La Pascua de Jesús

Mons. Salvador Giménez            En el domingo de Pascua celebramos el acontecimiento de la resurrección de Jesús. Al final de su vida, pasión y muerte, nos alegramos del cumplimiento de su promesa de que resucitaría al tercer día (Jn 2,21-22), concluyendo su glorificación con la Ascensión al cabo de cuarenta días.

Los cristianos han actualizado cada año la historia de la Redención de Jesucristo con profundos sentimientos de consternación ante la muerte del Calvario y con elevados niveles de alegría en la Pascua, que derivan en manifestaciones coloristas de piedad popular pero que encierran y mantienen los fundamentos de nuestra fe. Tenemos que dar razón de nuestra esperanza, nos conminaba el Apóstol, con la exigencia de una vida plenamente auténtica para quienes nos mueve seguir y aprender de Jesucristo.

El Señor nos regala, con su Pascua, una nueva vida. No sólo es una frase sugerente y atractiva, contiene todos los elementos que configuran nuestra existencia cristiana. Son dos los niveles de atención: la llamada a la vida eterna, tras nuestra muerte, y el compromiso con la vida terrestre junto a nuestros hermanos. Nuestra vida, que empieza con el bautismo, debe fundamentarse en los parámetros que nos recuerdan la palabra y los hechos de Jesús. Afirmamos poseer una nueva vida y trabajamos para que sea una realidad constante y exigente en todos los órdenes y en cualquier circunstancia. Y ésta es la aportación que me gustaría ofrecer si alguien me pidiera concreciones sobre la vida cristiana que empieza con la Pascua.

Bastaría recurrir a algunas frases de los escritos apostólicos, que entrelazan la vida personal con la comunitaria, y que se basan en aquella contundente afirmación de Jesús: «Yo soy la resurrección y la vida» (Jn 11,25) y que motiva aquella otra de que en vuestra vida diaria «os conocerán como discípulos míos si os amáis unos a otros» (13,35). Estoy convencido de la sinceridad de muchos que manifiestan emoción al leer o escuchar aquel texto sobre las características del amor que escribía san Pablo en la carta a los cristianos de Corinto: «El amor es paciente, es benigno, no tiene envidia…» (13,4). Seguramente la realidad del amor lo engloba todo. Pero podemos añadir todavía unos matices que apoyan esta actitud vital. «Acogeos mutuamente, como Cristo os acogió» (Rm 15,7). «Así pues, procuremos lo que favorece la paz» (Rm 14,19). Nos recordaba también san Pablo que nos comportáramos como niños en lo que toca a la maldad, pero en lo que toca a los pensamientos, fuéramos adultos, actuáramos con la misma libertad y responsabilidad que Jesús.

En otro momento, decía el mismo apóstol que procediéramos «con honestidad, ciencia, paciencia y amabilidad, con palabras verdaderas y con las armas de la justicia» (cfr. 2Cor 6,6-7). Les decía, también a los Gálatas, que «los frutos del Espí- ritu son el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la afabilidad, la bondad, la lealtad, la modestia y el dominio de sí» (cfr. Gal 5,22 y ss.). Y en la carta a los Efesios les insistía: «Así pues, ya no sois extranjeros ni forasteros, sino conciudadanos de los santos y miembros de la familia de Dios» (2,19).

Es muy gratificante para mí anunciaros con estos datos, y hay muchos más, la nueva vida que nos trae Jesucristo en este domingo. A diario, le pido ser capaz de hacer realidad lo que Él me dice y tener sus mismos sentimientos. También, tener la valentía de decirlo a todos, a los creyentes y a quienes no termináis de aceptar su estilo de vida.

† Salvador Giménez Valls

Obispo de Lleida

Mons. Salvador Giménez Valls
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Mons. D. Salvador Giménez Valls nace el 31 de mayo de 1948 en Muro de Alcoy, provincia de Alicante y archidiócesis de Valencia. En 1960 ingresó en el Seminario Metropolitano de Valencia para cursar los estudios eclesiásticos. Es Bachiller en Teología por la Universidad Pontificia de Salamanca. Fue ordenado sacerdote el 9 de junio de 1973. Es licenciado en Filosofía y Letras, con especialización en Historia, por la Universidad Literaria de Valencia. CARGOS PASTORALES Inició su ministerio sacerdotal como párroco de Santiago Apóstol de Alborache, de 1973 a 1977, cuando fue nombrado director del Colegio “Claret” en Xátiva, cargo que desarrolló hasta 1980. Este año fue nombrado Rector del Seminario Menor, en Moncada, donde permaneció hasta 1982. Desde 1982 hasta 1989 fue Jefe de Estudios de la Escuela Universitaria de Magisterio “Edetania”. Desde 1989 a 1996 fue párroco de San Mauro y San Francisco en Alcoy (Alicante) y Arcipreste del Arciprestazgo Virgen de los Lirios y San Jorge en Alcoy (Alicante) entre 1993 y 1996. Desde este último año y hasta su nombramiento episcopal fue Vicario Episcopal de la Vicaría II Valencia Centro y Suroeste. Además, entre 1987 y 1989, fue director de la Sección de Enseñanza Religiosa, dentro del Secretariado de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de la CEE, y fue miembro del Colegio de Consultores entre 1994 y 2001. El 11 de mayo de 2005 se hacía público su nombramiento como obispo auxiliar de Valencia. Recibió la ordenación episcopal el 2 de julio del mismo año. Fue administrador diocesano de Menorca del 21 de septiembre de 2008 hasta el 21 de mayo de 2009, fecha en la que fue nombrado obispo de esta sede. Tomó posesión el 11 de julio del mismo año. El 28 de julio de 2015 se hacía público su nombramiento como obispo de Lleida. OTROS DATOS DE INTERÉS En la Conferencia Episcopal Española es miembro de la Comisión Episcopal de Medios de Comunicación Social desde 2014. También ha sido miembro de la Comisión Episcopal de Enseñanza y Catequesis de 2005 a 2014.