida pública, a la vida religiosa, a la vida social. Son chicos y chicas que han ido a campamentos y que han sido animadores y que han abundado en la formación y evangelización en el ocio, porque las posibilidades de educar en valores, de trasmitir la fe y, en definitiva, de formar gente comprometida, son muchas. Se trata, según ellos mismos sostienen, de crear un mundo más justo y fraterno, que nos anime a ser felices y a hacer felices a los demás.

En los tiempos que corren, los jóvenes necesitan más que nunca una dimensión de trascendencia, de espiritualidad, dar el paso hacia Dios. Hacer una reflexión, una oración. Compartir los valores de la fe. “Sin esa dimensión -apostillan- los campamentos se quedan cojos. En la asignatura de animación de la fe, a veces los monitores nos preguntan ‘cómo meter a Dios en los campamentos’. Pero, ¿cómo que cómo meterlo? Pero si está ahí, y lo que tenemos que hacer es no estorbarle y que los chicos lo acojan”.

Por esta escuela, cuya calidad ha sido reconocida por la propia administración autonómica, han pasado 518 alumnos (en el curso actual hay 17) y también 60 docentes (ahora son 16), todos voluntarios. Su sede siempre ha sido el Centro de Espiritualidad, si bien también han estado en la parroquia de la Sagrada Familia, junto al estadio, y ahora realizan actividades en la parroquia de La Milagrosa. En total se han impartido 24 cursos de monitores y cinco de coordinadores, más otros monográficos sin reconocimiento oficial.

Lo más bello de este proyecto, lo que le diferencia y significa, es que está formado por un grupo de profesores que constituye “una familia” que “transmite lo que vive”. Es uno de los fundamentos en los que se asienta su prestigio, labrado a lo largo de estos primeros 25 años de trayectoria. La escuela ofrece una formación en valores y, frente a otras organizaciones que conceden sus títulos ‘on line’, tiene un carácter absolutamente presencial. “Aprendemos a convivir y a compartir; algo muy importante para que se produzca ese efecto multiplicador que tanto pedimos a los chicos. Todos los monitores han sido antes alumnos”.

Carlos San Segundo Director de la Escuela de Ocio y Tiempo Libre: “Ahora, como antes, seguimos creyendo y apostando por la evangelización en el tiempo libre”

¿Han programado algún acto especial para celebrar las bodas de plata?

Sí. En octubre, porque ahora estamos dedicados al XXIV curso de monitores que durará hasta el verano. Ahora se está realizando la fase teórico-práctica y después vendrá la fase práctica, o una propuesta más extensiva, y la evaluación.

¿Qué impulso de futuro es el que prevé para la escuela de ocio y tiempo libre?

Pues continuar, que se siga renovando. Por la escuela hemos pasado 60 profesores, lo cual indica la renovación habida en la institución. Y esa renovación ha sido significativa de los cambios que ha habido en la Iglesia de Valladolid. Es el crisol que la Iglesia de Valladolid ha realizado en el tema del tiempo libre. De cara al futuro, seguir caminando, educando, formado, seguir disfrutando del tiempo libre y seguir evangelizando.

¿Cuáles son las actividades que se desarrollan a lo largo de un curso?

Formación, asesoramiento, para cualquier tipo de parroquia o asociación de Iglesia: charlas, cursos, ayudar en temas concretos de papeles. Lo más importante de todo lo que hacemos son los cursos, pues nos llevan medio año. Entre la preparación de la documentación, la publicidad, el reparto, la llegada de los alumnos, las clases… Es presencial y estamos varios meses con toda la preparación y desarollo, preparamos las prácticas, corregimos las memorias, etc.

¿En estos años ha cambiado mucho el perfil del solicitante de estos cursos?

Hace 25 años no había nadie con titulación. Había mucha gente necesitada de ese tí- tulo. Por tanto había mucha más demanda. También era otra situación la que vivía la Diócesis de Valladolid y la Iglesia. Había más actividades para el tiempo libre. Más jóvenes y otro tipo de empleo del tiempo libre. Actualmente, tenemos 17 alumnos que son, la mayoría, de parroquias, de movimientos de la diócesis pero también hemos ido incorporando gente de fuera de la Iglesia, con inquietud por los valores y el servicio a los demás.

¿A quién van dirigidos?

No son siempre jóvenes, puede ser gente mayor. Ahora tenemos una madre y una hija. Es para todos los que quieran titularse en tiempo libre. Seguro que hay gente que viene para tener una salida laboral con el curso. En nuestra escuela es el 5%. El 92% vienen porque están en parroquias y movimientos y necesitan de esa titulación para hacer campamentos. Nosotros lo hacemos desde el voluntariado y los que vienen lo hacen desde el voluntariado. Ahora bien, si tienen que trabajar en situaciones sociales, es un requisito, un currículum imprescindible, para monitores en tiempo libre.

¿Qué ofrecen?

Psicología, estudio del medio, perfil del monitor, técnicas lúdicas, que son juegos, animación para la paz, educación para la fe, para la salud, programación y evaluación, manualidades, música, legislación, responsabilidades, dinámicas de grupos, educación, campismo y seguridad.

¿Qué destacaría de los 16 años como director de la escuela?

Los profesores y los grupos que se han ido formando. Yo he coincidido con casi todos ellos y somos un equipo muy unido. Gente que se ha ido renovando, que se ha incardinado, pero que seguimos haciendo grupo, que seguimos creyendo y apostando por a evangelización en el tiempo libre, que seguimos trabajando juntos. Chicos que han sido alumnos antes y ahora son familias. De esos grupos salen parejas, matrimonios y amigos para siempre. A partir de lo recibido de la escuela han elaborado nuevos e interesantes proyectos.

(Iglesia en Valladolid)

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