Y al tercer día resucitó

Mons. Luis Quinteiro             En la solemne celebración de la Pascua que acabamos de vivir, hemos cantado llenos de gozo el Aleluya de los cristianos. En la liturgia cristiana, el canto de alegría, compuesto en torno a la palabra aleluya, resuena en su plenitud en este tiempo de Pascua. El aleluya pascual es la explosión jubilosa de los que creen que Jesús, después de una muerte ignominiosa en el Calvario, ha resucitado al tercer día de entre los muertos. La fe cristiana se mantiene o se desvanece con la verdad o la falsedad del testimonio de que Cristo ha resucitado de entre los muertos.

La importancia que tiene la fe en la Resurrección de Jesucristo para el mensaje cristiano en su conjunto la sabemos todos. Es su fundamento. San Pablo lo tenía tan claro que sus palabras al respecto son tajantes:

“ Si Cristo no ha resucitado, nuestra predicación carece de sentido y vuestra fe lo mismo. Además, como testigos de Dios, resultamos unos embusteros, porque en nuestro testimonio le atribuimos falsamente haber resucitado a Cristo” ( 1Cor 15,14 ss ).

Si se prescinde de la Resurrección de Cristo, es verdad que la tradición cristiana contiene ciertas ideas interesantes sobre Dios y el hombre y puede ayudar a una cierta concepción religiosa del mundo, pero la fe cristiana queda muerta.

Sin la Resurrección de entre los muertos, Jesús es una personalidad religiosa fallida. Si Jesús no ha resucitado, a pesar de su fracaso, sigue siendo una personalidad grande, pero se queda en una dimensión puramente humana. En tal caso, su autoridad y su mensaje solo serán válidos para nosotros en la medida en que nos convenzan. Ya no es Jesucristo el criterio de medida de todas las cosas, sino que el criterio de todo es nuestra valoración personal que elige de Cristo y de su mensaje aquello que le parece útil. Es decir, la última instancia de nuestra vida y de nuestra fe es nuestra valoración personal.

Como dice Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret : “ Solo si Jesús ha resucitado ha sucedido algo verdaderamente nuevo que cambia el mundo y la situación del hombre. Entonces Él, Jesús, se convierte en el criterio del que podemos fiarnos. Pues, ahora, Dios se ha manifestado verdaderamente.”

La Resurrección de Jesús es el punto decisivo de su vida y el fundamento insustituible de nuestra vida cristiana.

Vivamos esta Pascua celebrando gozosamente la Resurrección de nuestro Señor Jesucristo y que el aleluya de nuestro canto y la novedad de nuestra vida sean un testimonio creíble para el mundo.

Con todo mi afecto, Felices Pascuas a todos.

+ Luis Quinteiro Fiuza

Obispo de Tui-Vigo

Mons. Luis Quinteiro
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Don Luis Quinteiro Fiuza, nace en Sabrexo (Vila de Cruces-Pontevedra) en el año 1947. Ingresa en el Seminario Menor de Belvís de Santiago de Compostela en 1958. Unos años después, en 1966, siendo seminarista mayor, comienza sus estudios teológicos en la Pontificia Universidad de Comillas (Santander) y, trasladada esta universidad a Madrid, obtiene el grado de Licenciado en Teología y realiza los cursos de doctorado. En Junio de 1971 es ordenado presbítero en Madrid, en la Iglesia de I.C.A.I. de los Padres Jesuitas. En 1978 va a Roma para ampliar estudios en la Pontificia Universidad Gregoriana. Durante esta estancia en la Ciudad Eterna, se especializa en Filosofía Contemporánea y realiza varios cursos y seminarios sobre el estudio y pensamiento de Karl Marx En 1981 asiste en Alemania a unos cursos da Hochschule für Philosophie de Munich. Es Doctor en Filosofía por la Pontificia Universidade Gregoriana de Roma, con una tesis sobre el Realismo Transcendental, en la que obtiene la cualificación de Summa cum laude. En su diócesis de origen ha desarrollado una intensa labor pastoral e intelectual: coadjutor de la Parroquia de San Juan, Director de la Residencia Universitaria “Burgo de las Naciones”, Formador y Profesor del Seminario Menor y Capellán de de la Residencia Universitaria “Padre Míguez” de las religiosas Calasancias de la Divina Pastora. En el año 1982 es nombrado Profesor del Instituto Teológico Compostelano y director del Centro de Formación Teológica de Seglares de la Archidiócesis. En el año 1992 será Director del Instituto Teológico Compostelano y en 1997, Rector del Seminario Mayor de Santiago de Compostela. En 1999 el Papa Juan Pablo II le nombra Obispo titular de Fuerteventura y Auxiliar de Santiago de Compostela, siendo ordenado el 19 de junio siguiente. Su lema episcopal “Beati Misericordes” (Mt 5,7), recoge una de las Bienaventuranzas, en la cual el Señor invita a sus discípulos a recorrer el camino de la misericordia que tiene su punto de partida en la misericordia de Dios manifestada en su Hijo Jesucristo. En el año 2002 se le designa Obispo de Ourense, diócesis en la que ha permanecido siete años. Pertenece en la Conferencia Episcopal Española a la Comisión Episcopal de la Doctrina de la Fe y a la de Migraciones; siendo en esta última el Obispo Promotor del Apostolado del Mar. El 28 de enero del presente año se hizo público su nombramiento como Obispo de Tui-Vigo. En la Santa Iglesia Catedral de Tui, toma posesión el día 24 de abril de 2010; y en el día siguiente realiza la entrada en la Con-Catedral de Vigo.